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Confesiones de una revelación

Por Emiliano Oaxaca


En medio de tanta confusión política y en razón del terrible asedio que lo público representa en un período como el actual, es que decidí compartir ahora una de las vivencias más importantes de mi vida. Esto con el espíritu de poder hacer sentir al lector un poco de lo que yo he sentido en los últimos meses.

Soy Emiliano Oaxaca Paterna, tengo 22 años, estudio Derecho y soy (no estoy) feliz. Hace ya bastante tiempo que tomé la decisión de hacer un intercambio académico fuera de México, y por azares del destino terminé (como bola de ruleta rusa en el siete) en Alicante, España. Afortunadamente, porque sin la fortuna nadie seria lo que es, no soy el mismo Emiliano que abordó aquél vuelo el 12 de enero de 2018. Las cosas ahora han cambiado mucho, creo haber adquirido una sabiduría que nunca tuve.

Fuente: paredro.com
Fuente: paredro.com

Vivir la pena de dejar a tu familia del otro lado del mundo es potencialmente trágico, te quita el ánimo, te hace débil, te descompone. Pero encontrase con una que hasta el momento no conocías, una que se compone de diversas nacionalidades, costumbres, culturas, filias, fobias, una que parte del vacío pero que se construye sobre de él, que encuentra su base en lo desconocido pero que produce certezas más fuertes que el destino, ha sido el hecho más maravilloso que jamás he vivido.

Alejarte de la comodidad del sistema académico al cual estás acostumbrado te expone, te hace vulnerable, te vuelve inseguro, te convierte en alguien con miedo e insatisfacción. Pero aventurarse a los retos científicos nuevos, a un diverso método de evaluación, a nuevos profesores, dinámicas de clase y saber que tienes la capacidad suficiente para superarlos, y no solo, sino para llegar a disfrutarlos y controlarlos, es algo tan revelador como gratificante.

Escapar de decepciones amorosas es correr sin rumbo, es estar cansado sin conocer el final del camino, significa el perder sentido y apoyo, adquieres incertidumbre, rabia, tristeza. Pero hallar ilusión en dónde nunca imaginaste, descubrir el atractivo misterioso de las relaciones que empiezan desde cero sin matices, sin ningún tipo de prejuicio o información, enamorarte de una sonrisa inhabitual, darte cuenta que la atracción de dos personas no se da más que en virtud del alma, es aceptar que la magia existe y que el amor no se hace, se descubre.

Salir de México te vuelve aún más orgulloso, más patriota, pero también más critico. Hace que te enfades con las carencias y que notes las virtudes de tu país. El comparar a México,  no solo con España, sino con toda Europa, no puede reducirse a hablar mal y decepcionarse. Conlleva una obligación ética de replicar lo positivo en casa, implica mayor responsabilidad cultural, implica erradicar la corrupción desde uno mismo, se asume pues un rol de agente transformador de la realidad, exaltando fríamente las carencias y exponiendo respetuosamente nuestras virtudes.

En este tiempo fuera me hice más ser humano (no mejor porque los fines de la moral me condicionarían en cada momento de manera distinta). Ha sido un escapar de la burbuja rutinaria que, sin avisar, te consume cotidianamente. Esa burbuja que te hace replicar cosas sin tan siquiera preguntarse el por qué; esa realidad que no permite descubrirte, que corta aquellos lazos que te unen con lo natural, con lo desinteresado, con lo genuino.

En Alicante llegó la versión más pura de mí, la más espontánea y feliz, tal y como cuando era un niño. ¡Exacto! En Alicante me hice más grande paradójicamente (para algunos) siendo como un niño que se sorprende con todo, que se emociona, que descubre, que ríe y que llora sin ningún tipo de simulación. Que le gusta cocinar, que le gusta tener invitados en casa, que prefiere una sincera conversación a todo el dinero del mundo, que prefiere un abrazo puro encima de cualquier oferta de trabajo, que prefiere ser amado a ser recordado como el mejor. Ha sido la sabiduría más importante de mi vida.

Podría agradecer a todas aquellas maravillosas personas que hicieron mi vida brillar, a los que fueron mi hogar y mis confidentes, mis compañeros de vida, pero es inútil mencionarlos ahora pues a ellos ya les he dado mi corazón, mis palabras y mis lágrimas. Sólo les digo que jamás los olvidaré, que los tendré siempre en mi alma, les juro que nos volveremos a ver en alguna parte del mundo y bailaremos hasta ver el amanecer en la playa del Postiguet.

Sin embargo, traicionarme sería no agradecer a Carlos Widmer, Estefanía Ustarroz y Diego Cervantes. Esos nombres que están escritos con oro en mi corazón. Con ellos compartí mucho más que vivir juntos, mucho más que abrazos, alegrías y tristezas, a ellos les entregué mi existencia con  garantía de que ellos también me entregaron la suya. Ha sido el regalo más hermoso y preciado que jamás haya recibido. Les estaré siempre en deuda, ahora son parte de mí tal y como lo son mis ojos.

La parte final de mi intercambio ha sido devastadora, me ha hecho sufrir mucho, pero me ha hecho entender que si en la vida hay luz debe forzosamente haber oscuridad, y lo más importante es que son igual de reveladoras y de importantes. Saber interpretarlas es lo que he aprendido.

Si algún día lees esto y estás pensando en irte de intercambio, mi consejo es que lo hagas, pero hazlo sabiendo que puede ser como cualquier otra experiencia o puede ser lo que (como en mi caso) cambie tu vida y  te llene de energía y enseñanzas. Depende de si estás dispuesto a ser completamente libre, pues la libertad acarrea muchos obstáculos.

Antes de concluir, comparto también que una de mis mayores satisfacciones ha sido el hecho de lograr que gente de todo el planeta me dijera “nos vemos en México” o “ahora quiero conocer México”, cuando fue la misma que cuando me conoció me preguntó si en México se podía vivir o se podía salir a la calle sin recibir un balazo. Jamás les mentí, puesto que esa es una realidad irrebatible en nuestro país, pero también les mostré que México somos su gente, que México soy yo y que mi sonrisa representa a toda una nación. No solo vas tú de intercambio, representas a toda una cultura digna de tus mejores credenciales y aptitudes sociales.

El mundo es muy grande como para quedarte en un aula o un una oficina, el mundo es enorme como para verlo en una pantalla de celular. Vívelo, viájalo, ríete con su gente, come su comida, entiende sus religiones, escala sus montañas, reserva sus hoteles, abraza sus mares, goza sus triunfos, sufre sus males, habla sus idiomas, empápate del mundo. Que eso es empaparte de ti mismo.

Una vez Erasmus, siempre Erasmus.

Opino.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Emiliano Oaxaca

Estudiante de Derecho en la Universidad La Salle, he laborado en el área de derecho energético, notarial y constitucional. Mexicano por parte de mi padre, italiano por parte de mi madre; miembro vitalicio del grupo de los que dudan de todo, sabinero de corazón, crítico en esencia y competitivo en lo accidental. “Güey” en potencia.

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