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Chenalhó vs Chalchihuitán

Por: Carlos López Kramsky


Otra vez Chiapas; otra vez un conflicto de tierras; otra vez hay indígenas involucrados; otra vez en zonas de alta marginación y pobreza; otra vez hay miles de desplazados. La historia de México no puede entenderse sin conocer la narrativa de los conflictos por la tierra; estas disputas han sido una constante desde hace siglos y cada que pensamos que se han terminado, siempre aparecen de nuevo para recordarnos que a pesar de nuestro olvido, siguen ahí.

Para muchas personas que habitan en zonas urbanas es incomprensible que haya grupos disputándose violentamente un pedazo de tierra, pero en el campo mexicano el valor de ésta es distinto, pues no es un mero territorio, sino un espacio vital, un lugar que brinda identidad, que alberga usos y costumbres, que mantiene una cosmovisión y que también permite un destino.

Foto: proceso.com.mx
Foto: proceso.com.mx

Una parte muy importante de la Revolución Mexicana –para no regresar demasiado en el tiempo- se motivó con la demanda de justicia, tierra y libertad. Esta lucha cristalizó en un proceso de reforma agraria que trajo estabilidad al campo durante décadas. El reparto agrario dotó de tierras a miles de núcleos agrarios que fungieron como mecanismos de cohesión social y que propiciaban la gobernabilidad en el ámbito rural. Para entender la dimensión de lo que hablo hay que decir que el territorio nacional es de 196.4 millones de hectáreas; 99.8 millones de ésas son de propiedad social, repartidas en 32082 núcleos agrarios, de los cuales, 29690 son ejidos y 2392 son comunidades.

En esas 99.8 millones de hectáreas (más del 50% del territorio nacional) coexisten pueblos indígenas y no indígenas, la mayoría de los recursos naturales renovables y no renovables, pueblos, rancherías, lagos, ríos, lagunas, montañas, valles, selvas, así como mucha marginación y pobreza. También hay una gran cantidad de conflictos agrarios de relevancia, los cuales devienen en muchas ocasiones de la deficiencia en las mediciones y en las ejecuciones de resoluciones presidenciales que en el pasado dotaban tierras a personas que carecían de ella.

El reparto de tierras culminó en el año 1992, pero 25 años después aún tenemos conflictos agrarios de antes de esa fecha sin solucionar. Chenalhó contra Chalchihuitán es solo un botón de lo que puede suceder si no se atienden los conflictos por la tierra. Una disputa de más de 40 años que en pleno 2017 provocó el desplazamiento de más de 5000 comuneros de Chalchihuitán, que ha cobrado nueve vidas humanas y que amenaza con rebasar los límites de la cordura para caer en el territorio de la violencia. Así hay otros muchos conflictos como el de la zona de los Chimalapas, en los límites de Oaxaca y Chiapas, o como la demanda de restitución de la Tribu Yaqui, en Sonora, sobre lo que considera su territorio, por poner solamente dos ejemplos.

Foto: sureste.sintesis.mx
Foto: sureste.sintesis.mx

Hay voces que desde hace varios años claman por desaparecer los ejidos y las comunidades y, con ello, en su lógica, desaparecerían los problemas que enfrentan, empero, hay que subrayar que atender y solucionar estos conflictos agrarios trae paz social a las regiones en los que se ubican y, con ello, se detonan oportunidades para que los propios ejidos y comunidades puedan decidir su destino.

Imaginen un México sin los 32082 núcleos agrarios que facilitan la organización de millones de personas. Sin los ejidos y comunidades existiría una dispersión poblacional mucho mayor y la complejidad para aplicar políticas públicas focalizadas sería inmensamente superior. La gobernabilidad en el campo sería una quimera.

México debe voltear a sus núcleos agrarios; debe voltear a su campo, porque solamente solucionando estos conflictos y fortaleciendo estas figuras asociativas se podrá brindar desarrollo con identidad a los millones que en él habitan.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos López Kramsky

Abogado, Maestro en Derecho Constitucional y Doctor en Derecho por la Universidad Marista, Campus Ciudad de México; tiene estudios de maestría en Derechos Humanos y Democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); diplomado en Análisis Político por la Universidad Iberoamericana y en Diversidad Cultural, Políticas Públicas y Derechos de los Pueblos Originarios de México, por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Ha sido catedrático en diversas universidades, asesor legislativo y servidor público en el Gobierno Federal.

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