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Contra el ‘voto parejo’

Por: Alonso Tamez



En 1997, después de seis décadas de dominio priista en el Congreso de la Unión, el PRI perdió la mayoría absoluta, 50 por ciento más una de las posiciones, en una de sus partes: la Cámara de Diputados. Antes de este punto, esa mayoría hacía de San Lázaro el brazo derecho del presidente de la República; le permitía, según un joven llamado Felipe Calderón, que en 1997 era presidente nacional del PAN,

impunidad en el manejo de la contabilidad nacional, imposición de presupuestos, centralismo en la aplicación de las partidas presupuestales y unilateralidad en las decisiones” (El País, 08/Jul/1997).

Fuente: Noticieros Grem
Fuente: Noticieros Grem

Desde la segunda mitad del gobierno de Ernesto Zedillo, quien impulsó la Reforma Política de 1996, a sabiendas que afectaría al PRI, tal y como ocurrió un año después, vivimos gobiernos divididos. Esto desató, en esencia, dos tipos de respuestas: los que celebraban la nueva pluralidad, como el entonces perredista Porfirio Muñoz LedoA partir de ahora empezará a funcionar en México el sistema previsto en la Constitución: una república representativa y democrática“; y los que veían la ahora obligada negociación como ruta al estancamiento legislativo, y por lo tanto al paro nacional, priistas del núcleo duro, principalmente.

Sin embargo, los gobiernos divididos no produjeron tal estancamiento. En el trienio 1994-1997, se aprobaron en la Cámara de Diputados 108 iniciativas; en 1997-2000, inicio del gobierno dividido, se aprobaron 138; de 2000 a 2003, crecieron a 275; de 2003 a 2006, suben hasta 524; de 2006 a 2009, repiten rango con 518; de 2009 a 2012, se aceptan 423; y entre 2012 y 2015, pasaron 307 iniciativas, éste último periodo es el del Pacto por México; al ser reformas más profundas, se entiende que estas hayan acaparado el debate y desincentivado en alguna proporción la presentación de otras ajenas al acuerdo.

Si bien más iniciativas no significan necesariamente mayor calidad, hay un argumento potente para no darle al próximo presidente una mayoría absoluta, sea quien sea este. Me refiero a la aprobación del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF), que es presentado por el Ejecutivo, puede ser enmendado por el Legislativo, y que requiere 50 por ciento más uno de los diputados. Imaginen, por ejemplo, un presidente con mayoría que asigne inmensos recursos a un programa social en detrimento de la infraestructura, con miras a generar un clientela política nacional, y que las otras fuerzas solo puedan fruncir el ceño porque no pueden detener dicha barbarie. Hay que decirlo: el PEF, sin mayoría absoluta, significa una construcción más plural y potencialmente más prudente del gasto público.

El gobierno dividido también fomenta una mayor vigilancia al Ejecutivo desde el Congreso, tanto en materia de fiscalización como de potencial de investigación para con casos de corrupción; le da un peso proporcional a voces disidentes, ignoradas en un contexto de mayoría abrumadora; e impulsa una mejor representación de las minorías porque democracia que solo ve por las mayorías sociales, no es tal. Se entiende que partidos promuevan el ‘voto parejo’, por el mismo logotipo para todos los cargos, pero ya hemos visto cómo el poder concentrado facilita represión, censura, dispendio populista o clientelar, endeudamiento y corrupción.

La democracia es, nos guste o no, equilibrio paranoico.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Alonso Tamez

Mexicano de espada y de pluma / 27 años / estudiando la política en la Universidad de Glasgow / columnista semanal en 24 Horas, y su corresponsal en Reino Unido / exasesor legislativo en la Cámara de Diputados en las comisiones de Economía y Seguridad Pública / lector patológico / pragmático social / optimista.

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