El principio del tiempo / Opinólogía / ¿De qué hablamos cuando hablamos de ciudadanía?

¿De qué hablamos cuando hablamos de ciudadanía?

Por: Carlos Castillo



La construcción de ciudadanía democrática es un camino complejo, de mediano plazo y en el que deben involucrarse actores públicos y privados con un objetivo común: lograr que una sociedad se involucre de manera plena en los procesos de decisión que atañen a la colectividad.

Todo espacio donde se reúne un pueblo es propicio para fomentar los valores que hacen posible la convivencia en democracia: los comités vecinales, los sindicatos, los partidos políticos, las sociedades de padres de familia en las escuelas, las organizaciones de la sociedad civil, por mencionar algunos, deben regirse por el diálogo, el acuerdo, la transparencia y la rendición de cuentas, el voluntariado o el apego a normas comunes.

De este modo, la participación se fortalece, se estructura y se vertebra, toma cauces que llevan a salir del individualismo para construir una auténtica comunidad política; esto es, un grupo humano capaz de asociarse en torno de aquello que tiene en común.

Foto: tgcom24.mediaset.it
Foto: tgcom24.mediaset.it

En México, la calidad de esa ciudadanía democrática es francamente baja. Entre el paternalismo auspiciado por décadas de un Estado que hizo poco por construir –cuando no dinamitó o cooptó– una auténtica sociedad civil, pasando por el clientelismo y los altos índices de pobreza, hasta la falta de cauces legales o voluntad política para incluir a las organizaciones intermedias en la toma de decisiones, son pocos o nulos los incentivos para participar en casi cualquier acción colectiva.

Esto es, no hay una ruta que resulte efectiva para que esa poca sociedad civil organizada pueda incorporar sus demandas en la agenda pública. Mucho menos existe una estrategia eficaz que lleve a que la ciudadanía salga de su ámbito individual para asumir un papel activo en torno a intereses comunes.

Hay, en cambio, liderazgos aislados que llegan a unirse pero cuyas demandas no prosperan o se quedan en quejas y diagnósticos que dicen poco o casi nada fuera de su propio ámbito de acción.

Hay, también, la manifestación callejera que grita mucho y la mayor parte de las veces logra muy poco. O el despertar de una solidaridad ante la tragedia –quedó claro ante la tragedia del pasado 19 de septiembre– que logra unir a una sociedad dispersa pero que no alcanza a trascender más allá del auxilio momentáneo, para luego dispersarse.

Y no se puede esperar a que sea un desastre natural el acicate para la acción colectiva; no se puede porque el desastre es excepcional, y la participación ciudadana debe ser una labor continua y constante, no una reacción frente a un drama sino por el contrario, una normalidad que sea parte habitual de nuestra vida democrática.

Foto: edition.cnn.com
Foto: edition.cnn.com

El camino, se señaló al inicio de esta nota, es largo y complejo porque de la construcción ciudadana en lo individual –esto es, el que la mayor parte de la gente asuma la necesidad de ejercer un papel activo– es necesario pasar a la formación de esas sociedades intermedias u organizaciones de la sociedad civil que asuman una causa común.

Y no son pocos los estudios que demuestran que quienes han dado ese paso no alcanzan ni el 10 por ciento de la población: menos de 1 de cada 10 mexicanos pertenecen a alguna de esas sociedades, siendo las más socorridas aquellas que se reúnen entorno a las iglesias.

En estas condiciones, apelar a la ciudadanía es una entelequia o, en el mejor de los casos, una buena intención que adolece del trabajo previo que se requiere para que este tipo de convocatorias tenga algún tipo de éxito.

Antes es necesario un proceso formativo, de promoción de valores y de construcción de mecanismos legales que hagan efectivo y den sentido a la asociación de ciudadanos en torno a intereses comunes.

Hablar de ciudadanía hoy en México es complejo: es empezar por el punto de llegada de un camino al que aún le falta mucho por recorrer.

Resulta, no obstante, importante hacerlo porque es convocar a quienes ya han decidido salir de lo individual para hacer algo más: una minoría que, ojalá, sea aliciente para quienes aún dudan, pero que no será suficiente para construir el andamiaje de una sociedad civil comprometida, activa y participativa.

Para eso hace falta un compromiso colectivo, privado y público como el que propuso en Instituto Nacional Electoral en la Estrategia Nacional de Cultura Cívica 2017-2023. Compromiso que hasta el momento, en una etapa centrada en lo electoral, no figura en la agenda de ninguna organización, sea política o ciudadana.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

Te puede interesar

#Opinólogos

¿A qué nos referimos cuando hablamos de sociedad civil?

Comparte en WhatsApp Aunque hace por lo menos dos siglos que el concepto sociedad civil ...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>