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Cuatro aproximaciones y recuerdos sobre Sergio Pitol

Por: Alfredo Godínez


A Pedro Ángel Palou, Jorge Volpi, Rodolfo Mendoza Rosendo, Mario Bellatin, Eduardo Montagner, Margo Glantz, Alberto Ruy-Sánchez, Álvaro Enrigue y Xóchitl Salinas Martínez; mi abrazo y cariño solidario, eterno. 

Foto: Alfredo Godínez
Foto: Alfredo Godínez

Prefacio

Son las dos veintidós de la mañana, tengo que escribir mi colaboración con un tema del cual preferiría no hacer: hablar de Sergio Pitol in memoriam.

Sergio Pitol murió la mañana del jueves pasado según informó su familia.

Hablar de sus aportes y su importancia en el ámbito cultural del país y del mundo sería muy reiterativo cuando otras plumas ya lo habrán hecho mejor.

Por mi parte, disculpe querido lector, me permitiré compartirles los recuerdos que tengo de Sergio Pitol.

I

A Sergio Pitol –como casi todas mis lecturas– comencé a leerlo por guía de Pedro Ángel Palou. Mi primer libro fue el Arte de la fuga, entre unos de los tantos textos maravillosos que contiene ese libro me fascinó: Con Monsiváis, el joven; donde habla sobre su militancia en un Comité Universitario de Solidaridad con Guatemala, colectando firmas de protesta, distribuyendo volantes y acudiendo, junto con su eterno amigo Carlos Monsiváis, a una manifestación que partió de la Plaza de Santo Domingo, en donde vieron a Frida Kahlo rodeada por Diego Rivera, Carlos Pellicer, Juan O´Gorman y algunos otros “grandes”. En ese instante cerré los ojos para imaginar la escena y me pregunté: ¿alguna vez los veré apoyando algún movimiento político?

Poco después de haber leído ese libro, vine con mi madre y un amigo al extinto D. F. a una de las asambleas nacionales convocadas por AMLO en el zócalo capitalino para exigir el Voto x Voto, Casilla x Casilla. La vida es curiosa y entonces me dio un regaló: Carlos Monsiváis sería el encargado de dirigir un discurso a los miles de inconformes, acompañado de su cómplice y amigo: Sergio Pitol.

El amigo que me acompañó a esta expedición política era Israel Aguilar. Nos miramos y dijimos: ¿y si invitamos a Sergio Pitol a Puebla?

II

Junto con unos amigos, Israel y yo decidimos que buscaríamos la manera de invitar a Sergio Pitol a Puebla para rendirle un Homenaje. La idea original era contar con la presencia de Pedro Ángel Palou, Ignacio Padilla y Jorge Volpi. Los calendarios y las circunstancias hicieron que modificáramos el plan original, y se convirtió en un Homenaje entre alumnos de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) y la Universidad de las Américas de Puebla (UDLA-P). Cuando le hice la propuesta a Sergio Pitol, aceptó de forma –casi– inmediata.

Decidimos que la sede del evento sería el Salón Paraninfo del Edificio Carolino de la BUAP y la cena se llevaría a cabo en las instalaciones de la UDLA-P.

Llegado el 4 de septiembre de 2007, Pitol pidió descansar un rato en el hostal de la UDLA-P y mientras aproveché para comerme una hamburguesa en compañía del Mtro. Jesús Villegas y del escritor poblano Gabriel Wolfson.

Una vez descansado Sergio, tomamos camino rumbo al Homenaje. Al bajar del coche, recuerdo a un Pitol emocionado porque su público serían jóvenes universitarios y estaba feliz porque lo escoltaban dos bellas compañeras universitarias. Al entrar al Paraninfo la gente lo recibió con más de dos minutos de aplausos. Pitol sólo alzaba las manos para agradecer tanto afecto.

Pero más allá de las palabras que algunos pudimos dirigirle, lo que más le gustó y disfrutó fue haber firmado un número importante de libros a muchos jóvenes universitarios. En dicho evento, a manera de homenaje simbólico decidimos crear “La Fuga literaria”, cuyo fin era organizar eventos de índole literario-cultural en Puebla de alta calidad. Así aprendí a realizar gestión cultural.

En la cena no dejó de compartir su agradecimiento y su emoción. Todos le hacíamos muchas preguntas y él fue muy paciente al respondernos. También fue muy feliz al compartinos muchas de sus anécdotas. Al terminar la cena, se dio tiempo para firmarnos a los que ahí estábamos cada uno de nuestros libros.

