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¡Disparen pasteles!

Por: Don Porfirio Díaz


Está bien, la cosa no es tan fácil; pero no me van a negar que cuando escuchan “La Guerra de los Pasteles” no se imaginan a titipuchal de soldados y generales aventándose bizcochos, conchas, y mucho betún.

El conflicto, ya después conocido como la Primera Intervención Francesa, realmente nació por las relaciones tensas que mantenía México con Francia, en la década de los treinta en el siglo XIX, en parte porque a los comerciantes franceses se les habían retirado ciertos privilegios. Aunque lo que detonó el conflicto real fue que unos soldados de Antonio López de Santa Anna fueran a una panadería en Tacubaya y se fueran sin pagar la cuenta de varios pasteles. El dueño del negocio, un repostero francés, también argumentó que dichos soldados estaban hasta las manitas, y que le habían destruido el local. El mentado francés pedía sesenta mil pesos, de aquel entonces, una suma nada despreciable.

FOTO: wikimexico.com
FOTO: wikimexico.com

Como si la situación no fuera ya lo suficientemente complicada, un francés fue fusilado en Tampico, acusado de piratería. Ya ven que a los mexicanos nos gusta echarle leña al fuego. Total, para no hacerles el cuento largo, Francia nos mandó nada más y nada menos que diez buques de guerra, y mandaron un ultimátum que vencía el 15 de abril de 1838: “o nos pagas por todo lo que han sufrido nuestros ciudadanos franceses con todas tus revoluciones o nos vamos a cobrar”. No en esos términos, claro está, pero sí con ese espíritu. Y en México, que somos bien valientes para no pagar, y además ni dinero teníamos desde la Guerra de Independencia, pues básicamente les dijimos que no íbamos a ceder a sus presiones.

El 16 de abril, los franceses mandaron más buques e insistieron en su petición: “México tiene que pagar 800 mil pesos: 600 mil para la liquidación general de los daños sufridos por los franceses y 200 mil como indemnización de los gastos de la flota francesa anclada en la costa mexicana. Y hazle como quieras.” Además, bloquearon los puertos mercantes mexicanos por ocho meses. ¿Se imaginan lo que es eso? Si de por sí nuestra economía estaba mal, eso lo puso peor.

FOTO: alternativo.mx
FOTO: alternativo.mx

En noviembre de ese año, se rompió toda negociación de parte de ambos gobiernos y empezó la guerra. De su lado Charles Baudin, del nuestro Antonio López de Santa Anna, quien destacó en el ámbito militar. Lástima que no sólo perdió la guerra, sino también una pierna. Todo mal.

El nueve de marzo de 1839 se firmó el mentado tratado de paz, donde nos comprometíamos a pagar las indemnizaciones: 600 mil pero no a mantener las garantías exigidas para los extranjeros en el futuro. ¿Cómo? Con tanta guerra, revolución, levantamiento e invasión, no se podía garantizar el bienestar de ciudadanos mexicanos, mucho menos el de los extranjeros. Ya Francia quedó contento con ese tratado y se fueron de regreso a su país. Y como en México somos rebuenos para burlarnos de todo, pues nos acordamos del pastelero francés que pedía la suma ridícula por su cuenta y le pusimos al conflicto La Guerra de los Pasteles.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Don Porfirio Díaz

@DonPorfirioDiaz es el alter ego de Pedro J. Fernández, autor de dos novelas históricas “Los Pecados de la Familia Montejo” y “La Última Sombra del Imperio”. Fue dialoguista de la teleserie “El Sexo Débil” y ha colaborado con varios medios nacionales con artículos históricos.

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