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De los derechos culturales a la formación en el conocimiento cultural y la profesión artística

Por: Delia Bolaños



El pasado lunes 22 de enero, la Ciudad de México estrenó su primera Ley de los Derechos Culturales de los Habitantes y Visitantes de la urbe, donde entre otras cosas se busca

“fomentar el conocimiento, la difusión, la promoción y el estímulo al desarrollo de la cultura, las artes y los derechos culturales conforme a la diversidad y la pluralidad cultural, [para] propiciar las múltiples formas de cohesión social de los grupos, las comunidades y los colectivos culturales”[1].

De igual manera, la administración de la ciudad se propone en “reconocer la legitimidad procesal activa de las personas, los grupos, las comunidades y los colectivos culturales de la Ciudad de México, en el ejercicio de los derechos culturales, así como proveer los mecanismos para su reconocimiento y defensa”.[2]

Foto: elmundodetehuacan.com
Foto: elmundodetehuacan.com

A groso modo queda asentado que el patrimonio cultural de los capitalinos, así como las expresiones artísticas de todo grupo social de la ciudad y sus correspondientes demarcaciones son planamente reconocidos como derechos humanos inherentes al pleno desarrollo y desenvolvimiento de las personas. De este modo el florecimiento y el acceso a la cultura y las artes deja de ser, en un sentido reduccionista y elitista, cuestión de lujo para quienes pueden costear su adquisición simbólica u objetual y para quienes tienen el capital cognitivo para apreciarlo.

En términos más profundos, entre los objetivos de la promulgación de esta ley regional (en conjunto con su homóloga federal, publicada el 19 de junio del año pasado), se encuentra el de otorgar un carácter más plural y abierto a los conceptos de cultura y de arte. Al tomar en cuenta las manifestaciones identitarias de los grupos indígenas, los pueblos y barrios originales, los pobladores de los límites de las demarcaciones, los habitantes de las colonias y los visitantes de la capital del país, como parte de una de las necesidades más importantes del ser humano político-social, la responsabilidad de la administración capitalina y de sus instancias hermanas, va mucho más allá del mero reconocimiento.

Sin embargo, en términos reales, la construcción de múltiples

espacios colectivos, autogestivos, independientes y comunitarios de arte y cultura (los cuales [se presume] contarán con una regulación específica para el fortalecimiento y desarrollo de sus actividades)[3],

No basta por sí misma, ya que la existencia de dichos nichos artístico-culturales no sólo se ve supeditada al otorgamiento de simples apoyos político-económicos (los famosos estímulos fiscales, muchas veces, correspondientes a meros actos propagandísticos). En nuestra ciudad y en nuestro país, el fomento a la creación y a la difusión de la cultura y las artes, debe ser comprendido como un esfuerzo paralelo a la formación en el conocimiento cultural y la profesión artística.

En estos términos, el aparato político actual no está diseñado para tomar realmente en consideración los mecanismos, programas e instrumentos legislativos necesarios para garantizar (y fortalecer) no sólo la protección de los saberes artístico-culturales ya existentes, sino además el pleno enriquecimiento cultural del país y la región a partir de la construcción de un verdadero sistema de formación y enseñanza en competencia artística. El escenario actual nos empuja a observar con tristeza y desconfianza como los porcentajes de los presupuestos públicos (no olvide querido lector, provenientes de nuestros impuestos) no son correcta y proporcionalmente destinados al enriquecimiento de este importantísimo sector.

Foto: diario-puntual.com.mx
Foto: diario-puntual.com.mx

En suma, la exigibilidad de los derechos culturales continúa siendo engorrosa y conflictiva a nivel jurídico (ver el capítulo segundo de la ley antes descrita), para quienes resulten afectados o transgredidos en sus derechos. Y aunque se propone la creación de un órgano descentralizado para tal efecto: el Instituto de los Derechos Culturales de la Ciudad de México, la normativa se impone como de difícil acceso y hasta discriminativa para las comunidades en riesgo y marginalidad. Un claro ejemplo, que va muy de acuerdo con el monitoreo de la UNESCO y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, son las juventudes, quienes han sido reiterada, especial e históricamente las más discriminadas y estigmatizadas del país, imponiéndoseles una serie de obstáculos casi imposibles de franquear para el libre ejercicio de sus derechos culturales.

[1] Administración pública de la Ciudad de México, artículo tercero del “Decreto por el que se expide la ley de los derechos culturales de los habitantes y visitantes de la Ciudad de México” en la Gaceta oficial de la Ciudad de México”, vigésima época, nº245 (22 de octubre de 2018), p.3.

[2] Ídem, artículo sexto, p.4.

[3] Ídem, artículo onceavo, subinciso h, p.7.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Delia Bolaños

Maestra en Historia del Arte y Patrimonio por la Universidad de Burdeos y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Especialista en arte moderno y contemporáneo, asesora de difusión y comunicación cultural y amante del arte urbano. Escritora de tanto en tanto, melómana, lectora empedernida y hermeneuta. Orgullosamente mexicana y apasionada ciudadana del mundo. Cazadora gastronómica y fotógrafa profesional.

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