III

Tres años después nos enteraríamos que Sergio Pitol anunciaba la publicación de su último libro: “Una autobiografía soterrada” y así anunciaba el final de su obra. La presentación oficial se realizó en la Librería Rosario Castellanos. Viajé de Puebla al D.F. con la intención de convencerlo de organizar la presentación de su libro en Puebla. En dicho evento me reencontré con Nacho Padilla, Jorge Volpi; conocí a Eloy Urroz y otros tantos más. Todo el mundo literario estaba aquí para despedir literariamente al escritor que tanto les dio. Recuerdo que fui el último en pasar a la firma de libros y logré convencerlo de ir a Puebla, nuevamente.

Al saber que sería el último libro de Sergio, junto los nuevos y viejos integrantes de “La Fuga Literaria”, decidí que habría que echar la casa por la ventana. Así que se movió cielo mar y tierra para conseguir la Cédula Real de Puebla para Sergio Pitol y conseguir presentadores que no sólo lo hayan leído sino que le tuvieran cariño, admiración: Javier Aranda Luna, Eduardo Montagner y Rodolfo Mendoza Rosendo serían los encargados de acompañar a Sergio en la presentación.

Y quizá este evento fue el más recuerdos con Sergio Pitol me dejo. Recuerdo que le solicité a Almadía un número importante de libros para todas las autoridades que nos estaban ayudando en las gestiones, pero para la editorial si representaba un gasto importante. Así que un día, de pronto, mi celular me avisa que llamaba Sergio y al contestar me dice: “¿estás en tu universidad? Voy para allá, estoy entrando a Puebla. Traigo los libros que necesitas regalar.” Al llegar Sergio me pide que fuéramos a Profética para que pudiera fumar y tomarse un café mientras dedicaba cada libro, acorde a quien fuera dirigido. Después de eso nos fuimos a comer. Lo llevábamos a un restaurante de comida italiana llamado Amalfi y quedó maravillado. Quisimos invitarle la comida y no nos permitió pagar, que ya bastante estábamos haciendo con la organización del evento.

Días antes del evento le comenté que Don Pedro Ángel Palou Pérez quería saludarlo, así que decidimos que sería en la mañana del 27 de agosto del 2010 (día del evento) y que el mejor lugar sería Profética. Cuando ambos se encontraron, se abrazaron con singular alegría que contagiaba, también había algo de ternura en ese encuentro. Platicaron largo y tendido, nos compartieron muchas anécdotas. Horas después y previas a la entrega de la Cédula Real, Sergio me informaría que -para variar- había olvidado sus lentes y era necesario ir a Sanborns a buscar unos de repuesto. La entrega de la Cédula Real en el Palacio Municipal -a cargo de Blanca Álcala, en ese entonces alcaldesa de Puebla- fue muy emotiva y Sergio se notó feliz. Acto seguido caminamos unas cuadras para llegar a la Sala de Proyecciones del Edificio Carolino de la BUAP; lugar donde sería la presentación del libro. Íbamos en una especie de procesión donde Sergio era el santo a venerar, mientras que la prensa y los amigos se convertían en una especie de fieles. Existió un par de personas que lo reconocieron en el trayecto y lo detuvieron para tomarse una foto con él. La presentación fue muy sentida, el lugar estaba abarrotado y nuevamente Sergio firmó con estoicismo los libros de cada uno de los asistentes.

La cena también la disfrutó Sergio, pues además de haber estado acompañado por sus amigos; lo estuvo de los amigos que me ayudaron a que saliera el evento a la perfección y todos eran jóvenes. Verse rodeado de juventud, le inyectaba una especie de energía.

Posteriormente lo acompañaría a su hotel y quedaríamos de vernos a la mañana siguiente para desayunar juntos.

Fue un fin de semana excepcional que aún permanece en mi memoria.

IV

La última vez que vi a Sergio Pitol fue en el año 2013. Moisés Rosas Silva, quien fungía como Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla (CECAP), lo invitó para reconocerlo con la Clavix Palafoxiana.

A pesar de haberlo acompañado al evento, quedamos de vernos por la noche para conversar. Ya le costaba trabajo hablar y sin embargo no perdía la energía y la esperanza. Me dedicó un último libro suyo que había salido en ese momento: Memoria. 1933-1966.

Nunca dejé de estar al pendiente de él.

La vida ha sido muy generosa, pues me ha dado la oportunidad de conocer a seres humanos tan bellos como Sergio Pitol.

Foto: Alfredo Godínez
Foto: Alfredo Godínez

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Alfredo Godínez

Gestor cultural, poeta, lector empedernido, amante del fútbol y del teatro; es colaborador de Distrito Teatral y ocasionalmente de 24Horas-Puebla. Ha publicado en revistas como Relatos e historias de México, UniDiversidad, Laberinto del Diario Milenio-El Portal de Veracruz y Revista 360°-Puebla.

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