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El gabinete paritario de AMLO y la voz de las mujeres

Por Diana Luz Vázquez


Hace un par de días tuve el honor de presentar el libro del doctor Sixto Moya, Pasión disruptiva, un retrato biográfico de Juana Inés de Asbaje y Ramírez, conocida como Sor Juana Inés de la Cruz. En el foro, discutimos sobre la importancia de acceder al conocimiento, el derecho a pensar de las mujeres y a que se reconozca que pensamos. Parece sencillo, pero lo cierto es que lograrlo, es sumamente difícil, sobretodo en los áridos terrenos del poder y la política.

Los hombres del poder pretenden seguir utilizándonos rehusándose a cumplir con los principios de paridad del nuevo orden mundial y la situación se acentúa más en las entidades federativas donde la voz todopoderosa de los gobernadores (solo tenemos una gobernadora en la actualidad) no da cumplimiento a gabinetes inclusivos, aunque lo hayan prometido en campaña; porque no quieren ceder el poder, ni mucho menos compartirlo con mujeres. No les parecemos lo suficientemente capaces ni merecedoras de ejercerlo pese a que ganen con nuestros votos y activismo.

Fuente: news.culturacolectiva.com
Fuente: news.culturacolectiva.com

Por eso, mujeres disruptivas han abierto el sendero en búsqueda de la igualdad. Ahora, es necesario trasladar el escenario de Juana Inés a la realidad de muchas mujeres que ambicionan poder, una ambición justa, como la de los hombres: participar en la toma de decisiones. No buscamos matrimonio, buscamos la realización personal, el conocimiento, el reconocimiento del derecho a pensar, pero también a decidir, a participar, a influir en el poder aunque los hombres nos teman. Siguen necios, ridiculizando a las mujeres que participan en política y en la mayoría de los casos, simulando la inclusión.

La participación política de las mujeres es reciente y con muchas resistencias. Apenas se logró la paridad en el congreso pero las violencias machistas continúan todos los días en las calles, en el metro, en los puestos directivos que siguen perteneciendo a hombres, en las columnas de los diarios de mayor circulación en donde las plumas de quienes escriben, predominan los hombres; con la gran cantidad de feminicidios, con mujeres políticas que se mimetizan con elementos masculinos para obtener el respeto de los hombres, cada vez menos por fortuna, pero aún podemos percibirlo.

Hay que decirlo como es: a las mujeres el poder también nos gusta, nos atrae, lo deseamos. No venimos a bordar ni a tejer, mucho menos a concebir la maternidad como un fin; queremos el poder y estamos seguras que podemos y podemos ejercerlo bien y para el bien.

Mary Bread en su libro Mujeres y poder nos comparte historias de lo que en la antigüedad sucedía con las voces de las mujeres:

Aristófanes dedicó una comedia entera a la hilarante fantasía de que las mujeres pudieran hacerse cargo del gobierno del Estado. Parte de la broma consistía en que las mujeres no podían hablar en público con propiedad, o más bien que nos podían adaptar su charla privada (que en este caso estaba centrada básicamente en el sexo) al elevado lenguaje de la política masculina. En el mundo romano, las Metamorfosis de Ovidio, Júpiter convirtió en vaca a la pobre Ìo para que tan solo pudiera mugir, no hablar; mientras que la parlanchina Eco es castigada a que su voz no sea nunca la suya, a ser un simple instrumento que repita las palabras de los demás.

Si la voz de las mujeres ha intentado ser silenciada y cuando ha logrado emitir posicionamientos en el discurso público se le encasilla a temas específicos de género, entonces la participación política y el acceso al poder sigue en constante proceso porque nuestros convencionalismos culturales de persona poderosa continúan siendo masculinos.

