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1863: La bárbara defensa de Puebla II

Por: Iván Lópezgallo


III.- Las armas nacionales se cubrieron de gloria… y lo que pasó después.

Fue el cinco de mayo de 1862 cuando las armas nacionales se cubrieron de gloria, según dice el comunicado que el general Ignacio Zaragoza le envió al presidente Juárez. Y hubo fiestas, discursos y proclamas. El gobierno entregó medallas y homenajes a los triunfadores y se hicieron planes para continuar con la resistencia, ya que todo mundo sabía que los invasores regresarían con refuerzos. Y el optimismo flotaba en el aire, hasta que el general Zaragoza murió de fiebre tifoidea cuatro meses después, quedando la defensa de Puebla en manos del General Jesús González Ortega, célebre por derrotar a los conservadores en Calpulalpan y poner fin a la Guerra de Reforma.

Ignacio Zaragoza FOTO:  origenoticias.com
Ignacio Zaragoza FOTO: origenoticias.com

Pero si la elección de González Ortega resultó algo natural, el nombramiento de Ignacio Comonfort –el mismo que atentó contra la Constitución que tanto defendieron los liberales– como jefe del Ejército del Centro provocó enojos e inconformidades y “fue discutido acaloradamente en el gabinete de Juárez, lo cual originó que Manuel Doblado, entonces ministro de Relaciones, abandonara su puesto como muestra de inconformidad ante dicha decisión. Pero este regreso no solo inquietó a los políticos de la época, sino también a muchos militares en servicio”[i].

Sin embargo, las protestas, las renuncias y la animadversión que generó su designación no evitaron que Comonfort tomara el mando del Ejército del Centro y hostilizara a los invasores, hasta que sus tropas fueron despedazadas en San Lorenzo el ocho de mayo de 1863.

Casi dos meses antes, el 16 de marzo para ser exactos, los franceses y sus aliados conservadores comenzaron a cercar Puebla. El sitio duró 62 días y culminó con miles de muertos, la rendición del Ejército de Oriente y la captura de los militares más importantes de la República, entre quienes podemos mencionar a Jesús González Ortega, Mariano Escobedo, Porfirio Díaz, Epitacio Huerta e Ignacio de la Llave.

IV.- Se peleaba calle por calle.

Pese a la derrota, el sitio de Puebla es uno de los acontecimientos más gloriosos de la historia de nuestro país. Durante dos meses, casi 24 mil mexicanos –muchos con una escasa o casi nula preparación militar– se enfrentaron a más de 26 mil soldados franceses y conservadores que los superaban en experiencia y armamento.

A pesar de ello, tras 60 días de una encarnizada lucha calle por calle, casa por casa y metro por metro, los invasores solo habían podido tomar el fuerte de San Javier, mientras que “La Misericordia, Los Remedios, El Carmen, Santa Anita, Loreto, Guadalupe [y] El Señor de los Trabajos, acribillados, humeantes, empapados de sangre, estaban en pie y en manos mexicanas”[ii].

Fotografía de la calle de Pitimí tomada tras la rendición de la plaza.
Fotografía de la calle de Pitimí tomada tras la rendición de la plaza.

Durante el sitio quedaron consignados muchos testimonios en los que el desprecio a los invasores era evidente. Como el que dice que “había una mujer en Puebla que desde una ventana hacía ostentación de su nalgatorio ante una trinchera de muchachos franceses, hasta que uno le soltó un tiro”[iii].

Y ni que decir de los que tienen como protagonistas al valor y patriotismo de los defensores. Varios de ellos se los debemos al general Francisco Troncoso, quien apuntó en su diario que durante la defensa del fuerte de San Javier, ubicado en la Penitenciaria poblana, los mexicanos hacían “todos sus esfuerzos para contener al enemigo, mientras llegaban las reservas. Poco se tiraba y se jugaban solo las bayonetas; se peleaba con furor, y los jefes y oficiales mexicanos tomaban fusiles de los caídos y se batían también al arma blanca.

Los franceses penetran en los patios y en las horadaciones, revueltos con los nuestros, en cada paso de un patio a otro, se hacen nuevos esfuerzos para detenerlos, perdiendo siempre mucha gente; pero, a pesar de prodigios de valor y sacrificio, el enemigo no se detiene y llega hasta el primer patio. La pequeña reserva del 2º y del 6º hace un nuevo esfuerzo y logra arrojarlos hasta el segundo patio, pero vuelve a retroceder después de pérdidas enormes por una u otra parte.

