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Desaparecer el CISEN

Por: Carlos López Kramsky


Iniciaron las precampañas políticas y empezó el bombardeo de propuestas de quienes buscan la Presidencia de la República. Entre estas propuestas hay algunas muy sensatas, otras bastante disparadas y otras más constituyen auténticos disparates. Una de las propuestas que cae en el último grupo es la relativa a la desaparición del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN), formulada por Andrés Manuel López Obrador, precandidato de Morena a la Presidencia.

La propuesta no tiene mucha ciencia; un día, el precandidato se levantó y se percató que en su hotel en el Estado de Hidalgo había personal del CISEN, según él, acosándolo y espiándolo. De inmediato propuso desaparecerlo porque funge como una policía de espionaje político para la Secretaría de Gobernación (SEGOB).

Foto: globalmedia.mx
Foto: globalmedia.mx

Cientos de personas apoyaron la moción en redes sociales, aumentando los “argumentos” para su desaparición:

“No sirve para nada”; “se ahorraría 4000 millones de pesos si lo desaparecemos”; “solo sirven para hacer espionaje telefónico con el software Pegasus”; “es una herramienta del PRI-Gobierno opresor y dictatorial”

Entre otras muchas más. Lo único que se evidencia en ellas es la profunda y preocupante desinformación y desconocimiento que hay sobre las labores y beneficios del CISEN para el Estado Mexicano. Trataré de resumir por qué no es conveniente desaparecerlo.

Los trabajos de inteligencia y contrainteligencia son desarrollados por organismos gubernamentales de todos los países del mundo. No hay Estado sin inteligencia porque ésta es un instrumento que permite su subsistencia. Sin Estado no habría posibilidad de convivencia pacífica, ergo, no habría leyes, ni certeza jurídica, ni derechos humanos; solo la ley del más fuerte sería vigente.

En México, estas labores se desarrollan desde 1918 por la SEGOB y, con el paso del tiempo sus alcances, estructura, misión, teleología y operación se han modificado enormemente. No se puede negar que la inteligencia tuvo una época negra desde 1947 cuando se creó la Dirección Federal de Seguridad, que fue artífice de cientos de delitos en nombre –erróneamente- de la seguridad nacional. Desde 1989, la inteligencia se depositó en un organismo civil moderno (el CISEN) que sustituyó a la Dirección Federal de Seguridad y a la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, ambas de la SEGOB; con la creación de la Policía Federal en 1999, se suprimieron sus funciones operativas tácticas y se concentró en los servicios de inteligencia. En 2005 se publicó la Ley de Seguridad Nacional que constituye su marco legal de acción.

La importancia del CISEN radica en que su labor es la recolección y procesamiento de información sensible que permite producir inteligencia estratégica para la toma de decisiones, a fin de preservar la seguridad nacional, la gobernabilidad y el Estado de Derecho. Esto no solo incluye la creación de una agenda de riesgos en materia de seguridad pública, sino también en la prevención de riesgos ambientales, de epidemias, riesgos económicos, estructurales, desastres naturales, relacionados con el desarrollo social, entre otros, pues hoy la seguridad nacional tiene el objetivo de prevenir los riesgos que puedan desestabilizar al país y con ello generarse perjuicios para la población. Suponiendo sin conceder que López Obrador ganara la presidencia y que cumpliera su palabra, el día siguiente a la desaparición del CISEN, el presidente amanecería ciego, sin saber qué pasa en el país, cuáles son los riesgos que hay que atender de manera prioritaria y, en consecuencia, se enteraría de las tragedias solo después de que hubieren sucedido y por las noticias o por las redes sociales. No habría trabajo de prevención y mitigación, lo que costaría vidas y patrimonio de muchos mexicanos. Fortalecer sus mecanismos de control legislativo y jurisdiccional es buena idea e incluso necesario, pero desaparecerlo es un balazo en el pie de todos los que habitamos este país.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos López Kramsky

Abogado, Maestro en Derecho Constitucional y Doctor en Derecho por la Universidad Marista, Campus Ciudad de México; tiene estudios de maestría en Derechos Humanos y Democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); diplomado en Análisis Político por la Universidad Iberoamericana y en Diversidad Cultural, Políticas Públicas y Derechos de los Pueblos Originarios de México, por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Ha sido catedrático en diversas universidades, asesor legislativo y servidor público en el Gobierno Federal.

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