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Detengamos la militarización, formemos policías

Por: Aram Barra



En medio de una importante discusión parlamentaria en torno a la seguridad (la pública, la interior y la nacional) –en la que México se enfrenta a la encrucijada de seguir la guerra planteada por Felipe Calderón o plantear un nuevo esquema que pacifique nuestra sociedad– los homicidios han superado cualquier récord desde que esta cifra se comenzó a medir.

Diez años de guerra nos han dejado con un país que no para de sangrar. Tan sólo en enero de este año, México tuvo mil 938 homicidios. La maquina de guerra armada por Felipe Calderón y mantenida por Enrique Peña Nieto, nos ha dejado un país donde es normal abrir cualquier diario y leer de más muertos, desaparecidos y torturados.

FOTO: altasfrecuencias.wordpress.com
FOTO: altasfrecuencias.wordpress.com

La normalización de la violencia en México ha llegado a tal grado que, parece ser, los tomadores de decisiones se han olvidado que las víctimas de esta “estrategia de seguridad” son mexicanos y mexicanas, hombres y mujeres, de carne y hueso, con vidas y familias, con otros seres que quieren y les quieren. Las víctimas de esta guerra somos nosotros mismos, porque esta no es una guerra de “buenos” contra “malos” como a algunos les gusta vender. Esta es una guerra de mexicanos contra mexicanos, en su mayoría pobres, indígenas, migrantes y, sobre todo, jóvenes.

Para recordar esta cruda realidad, un grupo de activistas, académicos, políticos, periodistas, familiares de desaparecidos, torturados y muertos en el fuego de la guerra, se han reunido para lanzar la campaña: “Detengamos la militarización, formemos policías”. Un esfuerzo para recordarle a la sociedad mexicana, pero sobre todo a los tomadores de decisiones en este país, que la seguridad no se construye a punto de balazos. Que es posible y deseable tener una seguridad sin guerra en México.

La presencia de las fuerzas armadas a lo largo y ancho del territorio nacional debe retirarse, poco a poco. El día de hoy, las y los mexicanos queremos un país en paz, donde la justicia se haga valer. Un México que tenga policías fuertes, capaces, valoradas, y no donde extendamos la presencia del ejército por siempre. La lógica de nuestra política de seguridad no puede continuar siento una de guerra, porque nuestra sociedad no aguanta más los actuales niveles de violencia.

Cynthia Salazar Castillo, de Matamoros, Tamaulipas, recuerda en el marco de la campaña presentada el día de ayer cómo perdió a sus hijos: “Al de 10 años, le dieron un balazo aquí atrás. Al de cinco años, se me falleció en mis brazos. Yo quise ir a rescatar a mi hijo que quedaba atrás del coche, cuando quise ir, ellos [los militares] me aventaron algo, no supe qué, y yo me llené de esquirlas en la cara y el brazo y en todo el cuerpo. Del miedo mejor corrí y dejé a mi hijo ahí”, recuerda. La cara de miedo, impotencia y angustia de Cynthia es sólo una de los cientos de miles de familiares afectados por la política de guerra en México.

Entre 2006 y 2014, hubo un total de 1,273 denuncias por tortura a manos de militares. De hecho, en 9 años, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) ha sido señalada como responsable de tortura en 63 recomendaciones distintas por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Ante esta realidad es importante recordar el principio básico de cualquier política pública: si no puedes arreglar el problema, no lo empeores.

Algunos han querido llevar esta conversación a un falso debate, argumentando que señalar los errores y costos de tener al ejército en la calle equivale a denostar la institución castrense, su trabajo o, peor, defender a los criminales. Nada más lejos de la verdad. El único propósito de quienes defienden esa posición es seguir lucrando con el miedo de la población.

Es importante reconocer el importante trabajo que, en su mayoría, han hecho los soldados. Incluso, se debe conmemorar a los más de 209 militares que han fallecido en enfrentamientos de la estrategia actual. Al hacerlo, reconocemos que la vida de todas las víctimas nos duele igual. Porque no hay absolutamente nada que justifique el homicidio. Nada justifica la constante muerte que roe a nuestro país.

Diez años han sido importantes para aprender de nuestros errores, y decir que el ejército está hoy conduciendo actividades de patrullaje que no le corresponden no es –en lo absoluto– denostar su trabajo. Más bien, es apuntar que ese no debe ser su trabajo, ese es el trabajo de la policía que, acompañada del poder judicial, deben garantizar la seguridad y la justicia para todos.

Ante el debate nacional sobre la seguridad, este es el momento para cambiar de ruta. Para lograr una seguridad, debemos apostar a lo que sabemos que funciona y no, como locos, repetir nuestros errores ad nauseam. Detengamos la militarización de México y fortalezcamos nuestra democracia. Construyamos una estrategia de seguridad sin más guerra.

Post Scriptum: Mientras México debate si mantener o no al ejército en las calles, el Presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, presume cómo “por no gastar en ejército invertimos hasta el 8% del PIB en educación”. Aún así, hay políticos que creen que la guerra es el único camino hacia adelante.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Aram Barra

Internacionalista por la UDLA México y maestro en política y administración pública por New York University y University College London. Actualmente se desempeña como consultor independiente en temas de salud, seguridad y derechos humanos.

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