Las reservas no llegaban, y puede decirse que no solo el fuerte, sino aún los edificios están perdidos, pues ya comienza la guarnición a salir para la plazuela del Paseo. En ese momento se oye un fuego muy sostenido en el primer patio, y los franceses hacen alto, retrocediendo muchos al segundo. Era que el teniente coronel Rosado, al retroceder, se había subido a los altos del edificio con unos 200 hombres, y acordándose que hasta el grado de comandante había sido de artillería, se llevó un obús de montaña que situó en la escalera. Desde los altos comenzó un fuego vivísimo sobre los enemigos que llenaban el patio, quienes se arrojaron en gran número sobre la escalera, pero se les hizo un fuego nutrido a quemarropa y se disparó el obús, [por lo que] sufren grandes bajas y se retiran, vuelven a cargar por dos veces, y son nuevamente rechazados”[iv].

Asalto al Fuerte de San Javier FOTO: mercadosobreruedasnosotros.blogspot.mx
Asalto al Fuerte de San Javier FOTO: mercadosobreruedasnosotros.blogspot.mx

Sin embargo, a pesar del esfuerzo de los defensores, la penitenciaría cayó en manos de los franceses, por lo que, según registró Troncoso en su diario, “un capitán de zuavos, llamado Gilard, se adelanta al centro del primer patio y propone al teniente coronel Rosado, a nombre del general Douay, que se rinda puesto que ya no había otra resistencia en el fuerte. Como ya se le habían agotado las municiones, Rosado dijo a Gilard que avanzara hasta el primer tramo de la escalera, para tratar. Allí bajó Rosado con su pistola en la mano y dijo a Gilard:

 –Para comenzar, hágame usted el favor de envainar su espada.

–Bien –respondió Gilard–, pero usted guarde su pistola.

 Así se hizo. Gilard dijo a Rosado que ya era inútil la defensa; que todo el fuerte, inclusive los edificios, estaban en poder de los franceses, y que al rendirse se les trataría con las consideraciones debidas”[v]. Después, anotó Troncoso, “subieron a los altos, allí reunió Rosado a los 130 hombres que sobraban de los 200, y dijo a esos oficiales franceses:

–Van a ver ustedes por qué me he rendido.

Y mandó a sus soldados abrir y presentar sus cartucheras. Pasaron revista, y solo se encontró un cartucho en cada una, que Rosado había mandado reservar”[vi].

De acuerdo con el general Élie Frédéric Forey, general en jefe del ejército francés, entre los fuertes de San Javier y Santa Inés –que logró resistir los ataques sin caer en manos de los franceses– se dispararon más obuses que en la ciudad de Sebastopol, durante la Guerra de Crimea. “Así lo dice Forey. No lo dice un mexicano, lo dice un francés”, puntualizó en entrevista el cronista e historiador Pedro Ángel Palou Pérez, quien considera que la defensa de estos fuertes son los acontecimientos más heroicos del sitio de Puebla, “independientemente de lo que pasó en la ciudad con la falta de agua potable, alimentos y medicinas… y del drama que vivió la población civil”.

[i] Ramos Vázquez, Pedro Mauro (2013). La Batalla de San Lorenzo. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, p. 9.

[ii] Carlos Contreras Cruz Et. Al. ( 2013). 62 días. El sitio de Puebla. Puebla: Gobierno Municipal, Consejo de la Crónica e Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, p. 14.

[iii] Roeder Ralph (1984). Juárez y su México. México: Fondo de Cultura Económica, p. 743.

[iv] Luis Chávez Orozco (2013). El sitio de Puebla en 1863. Puebla: Gobierno Municipal e Instituto de Arte y Cultura de Puebla, p. 32.

[v] Ibid., p. 35.

[vi] Ibid., p. 36.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Iván Lópezgallo

Periodista mexicano en Azteca, Proyecto 40 y otros medios. Profesor universitario. Ganador del Premio México de Periodismo y el Premio Nacional de Locución en 2010. 5o dan en TKD.

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