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1863: La “bárbara” defensa de Puebla III

Por: Iván Lópezgallo



V.- Defensa “bárbara y reprobada”… que no pudo continuar por falta de municiones y otras cosillas.

Fue tan dura, temeraria y esforzada la defensa de Puebla que el mismo Forey le mandó decir a González Ortega que lo que estaba haciendo era:

“Una cosa inusitada y hasta cierto punto bárbara y reprobada por la civilización moderna, pues los edificios y casas de la ciudad están convirtiéndose en cenizas y escombros por su tenacidad[…] en Europa se acostumbra según la práctica establecida en los sitios modernos, tan luego como se rompe la línea anterior de la plaza, entrar los defensores en ella en pláticas con los sitiadores y arreglar una capitulación honrosa”[1].

Al final la ciudad se rindió. Y no por el mensaje de Forey, sino por la falta de municiones, agua y alimentos. Llegó a ser tan desesperada la situación, que “las madres de familia llegaban con sus hijos a la casa de González Ortega para pedirle algo de comer o un salvoconducto para abandonar la ciudad”, recuerda el cronista Pedro Ángel Palou Pérez.

Sin embargo, a pesar de lo desesperado de su situación, los defensores estaban decididos a llegar hasta el final… pero la derrota de Comonfort y su Ejército del Centro terminó con cualquier posibilidad de recibir ayuda del exterior y el general González Ortega ordenó destruir todo el material de guerra, por lo que, de acuerdo con el maestro Palou Pérez, “se hicieron volar los depósitos de pólvora existentes, estrellaron los obuses, los cañones quedaron clavados con las curañas aserradas, rotas las armas, incineradas las banderas, quedó disuelta la tropa”[2].

FOTO: es.wikipedia.org
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Además, González Ortega dio instrucciones de que a las cinco y media de la mañana del 17 de mayo “se tocará parlamento y se izará una bandera blanca en cada uno de los fuertes y en cada una de las manzanas y calles que dan frente a las manzanas y calles que ocupa en enemigo”[3]. Noventa minutos antes de la hora señalada en sus órdenes, González Ortega escribió a Forey:

“Señor general: no siéndome ya posible seguir defendiendo esta plaza por falta de municiones y víveres, he disuelto el ejército que estaba a mis órdenes y roto su armamento, incluso toda la artillería.

Queda, pues, la plaza a la órdenes de V.E., y puede mandarla ocupar, tomando, si lo estima conveniente, las medidas que dicta la prudencia para evitar los males que traería consigo una ocupación violenta cuando ya no hay motivo para ello.

El cuadro de generales, jefes y oficiales de que se compone este ejército, se halla en el Palacio de Gobierno, y los individuos que lo forman, se entregan como prisioneros de guerra. No puedo, señor general, seguir defendiéndome por más tiempo, si pudiera, no dude V.E. que lo haría”[4].

VI.- Los números de la derrota.

 En Puebla, los franceses hicieron prisioneros a más de diez mil hambrientos soldados y cerca de mil quinientos generales, jefes y oficiales a quienes se ofreció dejar en libertad si firmaban un documento que decía así:

“Los que abajo firmamos, oficiales mexicanos hechos prisioneros, nos comprometemos, bajo nuestra palabra de honor, a no salir de los límites de la residencia que nos estará asignada, a no mezclarnos en nada por escrito o por actos, en los hechos de guerra o de política, por todo el tiempo que permaneceremos prisioneros de guerra y a no corresponder con nuestras familias y amigos sin el previo consentimiento de la autoridad francesa”[5].

Proposición que fue desechada con indignación por los militares mexicanos, quienes contestaron que no firmarían, “tanto porque las leyes de su país les prohíben contraer compromiso alguno que menoscabe la dignidad del honor militar, como porque se lo prohíben sus convicciones y opiniones particulares”[6].Postura que provocó su inmediato destierro a Francia.

De acuerdo con el general Agustín Alcérreca, quien en esa época era coronel y también cayó prisionero, el 20 de mayo salieron rumbo a Veracruz mil 466 generales, jefes y oficiales, escapándose muchos de ellos durante el camino. En su diario, Alcérreca registró que unas señoritas veracruzanas apellidadas Zamora “disfrazaron con capas y sombreros a los generales Ignacio de la Llave, tío suyo; al general González Ortega, al general Alejandro García y otros jefes que asidos del brazo burlaron la vigilancia de nuestros guardianes y se fugaron”[7]; mientras que otros lograron escapar gracias a que eran bastante morenos y “los disfrazó su color natural y la sombra de la noche”[8].

Finalmente, Alcérreca escribió que solo fueron embarcados rumbo al viejo continente 54 generales y coroneles, además de 417 jefes y oficiales, casi mil menos de los que anotó que salieron de Puebla.

