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19-S: el poder de la memoria

Por: Javier Caballero


Limpiaron los escombros y ya. Eso fue todo. Atrás quedaron las voces y los días, las risas y los años. Ahora, en su lugar, se levanta el silencio, el espacio vacío, la ausencia persistente; el poder de la memoria que quiere ser sustituido por el poder sobre la memoria. Por ello la urgencia de levantar, de reconstruir y de olvidar; porque los grupos dominantes saben bien que controlar la memoria es la forma más eficaz de conservar el poder. Así que entre más rápido se reconstruya la ciudad, más fácil se producirá el olvido; entre menos flores blancas, el futuro es más colorido.

Pero la destrucción causada por el sismo nos devuelve un rostro diferente: aquel que nos recuerda que nuestros edificios y nuestra ciudad no sólo están hechos de materia, sino principalmente de memoria. Y justo es decirlo, ha sido el discurso arquitectónico (al que se adhiere el pensamiento dominante) el que ha sofocado el ambiente que hoy respiramos. Su saber experto, disciplinado y racionalizado, nos ha convencido de que los edificios están compuestos de una materia rígida, moldeable y ¿resistente?; no de afectos, momentos y recuerdos.

Foto: eluniversal.com.mx
Foto: eluniversal.com.mx

Se trata pues, de una operación gestada en el último cuarto del siglo XVIII, cuando la Academia de Bellas Artes de San Carlos formalizó el conocimiento de las artes plásticas convirtiéndolas en disciplinas canónicas sincronizadas con el positivismo filosófico en boga. A partir de entonces, el saber arquitectónico ha dejado de estar en manos de la gente y ha sido apropiado por un gremio subordinado al poder de las clases dominantes. En esta lógica, la reconstrucción de la ciudad se convierte en un negocio, y la memoria da un paso atrás para no estorbar en las labores de demolición, limpia y reconstrucción. La frialdad y la insensibilidad constituyen hoy los ejes de la ética arquitectónica, y constituyen también, las características indispensables en el intercambio mercantil de la producción espacial.

Con todo, las personas que habitan y experimentan el espacio de la ciudad y el espacio de sus viviendas piensan distinto. No ven una casa derruida, sino un larga historia demolida; no miran el escombro, sino cientos y cientos de recuerdos que hoy se alzan en el vacío. Y es que al igual que la fotografía, la piedra guarda el pasado, lo captura y lo lanza al futuro para recordarnos una y otra vez lo que somos y lo que queremos ser. No hay forma de que el objeto arquitectónico logre ser repelente a una memoria que se adhiere sin remedio a sus paredes; no lo puede evitar por más que el discurso se haya empecinado en convertir la piedra en piedra, la columna en soporte y la losa en cobertor; por más que su contenido se haya vuelto vil y llana mercancía; por más que exista un glosario por demás aséptico que especifique el nombre de las partes que componen un edificio. Detrás de cada alféizar, de cada alfarda o de cada arbotante existe un recuerdo, un momento y una voz suspendida imposible de erradicar.

Foto: vidaycasa.mx
Foto: vidaycasa.mx

Si bien el patrimonio cultural y arquitectónico pretende guardar la memoria colectiva (escribo pretende porque en realidad el patrimonio arquitectónico ha legitimado el poder del Estado), existe una micro-memoria social que subyace a cada uno de los espacios que habitamos y compartimos; una micro-memoria que de manera exponencial se convierte en fuente de un enorme poder social. Ser conscientes de que en cada rincón, grieta o muro yace anidado un recuerdo, puede potenciar nuestra empatía con los edificios, con el espacio de todxs, y con las formas espaciales que cada grupo social produce. En consecuencia, es importante desterrar la idea según la cual existe buena o mala arquitectura, bellas o feas edificaciones: de eso se ha tratado el absurdo episteme arquitectónico burgués. Todas y cada una de ellas, hechas dentro de sus propias condiciones, están cargadas de memoria, y como tales, configuran nuestro poder colectivo.

Foto: nytimes.com
Foto: nytimes.com

La solidaridad, la empatía y la organización social que hoy nos emociona y enaltece, quedará guardada no sólo en las paredes, las ventanas, las calles y banquetas por las que transitaron, sino en los espacios vacíos y silenciosos que hoy se vuelven parte de la historia de nuestra ciudad.

En solidaridad con las víctimas y lxs damnificadxs.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Javier Caballero

Es maestro en arquitectura por el Posgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de historia y teoría arquitectónica, se ha especializado en los estudios decoloniales que cruzan la historia del arte, la historia de la arquitectura, el urbanismo y el patrimonio cultural.

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