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Con energía solar se puede hacer de todo

Por: Beatriz Olivera



Desde generar electricidad hasta fundir metales, desde cocinar alimentos hasta destilar agua, desde secar frutos hasta calcinar sustancias. Sin embargo, lo que ha faltado siempre es la voluntad política para impulsar las tecnologías solares masivamente. Los intentos no han sido pocos, por supuesto que ha habido programas de fomento en casas habitación, hospitales, albercas e incluso en la industria, pero los esfuerzos han sido insuficientes como para que la tecnología se detone masivamente.

México es un país con muy buena radiación solar que puede ser aprovechada en sus formas fotovoltaica o fototérmica.

Foto: elheraldo.co
Foto: elheraldo.co

A través de la fotovoltaica se produce electricidad; la fototérmica es la aplicación que ofrece una gama mucho más amplia de aplicaciones y puede ser aprovechada directamente para calentar agua, cocer alimentos o para procesos industriales.

Hasta hace algunos años pensar en energía solar como fuente para abastecer energía en gran escala a la industria era aún una fantasía. Sin embargo, actualmente la energía solar térmica es capaz de proveer buena parte del calor que la industria necesita de manera rentable. En muchos de los procesos industriales se requiere calentar aire, agua o vapor a medianas y elevadas temperaturas, -en algunos casos hasta 450ºC-. Lo anterior puede lograrse a través de calentadores solares planos o de concentración colocados en los techos de naves industriales. Aunque este sector sigue centrándose en el uso de gas, cada vez es más frecuente el uso de tecnologías solares en procesos industriales, tanto que me atrevería a decir, éstas irán reemplazando a los combustibles fósiles más rápido de lo que parece. Por lo pronto, los calentadores solares son los mejores para el sector doméstico y comercial; para calentamiento de agua en hospitales, hoteles y albercas

Ante una demanda sostenida de energía y ante la problemática del calentamiento global y los impactos que este fenómeno genera en el país, -los cuales cuestan hasta 7 por ciento del PIB-. ¿No sería mejor generar energía a través de formas diferentes que no impliquen la quema de leña o la combustión de gas?

El gas natural es un combustible que se extrae del subsuelo y se transporta por medio de ductos. Se utiliza para buena parte de procesos industriales, transporte, comercios y en casas habitación para aplicaciones como el calentamiento de agua y la cocción de alimentos.

Si bien el uso del gas natural es amplio y diverso, al ser un combustible de origen fósil, durante su combustión se generan gases de efecto invernadero, mismos que contribuyen al calentamiento global del planeta. Y en cierta medida, se extrae a través de métodos agresivos como la fracturación hidráulica (fracking) que están prohibidos en otros países dados los severos impactos ambientales asociados a esta práctica. Es un hecho que este combustible también tiene un lado oscuro dado el impacto social que genera su infraestructura, como los gasoductos, basta echar un vistazo a los conflictos generados con la construcción de los gasoductos Tuxpan-Tula con los habitantes de la Sierra hidalguense y la Sierra Norte de Puebla, o el gasoducto Guaymas-El Oro en Sonora, en territorio de la tribu yaqui de Loma de Bácum.

Afortunadamente las renovables van ganando terreno en el mercado y, cada vez hay una mayor presencia de la tecnología solar en comercios e industrias que pese a seguir usando gas como combustible de respaldo, han disminuido sustancialmente su consumo.

La oportunidad de detonar este tipo de tecnología de manera masiva no puede detenerse más, de cara a un nuevo sexenio, ahora es cuando la energía solar puede y debe ser la opción.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Beatriz Olivera

Es maestra en ingeniería egresada de la UNAM y profesora de la misma institución, cuenta con varios diplomados sobre género, energía y diseño de política pública. Actualmente forma parte de la Alianza de Mujeres Rurales frente al cambio climático, de la Red de Mujeres en Energía y de la Red por la Transición Energética en México. También es orgullosa estudiante de náhuatl desde hace año y medio de la variante hablada en el centro del país.

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