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Del peligro de subestimar lo evidente

Por: Kathia Elisa García


“La violencia no es poder, sino la ausencia de poder”.

-Ralph Waldo Emerson.

Hace unas semanas atrás escuchaba una entrevista radiofónica en la que participaba Gabriel Guerra y, dijo algo que me pareció de suma relevancia, por lo que no lo quería dejar pasar.

¿Se puede medir que tan radical, políticamente hablando, es una sociedad? Hay un fenómeno que desde hace no mucho tiempo comienza a llamar mi atención, de vez en vez y revisando las noticias cada mañana, algo salta. Notas sobre elecciones en diversas partes del mundo resumen cómo fue el proceso y los resultados finales, en algunos hablan de los candidatos ganadores y en algunos otros sobre todos los postulados que contendían.

Fuente: creativemarket.com
Fuente: creativemarket.com

Siempre me ha parecido que los radicalismos políticos, ya sean de derecha o de izquierda, son peligrosos. Me refiero a que, aunque ambos pugnan por causas opuestas, su obcecada visión del mundo les impide ver que sus opositores quieren exactamente lo opuesto, como si una persona se mirara al espejo y discutiera consigo mismo, recibiendo la misma respuesta, pero al revés. La obstinación de los radicalismos no da paso a verdaderas discusiones que deriven en acuerdos, equilibrios y concesiones. ¿Con qué palabra se podría definir al radicalismo? Intolerancia. La misma que no da espacio a lo que sea diferente.

Pero, ¿Es la intolerancia, por sí sola, lo que hace que una postura política radical sea peligrosa? No. Me parece que aquí hay una delgada línea que es necesario distinguir: la intolerancia se expresa no sólo como rechazo o marginación, sino que actúa como una chispa que desencadena una reacción violenta, que busca eliminar. Tal vez un ejemplo haya venido a su cabeza después de leer esto: el nazismo. Sin duda es el perfecto ejemplo para poner en contexto esto.

Retomando la razón inicial por la que escribí este texto, lo que apuntaba Gabriel Guerra es que, aunque para muchos de nosotros, hablar sobre la candidatura presidencial de Jaime Rodríguez Calderón, ‘El Bronco’, es una pérdida de tiempo y sentido tomando en cuenta que llego a la elección a base de trampas e inconsistencias, tiene pocos simpatizantes reflejados en las principales encuestas publicadas y sus argumentos y propuestas son risibles, irónicas, inviables e imposibles, es necesario no dejar de lado un foco rojo que esto implica: este personaje representa una ideología radical que hace eco en muchas personas que se sienten hartas, decepcionadas, desesperadas, frustradas y enojadas.

El candidato “independiente”[1] ha lanzado propuestas tan polémicas como “mochar las manos a aquellos corruptos que roben”. En ciertos círculos sociales que están imbuidos de temas políticos, fue un tema de burla, pero no más. Nos parecía evidente que era algo soez y visceral que no iba acorde a un individuo que aspira a presidir una nación. Sin embargo, no es la misma opinión que tienen las personas que más que un entendimiento de la política, se sienten hartos.

En el súper mercado, en el transporte, en los lugares comunes de la calle, de algún conocido de un cercano, en el pariente de un amigo, en más de un lugar he escuchado que, alguien, se sintió identificado con las declaraciones de dicho sujeto. ¿Por? La mayoría de los argumentos que respaldan esta opinión es que, se sienten tan impotentes y enojados con los políticos y servidores públicos, que si pudieran, ellos mismos les cortarían las manos.

Mi punto es: hay un sentimiento de hartazgo que está creciendo rápidamente entre una población que no tiene un pleno entendimiento de la política pero tampoco está interesada en hacerlo porque lo único que observa son actores que fallan una y otra vez, servidores que roban y traicionan tanto como pueden y, no están interesados en un bien común.

No, pensemos en otros ejemplos como el mismísimo Donald Trump, que ganó la presidencia bajo circunstancias similares y en Marie Le Pen, que participó en las pasadas elecciones en Francia, pero no gano. (¿afortunadamente?).

De combinarse los sentimientos de frustración, ira y rencor con la oportunidad de materializarse en un persona con cierto poder, el fenómeno se convertiría en una crisis; peor aún si empieza a multiplicarse en distintos países. La alarma comienza a sonar cada vez más fuerte y, para verlo claramente, sólo hace falta observar como empieza a ser común notas sobre linchamientos, asesinatos de ciudadanos a ladrones, “justicieros anónimos” entre otros.

No subestimemos, lo que nos pide a gritos, atención.

[1] Por cuestiones de ética personal, me he negado a mencionar el nombre de esta persona, más de una vez, para no hacerle publicidad.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Kathia Elisa García

Licenciada en sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es asistente de investigación en la misma institución y las líneas de investigación en las que trabaja se enfocan en la etnoarqueología, violencia entre jóvenes, procesos de exclusión y discriminación, identidad, etnografía y antropología.

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