Digo no…

Por: Carlos Castillo



Digo no a una clase política, los partidos, que me adjudica las consecuencias de decidir por uno que no pertenezca a sus grupos, como si fuese mi culpa el que esos partidos no hayan hecho lo suficiente en seis años para ganarse la confianza de mi voto.

Digo no a cargar esa culpa, que es más bien la de quienes lucraron con la esperanza como si el dolor de las y los mexicanos valiese solamente para la siguiente elección.

Digo no a que el premio a una sociedad civil participativa, propositiva y que pudo transformar el lenguaje de la política introduciendo en cuestión de meses conceptos tan profundos como “la 3 de 3“, quede relegada en beneficio de unos cuantos que supieron negociar los espacios que les garantizarían escaños en el Congreso.

Imagen: ridervo.com
Imagen: ridervo.com

Digo no a que la democracia partidista sea bajar la cabeza frente a grupos cerrados que deciden depositar el destino de millones en las manos de quienes no quieren, no saben o solamente se deben al amiguismo y no al mérito.

Digo no al que ofrece futuros que comprometen el presente en el altar del pragmatismo.

Digo no a la solución del redentor que, sin programa claro ni valores democráticos, busca beneficiarse de un discurso construido a modo, de una chabacanería agradable, de una desconfianza en todo lo que no sea él mismo.

Digo no al espectáculo de quien construye escenarios donde cada detalle es medido, programado y diseñado para no salirse del guión, como si el gobernar pudiera prescindir de lo contingente, de lo inesperado.

Digo no al que no da la cara sino en eventos con boleto numerado, en encuentros donde se le mira desde abajo y en torno como si fuese el iluminado que espera el aplauso de audiencias elegidas a modo.

Digo no a la mercadotecnia de los colores, a los videos de producción impecable, a los discursos ante los que solo se puede asentir y callar.

Digo no al aplauso acrítico, al elogio de la manada, al argumento fácil, a quien pone un fin lejano como pretexto para justificar unos medios que son abusos y tropelías.

Digo no a una democracia superficial que prescinde de valores y prácticas democráticas, que se limita a entenderme como un voto, que promete como futuro lo que no pudo cumplir en el presente, que exige justicia cuando se levantó sobre el abuso, que asegura equidad cuando hizo de la arbitrariedad una modus vivendi.

Digo no a que me culpen de que un populista llegue al poder porque opté por una alternativa ante la que sí me sentí representado.

Digo no a que me culpen de que los mismos corruptos de siempre sigan en el poder porque no encontré en la oposición razones suficientes para otorgarle mi voto.

Digo no a que reduzcan el discurso a un ‘b’, a un “yo o el caos”, a un “ahora o nunca”, porque sé que elegir es separarse de esos extremos y ponderar puntos medios, que es donde vive la gente “de a pie”.

Digo no a que inventen problemas con base en lo que está de moda, lo que es catchie o lo que cabe en un eslogan, porque sé, he visto y padecido que los problemas reales y urgentes son tres: seguridad, empleo y salud.

Digo no a la demagogia que me dice lo que quiero escuchar, al espectáculo que llena con luces lo que debe ser espacio para imaginación y creatividad, al cínico que habla de honestidad cuando representa a una banda de corruptos, al engañabobos que pretende ser él solo la solución de todos los males, al que representa solamente los intereses de una camarilla que no tiene idea de lo que le duele a su país.

Digo no al spot de impecable producción, al espectacular “fotoshopeado”, a quien jamás tuvo tiempo de una reunión, al que saluda a la gente y luego corre a lavarse las manos, al que estuvo cuando había reflectores y corrió en pos de las luces en lugar de quedarse a compartir oscuridad con los que permanecen aún a la sombra.

Digo no a todo eso.

Digo no porque mi voto no es compromiso con nadie sino honestidad conmigo mismo.

Digo no porque no soy voto duro’ ni cuota de nadie, tampoco responsable de las omisiones y las acciones de quienes se ofrecen como remedios a lo que antes ni pudieron ni quisieron cambiar.

Digo no porque sé que hay alternativas y opciones.

Digo no a todo eso. Y acepto mi responsabilidad.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

Te puede interesar

#Opinóloga

¿Votar o anular o dejar de jugar?

Comparte en WhatsApp “Te quiero en mi paraíso, es decir que en mi país, la ...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>