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El debate presidencial: la alternativa es cosa de uno solo

Por: Luis Jaime Estrada



Dentro de la ya de por sí cuestionada democracia mexicana, uno de los déficits procedimentales que más críticas genera, por su formato rígido y anquilosado, había sido el debate entre los candidatos a la presidencia. Sin embargo, este domingo, el Instituto Nacional Electoral se apuntó un acierto al transformar el formato anterior y establecer algunos cambios como el hecho de que fueran tres moderadores (periodistas) y no solamente uno, que existieran preguntas de seguimiento (puntuales, directas, investigadas) y la posibilidad de réplica constante que permitió presenciar un debate un poco más ligero y con posibilidades de profundizar en las temáticas planteadas: seguridad y justicia, corrupción e impunidad, y atención a grupos en situación de vulnerabilidad.

Foto: univision.com
Foto: univision.com

De este primero de tres debates, podemos obtener algunas ideas. Primero, en lo referente a las candidaturas independientes, la deuda política con la que Jaime Rodríguez y Margarita Zavala concluirán esta contienda electoral: ninguna articulación de estrategia ciudadana incluyente, clara representación de intereses de grupo y la exhibición de carencia de contenido político por parte de ambos, una tendiente a lo gris, sin sentido de lo que un debate político implica, y el otro exhibiendo el profundo perfil autoritario que le caracteriza con propuestas que rayan en lo ridículo pero que al mismo tiempo preocupan: militarizar las educación y castigos físicos de tortura y mutilación sobre los delincuentes y corruptos (literal, “cortarles las manos”).

Segundo, que a pesar del formato transformado, no hay espacio para reflexiones profundas sobre las propuestas de los candidatos. Y tal vez deba entenderse algo aquí: no es el lugar para hacerlo. Estos debates están dentro de una lógica de exhibición y pasarela político-mediática cuya finalidad inmediata, importantísima, me parece, es despertar el debate, la opinión y la toma de posicionamiento de los ciudadanos en torno a lo que escuchan y observan. ¿Quién “gana” un debate? No aquel que tiene las mejores propuestas, tampoco aquel que mejor las expone, sino el “más fresco”, “seguro”, “que mejor conectó” y un sinfín de características orientadas más a las emociones y percepciones de los votantes que a un ejercicio racional y analítico complejo, pero insisto, es correcto, para eso son los debates televisados en el mundo, no es un asunto endémico de México, es un tema, en dado caso, de comunicación política y las formas en las que se construye en las democracias occidentales.

Finalmente, la conclusión que me parece más importante es que más allá de los proyectos y propuestas particulares, retomaría las ideas de Anaya en las que tanto insistió, pero dándole un matiz:

“El PRI ya se va, lo que queda es qué proyecto de nación se quiere construir”.

Nos presenta dos alternativas, la que él representa y la de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, me parece un falso supuesto, porque en el fondo, la propuesta de la alianza PAN-PRD-Convergencia, no representa una “alternativa” al proyecto del PRI, por el contrario, desde la alternancia en el 2000, ha quedado claro que obedecen a los mismos intereses de clase y que están dispuestos a hacer lo necesario por proteger sus privilegios: en 2006, los priistas de Madrazo declinaron implícitamente por Calderón cuando el tricolor no veía posibilidades de regresar al poder; en 2012, los panistas de Vázquez Mota se alinearon al final con el proyecto de Peña cuando la candidata no logró levantar en las preferencias electorales; en 2018, después de una alianza a todas luces incongruente e inconsistente con el PRD, se perfila una declinación implícita de los priistas de Meade en favor de Anaya. A final de cuentas, insisto, son los intereses de clase y los privilegios lo que los hermana, pero, sobre todo, el peligro que representa para ellos (sí, para ellos sí es un peligro, para sus intereses y privilegios), la potencial llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder.

De tal forma que es falsa esa idea de que se trata de dos alternativas frente al PRI. La alternativa la representa un solo candidato con un proyecto que ha denunciado de manera consistente la corrupción e impunidad del PAN y el PRI en los últimos 18 años, las consecuencias del sistema económico neoliberal sobre los bolsillos de millones de mexicanos, la pobreza extrema que crece año con año, los millones de jóvenes que se han quedado sin opciones de estudio, la falta de empleo o los empleos precarios, la indefensión de millones sin acceso a la salud pública y digna y una lista de factores que mantienen a los mexicanos en la precariedad producto de la ambición rapaz de quienes nos han gobernado.

Quedan muchos días en esta campaña, muchas cosas pueden suceder y las encuestas no son, ni medianamente, una fuente confiable de la cual sostener un argumento consistente. Pero no nos confundamos, hoy nos enfrentamos a dos modelos políticos y económicos que contienden por ganar la elección: la primera, que representan cuatro de los cinco candidatos unidos por la defensa de sus intereses y privilegios, y la segunda, de un solo candidato que llega a la contienda con un proyecto largamente construido durante 18 años que ha recogido las voces y sentimientos de millones de mexicanos.

Postdata: ¡Cuánta falta hizo la voz de Marichuy en el debate! La voz de la digna rabia, de los excluidos, de un mundo que nunca pudo ser comprendido por ninguno de los que ayer vimos en el debate, periodistas incluidos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Luis Jaime Estrada

Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, con estudios de investigación doctoral en el área de Sociología del delito en la Universidad de Salamanca, España. Colaboró en la Subsecretaría de Prevención y Participación Ciudadana de la SEGOB para la elaboración metodológica y conceptual del Programa Nacional para la Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia; y como asesor en materia de prevención del delito en la Jefatura del Estado Mayor Policial de la Ciudad de México. Actualmente es profesor-investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM y Director de Investigación Social en el Instituto Ciudadano para la Gobernanza Democrática S.C. Ha participado como ponente en diversos congresos nacionales e internacionales y ha escrito distintos artículos académicos en torno a la violencia y la inseguridad. Es autor del libro Violencia, discurso y simbolismo de crueldad.

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