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Apuntes sobre el Chapo y la Reina del Sur

Por Fernando Belaunzarán

1.- La soberbia es mala consejera. Así como abundan las biografías, series y películas sobre Pablo Escobar Gaviria, seguramente en su momento vendrán las de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, pues sin duda que también es un narcotraficante emblemático, cuya fama trasciende las fronteras de México, más aún tras haberse fugado dos veces de penales de alta seguridad. Sin embargo, eso no le daba consuelo al sinaloense y quería que se contara su historia, pero vista por él mismo. Para ello buscó a la editorial Aguilar, quien le encomendó el trabajo a Diego Fonseca –como él mismo lo narró en el diario El País–, proyecto que por las peripecias del personaje no alcanzó a cuajar. Por la misma razón quiso que se produjera una película de su vida y sus escapes y, faltaba más, pensó en Hollywood. Ofreció la producción a Kate del Castillo, quien sirvió de intermediaria para contactar a Sean Penn, y por esa obsesión de inmortalizar la versión propia de su vida corrió los riesgos que llevaron a su captura. Tenía razón Nietzsche en identificar a la vanidad como un motor vital. Pues ese resorte humano, demasiado humano, terminó con lo que parece serán sus últimos días en libertad.

Foto: lr21.com.uy

 

2.- La farándula no puede ser discreta. Kate del Castillo y Sean Penn estuvieron a finales de septiembre y principios de octubre del año pasado en México para entrevistarse con El Chapo. Su estadía fue registrada, la prensa de sociales dio cuenta y, ahora sabemos, los servicios de inteligencia (al menos los de EU) estaban enterados, al grado de que casi capturan al criminal una vez terminado el encuentro. Como sabemos, a Sean Penn le gusta codearse con personajes controvertidos, es un actor que se proyecta rebelde y abraza causas polémicas, algunas justas y otras discutibles. Imposible que las corporaciones norteamericanas no le sigan la pista. Pero se entiende perfectamente que la historia del famoso capo en un país de lastimosa desigualdad, corrupción e impunidad y donde las autoridades tienen tan mala fama, le haya sido muy atractiva. La cita en sí misma es algo que favorece a la imagen que ha construido de sí mismo. Más que la entrevista como tal, que fue en otro momento, a distancia y que hasta donde se conoce es anodina y elemental, el reportaje de su visita sí tiene interés noticioso y, más allá de cuestionamientos sobre la frivolidad de las preguntas y que éstas fueron impuestas por el entrevistado o la devoción por el narco que se trasluce, sirve para establecer el carácter periodístico de la reunión.

Foto: vice.com

 

3.- Los delitos no se definen por aclamación. En la opinión pública y en las redes sociales se hizo sentir la indignación por los contactos y el encuentro de los actores de Hollywood con El Chapo. La verdad es que, si bien se entiende la molestia de amplios sectores con el criminal y que es un hecho que tuvieron contacto con un prófugo de la justicia, no hay delito que perseguir. En lo particular a mí me desagrada el halo de heroísmo que algunos ponen en un delincuente sanguinario que ha ido mucho más allá que simplemente defenderse, como alega en la entrevista, pero eso tampoco es delito. Es verdad que se tiene la obligación de dar cuenta de la comisión de un acto delictivo del que se tenga conocimiento, pero no del paradero de un delincuente. La delación no es obligación jurídica. Algunos se molestan porque se encontraron con la persona más buscada por el Estado mexicano, pero estaban en su derecho y, aunque muchos consideremos que Guzmán Loera es un asesino injustificable, ninguna ley les impide preparar la filmación de una película sobre el personaje. No encuentro ninguna “obstrucción de la justicia” y tener comunicación no los convierte en cómplices de su fuga, mucho menos de sus crímenes. Las libertades también garantizan el poder hacer lo que a otros desagrada, siempre y cuando no sea delito.

Foto: amazonaws.com

 

4.- La desmesura oficial. La celebración de la captura fue del tamaño del ridículo de la fuga. No quito mérito al operativo que encontró al Chapo y da gusto que por fin haya sido detenido, esperando que la segunda huída sea la última, pero el anuncio y la parafernalia del mismo fueron absolutamente desproporcionados, como si se tratara de un hecho histórico y no el resarcimiento parcial de un gazapo de alcances universales. Se utilizó el patio central de Palacio Nacional, se cantó el himno nacional, el general secretario empujó al almirante secretario para estar junto a Osorio Chong, no obstante que la marina fue la que hizo el trabajo, los discursos grandilocuentes y los autoelogios fueron reiterados ad nauseam. Enrique Peña Nieto resulta prócer por volver a aprehender a quien nunca se les debió escapar. Con ello se evidencia un gobierno que tiene muy poco que presumir en un momento en el que muchos y graves problemas están rebasando su capacidad de respuesta. Vale la pena la felicitación y que Guzmán Loera pague por sus crímenes, pero no la patética y desproporcionada épica de un acontecimiento que no soluciona nada ni cambiará en lo absoluto el desastre y fracaso de la llamada guerra contra las drogas.

Foto: eluniversal.com.mx

 

5.- Todo sigue igual. Algo que ya sabíamos, pero que en un fragmento de la entrevista nos lo ratifica, es que una persona de origen humilde, sin instrucción y que vivía a salto de mata encabeza una organización criminal trasnacional de alta sofisticación y que maneja recursos multimillonarios. Eso sólo puede entenderse si la estructura no depende del líder y que el cartel de Sinaloa sigue y seguirá funcionando con el Chapo libre, preso, extraditado o muerto. También lo dijo, por cierto, en la entrevista y nadie puede desmentirlo en eso. La producción y tráfico de drogas seguirá en cualquier caso, esa guerra, lo sabemos muy bien, no se puede ganar y menos con policías y militares. La historia del retén en el que soldados dan paso del convoy de Sean Penn porque reconocen al hijo del Chapo sólo es una anécdota pequeña de la complicidad del Estado a todos los niveles con las organizaciones criminales. Su inmenso poder económico impacta más por la debilidad institucional de un sistema propicio para la corrupción y la impunidad. Mientras no haya cambio en la política de drogas seguiremos padeciendo las terribles consecuencias de la actual estrategia fallida. Y cuando por enésima ocasión detuvieron al Chapo, la poderosa industria del narco seguía ahí…

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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