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El final necesario y esperado

Por Bryan Lechuga


Esta por llegar el fin oficial del sexenio de Enrique Peña Nieto, un presidente castigado en las urnas, despreciado por la opinión pública, criticado por la prensa internacional. Tan lejos de aquel hombre que iba a salvar a México y tan cerca de todo aquello que lo empeoró. La corrupción desatada, la violencia desbocada, la impunidad arraigada. En lugar de mover al país, reforzó las prácticas que lo condenan al subdesempeño permanente. En vez de dar un paso a la modernidad, resucitó los usos y costumbres de la rapacidad. El nuevo PRI, que nunca lo fue, regresó para robar y vorazmente. Porque el residente de Los Pinos dijo que era posible hacerlo, sin controles y sin sanción.

Fuente: noticieros.televisa.com
Fuente: noticieros.televisa.com

Tanto él como su gabinete cercano, con un estilo personal de ejercer, de gobernar, marcado desde el inicio por aquello que los griegos llamaban “hubris”. Orgullo, vanidad, presunción. Revelado desde el inicio del sexenio por el Telepresidente, la cúpula empresarial, las televisoras y los cuates que compraron e impulsaron la narrativa del reformismo modernizador. Las 11 reformas estructurales necesarias, el Pacto por México aplaudido, el consenso político forjado. La sacudida que el peñanietismo prometía darle a un país paralizado. El sentido de superioridad que acompañó al mexiquense y a su equipo. Ellos, inteligentes; ellos, estratégicos; ellos, visionarios, se repetía una y otra vez. Desde el pináculo del poder llegaron para concentrarlo y usarlo a sus anchas. Pero la soberbia que los propulsó también fue su perdición.

 
Rodeado de aduladores que lo protegían, Peña Nieto pasó el sexenio mirándose en el espejo. Vio ahí lo que quería ver y no al país que lo rodeaba y le reclamaba. México desigual, México violento, México inseguro, México enojado.


Pero ni él ni la cofradía mexiquense que lo acompañó fueron capaces de revitalizar el ejercicio del poder priista. No supieron o no quisieron adecuarlo al contexto que la modernización prometida exigía. Más bien importaron sus vicios más acendrados desde Atlacomulco. Ante la incertidumbre de conservar el poder transexenal, optaron por ejercerlo rapazmente.

Prometieron rehabilitar al priismo cuando en realidad sólo acentuaron sus vicios. Un sexenio donde el reformismo acabó saboteado por el clientelismo; donde la transformación terminó minada por la corrupción.


Y los resultados están ahí, un presidente desacreditado y un partido diezmado. Peña Nieto calificado como uno de los peores presidentes de la era moderna y el PRI rechazado como una de fuerza política execrable. El salvador de México que fue cavando su propia tumba, acto arrogante tras acto arrogante. Un personaje que se despide sin prestigio, cargando consigo injurios que lo perseguirán por doquier. Quien buscó adueñarse de todos los espacios de poder ahora no aparece en ninguno de ellos. Como si ya no gobernara, como si no quedaran meses antes de pasar la estafeta a su sucesor.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Bryan Lechuga

Abogado, asesor y analista político, con estudios de posgrado en la UNAM. Ha ocupado diversos cargos en la administración pública de la Ciudad de México, espacios donde ha promovido la incorporación de conocimientos e ideas que permitan el desarrollo de políticas públicas más eficientes.

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