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Diario de una socióloga: ¿qué fue de las «promesas del mañana»?

Por: Kathia Elisa García


 

Ser joven y no ser revolucionario, es una contradicción hasta biológica.

-Salvador Allende

Prefacio: sugiero leer esta columna escuchando Zombie, de The Cranberries. 

Hace unos días murió Dolores O’Riordan, vocalista de The Cranberries. La noticia me impactó en el sentido de que, inevitablemente, tuve un flashback a mi época de la prepa. Recordé que escuchaba una y otra vez las canciones de la banda pero, sobre todo, escuchaba zombie. No tengo una razón concreta pero algo en la combinación de la extraordinaria y distintiva voz de Dolores, la música, la letra y mi propio contexto de vida en esos años, me provocaban una compulsión enorme por tener esa canción sonando en mis audífonos, como soundtrack para todo.

Volví sobre los rastros de lo que navegaba en mi mente por esos días y me detuve en algo en específico: los recuerdos del cubo. Probablemente me influenció todo lo que he vivido en los últimos años y mi innegable visión sociológica, la verdad. Creo que, en los años que estuve en la prepa (tres y uno extra de, digamos, profundización de conocimientos) entré tan solo un par de veces a dicho espacio: un salón de los más pequeños, con paredes pintadas en rojo y negro, algunos carteles de protesta, periódicos regados en el piso, latas de aerosol, y un habitante constante apodado, muy originalmente, Lenin. Al igual que las escasas memorias que tengo del cubo, tengo pocas imágenes en mi mente sobre las personas que confluían ahí, salvo, el hecho de que eran los primeros en aparecer cuando había huelga en la prepa.

¿Qué habrá sido de ellos? Me acuerdo que todos tenían un discurso muy parecido, un léxico tan similar que parecía que lo habían elegido a partir de las piezas sobrantes de un scrabble. No les prestaba mucha atención porque, simplemente, no me llamaban la atención. Ahora, años más tarde y una carrera universitaria cursada en una Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de por medio, veo totalmente diferente todo aquello. Sigo sin comprender esa particular obsesión por repetir un discurso añejo que, en esencia, me suena igual que en el 2008 y que sólo ha cambiado por el contexto en el que, intenta acoplarse. Por otro lado, ahora entiendo de donde surge y comparto varias de las preocupaciones de las que parte pero, mantengo una posición crítica frente a ellos.

Foto: telesurtv.net
Foto: telesurtv.net

Creo que soñaban con hacer una revolución, y digo –creo– porque jamás vi que hicieran algo que cambiara el paradigma, algo digno de tildarlo revolucionario. Me parece increíblemente contradictorio querer crear un cisma histórico, social y cultural repitiendo los mismos preceptos ideológicos heredados del siglo pasado (y más, si nos vamos a las raíces marxistas de Marx, por tautológico que parezca).

Yo no sé qué les haya sucedido y si lograron trascender sus objetivos, sus contradicciones y sus limitaciones pero, ojalá que sí.

Todo esto me llevo a recordar las veces en las que yo creí que habría un cambio radical y benéfico que surgiera de la sociedad y, sobre todo, de los universitarios. Tal vez, durante mucho tiempo pequé de idealista y, probablemente lo siga haciendo pero, me he negado a hincarme, doblar las manos y depositar toda mi fe en algo supra-terrenal. En el pasado reciente, creí firmemente que algo grande pasaría, que se escribiría en los libros de historia y en la memoria colectiva, que la sociedad se transformaría. Me sentí inspirada y sinceramente entusiasmada. Creí ver como algunas chispas encendían no sólo la puerta de Palacio Nacional sino, un brío decidido. Me refiero al movimiento #YoSoy132 y algunos sucesos previos al momento que dio origen.

El primer gran encuentro fue convocado en Las Islas de Ciudad Universitaria. Fui con muchísimas ganas, con un sentimiento indescriptible pero parecido a ese que se presenta cuando vas en camino al aeropuerto, a hacer un viaje que habías esperado o, cuando estas por encontrarte con alguien a quien quieres muchísimo y no veías en mucho tiempo. Llegué y me sentí abrumada por la cantidad de gente que allí estaba y el sentimiento colectivo de hartazgo pero de disposición por organizarse y hacer algo. Fue idílico. Era como si estuviera viviendo lo que muchas veces había leído entre líneas de textos de teoría social y novelas: estudiantes universitarios construyendo una base de organización social para –el cambio-.

Con el paso del tiempo, esa llama se fue apagando. Individualismos, protagonismos (chafísimas), mala organización y deslealtad terminar por ahogar todo, eventualmente y observando esto, yo misma tiré la toalla. Aún ahora, a algunos años de distancia, lo sigo considerando una de mis más grandes decepciones.

Un nuevo proceso de elección gubernamental se avecina y la urgencia de la sociedad por una organización social comprometida que los lleve de la mano por un sinuoso camino de candidatos de plástico, propuestas inviables, promesas vagas y chisme político pre-fabricado hacia un voto consciente e informado, es prioritaria.

Dudo mucho que una pancarta con consignas, una marcha que reclame al unísono el cinismo de políticos convertidos en candidatos, pintas en muros y burlas ácidas de dichos personajes, logren algo trascendente. No aludo a una censura de la libre expresión, me refiero a una crítica sincera y respetuosa. Quizá, ese no es el camino. Quizá la revolución que necesitamos requiere surgir desde sus más profundos preceptos, que a su vez, se conviertan en una organización humilde y de identidad colectiva, que derive en una praxis constante, responsable y justa. Quizás, quizás, quizás…

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Kathia Elisa García

Licenciada en sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es asistente de investigación en la misma institución y las líneas de investigación en las que trabaja se enfocan en la etnoarqueología, violencia entre jóvenes, procesos de exclusión y discriminación, identidad, etnografía y antropología.

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