El principio del tiempo / Opinólogía / Cooperativas energéticas: otro mundo es posible

Cooperativas energéticas: otro mundo es posible

Por: Beatriz Olivera


En un mundo que aún se mueve alrededor del petróleo, del carbón y del gas, y en el cual la lógica es generar energía con base en megaproyectos, resulta difícil pensar en nuevas formas de asociarse para generar energía de una manera más limpia, democrática y equitativa.

Foto: 4.bp.blogspot.com
Foto: 4.bp.blogspot.com

Las cooperativas energéticas nacieron en Europa como alternativa de abastecimiento eléctrico para algunas zonas aisladas en Alemania y Reino Unido. Sin embargo, es en la última década que las cooperativas energéticas comenzaron a tener un mayor auge principalmente en España y Alemania como instrumentos para desarrollar nuevos esquemas de generación y abasto de electricidad. Esta forma de organización para generar y/o comercializar energía, está resultando muy atractiva, las cooperativas permiten a las personas realizar pequeñas inversiones para ser parte de un negocio rentable que repercutirá a su vez en beneficios sociales equitativos.

Y es que el modelo de gestión de la energía basado en el petróleo y en los combustibles fósiles es un modelo obsoleto, cuya estructura se basa en mercados oligopólicos donde la energía está centralizada en pocas manos que gestionan grandes proyectos de infraestructura energética y cuyos beneficios son para unos cuantos. Este modelo, además ha provocado graves impactos ambientales en el planeta, tales como el calentamiento global del planeta, una de las peores amenazas a la vida y al ambiente.

También repercute en severos conflictos socioambientales generalmente ocasionados por el despojo del territorio a pueblos. Al respecto, el último informe del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) sobre la situación de personas defensoras de los derechos humanos ambientales contabiliza 88 ataques contra personas en poco más de un año, estos ataques son ocasionados en contextos de disputa ante despojo de tierras, proyectos mineros, de infraestructura, hidroeléctricos y proyectos de energía renovable, entre otros.

Es un hecho que este modelo no sirve, -o no sirve a todos por igual- y debe ser reemplazado no únicamente por un cambio tecnológico que permita una mayor y acelerada transición energética, sino que también permita cambios en su gestión, de tal manera que sea posible crear nuevas formas de producción y comercialización de la energía más democráticas; tanto en la toma de decisiones como en el reparto de los beneficios.

Las cooperativas pueden ser un medio para lograr una mayor generación de empleo, inversión local, desarrollo comunitario, generar confianza, certidumbre y cohesión social. Además, pueden ser una alternativa que permita que las propias comunidades produzcan y comercialicen su energía como ellas lo decidan. Al respecto, es necesario recordar lo establecido en el capítulo 25 de la Constitución política del país y en su Ley reglamentaria: la Ley de la Economía Social y Solidaria, la cual señala el fomento a la organización y la expansión de la actividad económica del sector social: de los ejidos, organizaciones de trabajadores, cooperativas, comunidades, etc., para la producción, distribución y consumo de bienes y servicios socialmente necesarios.

También es importante mencionar que en un país multicultural como es México, es fundamental que los proyectos energéticos que se realicen se hagan con pleno respeto a los derechos humanos y de los pueblos indígenas, algo que no ha sucedido del todo hasta ahora, basta echar un vistazo a los severos conflictos en la zona del Istmo de Tehuantepec a raíz de la implementación de algunos grandes proyectos de energía eólica, o de manera más reciente, en algunos proyectos solares en la zona maya que ya empiezan a generar descontento. En ambos casos, no se trata de fallas en la tecnología renovable, se trata de fallas en los modelos de gestión energética, que, al emular la lógica y el modelo de operación de los megaproyectos, copian sus errores y vicios.

La lógica debe cambiar, contrario a la construcción de grandes proyectos de infraestructura, si se fomentase el cooperativismo energético, podríamos avanzar hacia una transición energética con pleno respeto a derechos y con beneficios equitativos para todas y todos.

Por supuesto, las cooperativas son un reto, y no es lo mismo realizarlas en Europa que en América Latina. Las experiencias señalan que se requiere de una buena cantidad de trabajo voluntario en los primeros meses de ejecución, así como de una sólida base social, además de que su gestión tiende a ser más lenta dado que se trata de construir procesos democráticos. Sin embargo, otro mundo es posible. Por ejemplo, en Alemania existen más de 830 cooperativas energéticas, que representan 50 por ciento de la capacidad instalada de energía renovable, esto es, alrededor de 1GigaWatt. Algunas con alrededor de 3000 miembros que gestionan un buen número de plantas solares en el país.

En México, también hay buenos ejemplos sobre cooperativismo: como la cooperativa Tosepan Titataniske en la sierra norte de Puebla, la cooperativa de trabajadores de Pascual, la confederación Nacional Cooperativa Pesquera, la cooperativa Cruz Azul, entre otras. Al respecto, la Confederación de Cooperativas de Ahorro y Préstamo de México (CONCAMEX) ya identificó varias zonas en el país con potencial para desarrollar cooperativas energéticas: Oaxaca en el Istmo de Tehuantepec, Torreón en Coahuila, Matamoros en Tamaulipas, Michoacán de Ocampo, Baja California Sur, entre otras. Es así que el potencial está, sólo es cuestión de un cambio de paradigma y de diseñar los mecanismos necesarios para fomentar esta forma de organización en el diseño de la próxima política energética que regirá al país.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Beatriz Olivera

Es maestra en ingeniería egresada de la UNAM y profesora de la misma institución, cuenta con varios diplomados sobre género, energía y diseño de política pública. Actualmente forma parte de la Alianza de Mujeres Rurales frente al cambio climático, de la Red de Mujeres en Energía y de la Red por la Transición Energética en México. También es orgullosa estudiante de náhuatl desde hace año y medio de la variante hablada en el centro del país.

Te puede interesar

#Opinóloga

Con energía solar se puede hacer de todo

Comparte en WhatsApp Desde generar electricidad hasta fundir metales, desde cocinar alimentos hasta destilar agua, ...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>