VII.- No es lo mismo que “lo mesmo”.

Estamos en Metz, Francia. El año es 1870. El mariscal François Achille Bazaine observa como la ciudad es sitiada por soldados prusianos. Han pasado siete años de su victoria sobre el ejército de Ignacio Comonfort en San Lorenzo –misma que definió la caída de Puebla–, y solo tres desde que regresó de México con las fuerzas expedicionarias –de las que fue general en jefe después de Forey–.

FOTO: atuopinion.com
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Las cosas han cambiado mucho: ahora él es el sitiado.

Y aunque se le presentaron oportunidades para atacar a los prusianos, terminó entregando la plaza, por lo que sus ¡167 mil hombres!, armas, municiones y material de guerra cayeron en manos del enemigo, lo que al final contribuyó a la derrota de su emperador, Napoleón III.

Además, a diferencia de los sitiados en Puebla, Bazaine “no hizo lo que el honor y el deber prescriben en estos casos, no destruyó el material de guerra, cuyos recursos bélicos los deja en el enemigo. Acepta que los oficiales vuelvan a casa y firmen su palabra de honor de no hacer armas contra sus vencedores”[9].

Por todo esto, no resulta extraño que un consejo de guerra lo condenara a muerte; aunque después se le cambió esta pena por 20 años de destierro, castigo que no pudo cumplir porque un comerciante paisano suyo lo asesinó en 1887.

Epílogo.

La defensa de Puebla, bárbara ante los ojos de Forey y admirable para los militares franceses que años después le reprocharon a Bazaine no actuar de la misma forma, es un suceso poco conocido de nuestra historia que resulta importante rescatar e investigar, ya que es poca la bibliografía que se tiene del tema.

En El Sitio de Puebla, los testimonios de coraje y valor de los defensores se contraponen con lo que hoy podríamos calificar como “error” del Presidente Juárez, quien no nombró a un general en jefe entre Comonfort y González Ortega, provocando que ambos jefes tuvieran que pedir órdenes a la Ciudad de México… para después esperar la respuesta, lo que hizo que se perdiera tiempo muy valioso y se careciera de una coordinación adecuada entre los ejércitos Del Centro y De Oriente; además de que alimentó la desconfianza entre ambos militares –algo que la mayoría de los jefes liberales le tenían a Comonfort por su papel en la Guerra de Reforma–. Desconfianza que creció en González Ortega porque, de acuerdo con varios testimonios, le dijeron que le iban a quitar el mando del Ejército de Oriente para dárselo a Comonfort.

Sin embargo, más que estos señalamientos –que son realizados a más de 150 años de distancia y con los resultados a la vista–, El Sitio de Puebla nos deja como legado, de acuerdo con el historiador Pedro Salmerón, “la indomable voluntad de un país que no lo es y quiere serlo”; además del heroísmo de quienes lucharon por defender a México de la invasión extranjera… aunque ello significara ir contra sus ideas políticas. Caso, entre otros, del general conservador Miguel Negrete, quien después de ponerse bajo las órdenes de Juárez fue cuestionado por sus conocidos, quienes le reprochaban apoyar a los enemigos de su partido; reclamo al que respondió de la siguiente manera:

–Antes que partido, yo tengo patria.

Frase que habría que recordarle a muchos políticos de nuestros días. Y más aún, lección que deberíamos tener presente todos y cada uno de nosotros en nuestro desempeño diario, ¿no les parece?

[1] Ibid., p. 65.

[2] Pedro Ángel Palou Pérez, citado en la sesión del Congreso del Estado de Puebla en que se declara a la Ciudad de Puebla “cuatro veces Heroica”. 12 de mayo de 2016, Congreso de Puebla. Sitio web: http://congresopuebla.gob.mx/index.php?option=com_content&view=category&id=104&layout=blog&Itemid=134&limitstart=10.

[3] Ibid., p. 77.

[4] Ibid., p. 77.

[5] Doralicia Carmona. (Año no especificado). Puebla se rinde a los franceses. 16 de marzo de 2016, de Instituto Nacional de Estudios Políticos. Sitio web: http://www.memoriapoliticademexico.org/Efemerides/5/17051863.html.

[6] Ibid.

[7] Agustín Alcérreca (2013). Diario de un prisionero de guerra. Puebla: Gobierno del Estado de Puebla, Secretaría de Educación Pública de Puebla, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla y consejo de la Crónica del Estado de Puebla, p. 22.

[8] Ibid., P. 22.

[9] Carlos Contreras Cruz Et. Al., Op. Cit., p. 18.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Iván Lópezgallo

Periodista mexicano en Azteca, Proyecto 40 y otros medios. Profesor universitario. Ganador del Premio México de Periodismo y el Premio Nacional de Locución en 2010. 5o dan en TKD.

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