Clara Serra, filósofa, política feminista y diputada en la Asamblea de Madrid, publicó este año su libro Leonas y Zorras, un documento de estrategias políticas feministas para precisamente, llegar al poder y saber qué hacer una vez que se obtiene. La destaco porque su análisis me parece enormemente valioso al describir de forma precisa qué es lo que sucede cuando las mujeres participamos en una campaña política y simplemente se nos utiliza para las fotos, para el discurso de “inclusión femenina” pero cuando llega el tiempo de repartir el poder, no existimos.

Los hombres permanentemente encierran a las feministas: compañeras necesarias de viaje que siempre están ahí, dedicadas a sus cosas, que tienen muy claros sus principios y sus ideales, pero que no tienen mucho que aportar a la hora de pensar cómo tomamos el poder. Si algo define más claramente que ninguna otra cosa nuestra exclusión del campo de la política es que ni estamos ni se nos espera a la hora de pensar cómo ganar.

La autora justifica el nombre de su obra en Maquiavelo, el consejero político más famoso de todos los tiempos, quien tiene un célebre pasaje en el que afirma que

los príncipes o gobernantes deben saber imitar, de entre todos los animales, al león y a la zorra, porque sus respectivas virtudes son imprescindibles para la política. ¿Qué pasa sin embargo, cuando las mujeres -olvidadas por Maquiavelo, la política y la historia- reclamamos también ser leonas y zorras? Que el título de este libro tenga algo de escandaloso e incómodo tiene del todo que ver con la exclusión de las mujeres de la esfera pública y del ejercicio de la política, cuyos pilares -la fuerza del león y la persuasión de la zorra- han quedado fuera de nuestro alcance, nos dice.

Volvamos a lo que sucede con la voz de las mujeres. Es el derecho a tener voz el que reclamamos, pero no puede existir la voz sin el pensamiento, por eso también reclamamos que se nos reconozca el derecho a pensar. Capaces de formular la estrategia y no sólo de su aplicación, de disputar el poder desde el debate público y no desde percepciones patriarcales ni concesiones.

Estamos en el mejor momento, donde la agenda internacional es la agenda de las mujeres. Donde los ejemplos de gobiernos paritarios comienzan a ser una realidad. Pedro Sánchez en España presentó un gabinete histórico que ha dado muestra al mundo de la inclusión de las mujeres en espacios de decisiones, en el acceso al poder; el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, y el presidente de Francia, Emmanuel Macron hicieron lo propio con antelación. En el panel canadiense de 29 ministros, 15 son mujeres, mientras que en el francés de 17 ministros, 8 son mujeres. Otro ejemplo es el de Angela Merkel, de Alemania, quien inició su cuarto mandato con un gabinete de 15 ministros, de los cuales 6 son mujeres.

Acertadamente en México, Andrés Manuel ha presentado a las mujeres clave en su gabinete: Olga María Sánchez Cordero, secretaria de Gobernación; Graciela Marquez Colín, secretaria de Economía; Rocío Nahle, secretaria de Energía; Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública; María Luisa Albores, secretaria de Desarrollo Social; Luisa María Alcalde, secretaria del Trabajo y Previsión Social; Alejandra Frausto, secretaria de Cultura; Josefa Ortíz Mena, secretaria de Medio Ambiente y Ana Guevara como secretaria del Deporte.

La Cámara de Diputados estaría conformada por 246 hombres y 254 mujeres, mientras la Cámara de Senadores estará integrada por 65 mujeres y 63 hombres, un hecho nunca visto en la política mexicana.

Nos encontramos en un escenario lleno de expectativas en el que la historia habrá de tener un giro por demás interesante. Posiblemente, motivo de los próximos ensayos donde figuren las aportaciones de mujeres que están construyendo esos capítulos para terminar de una vez por todas por el patriarcado lascerante. El derecho a pensar de las mujeres y el acceso al poder parece avanzar, aunque la igualdad continúa en construcción.   

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Diana Luz Vázquez Ruíz

Comunicóloga feminista. 31 años, maestrante en Gobierno y Políticas Públicas en la Universidad Panamericana, expresidenta municipal de Santa Cruz Xoxocotlán, Oaxaca.

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