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El gozo salvaje en San Fermín

Por: Miguel Guerrero


Nada más comenzar las fiestas de 1929, Hemingway llegó una noche totalmente borracho acompañado de dos prostitutas. Paulina dormía ya; y él, sabedor de ello, pidió al conserje de noche que le diese otra habitación para él y sus acompañantes. Tan sólo media hora después, en medio de un gran alboroto, ellas salían corriendo desnudas de la habitación, mientras él, en calzoncillos, las corría insultándoles…

Este es un relato de Eustaquio Ardanaz de 1929, un empleado del Hotel Quintana donde solía hospedarse el escritor Ernest Hemingay cada vez que asistía a la Pamplonada en San Fermín.

Una vez allí, la rodearon entre los cinco, le quitaron la riñonera y el jersey y le bajaron los leggins y el tanga. Ellos, a su vez, se bajaron los pantalones y la ropa interior y, valiéndose de su superioridad física y numérica le obligaron a realizar diversos actos sexuales con cada uno de ellos… Colocándola de rodillas y rodeándola entre todos, le obligaron a hacer felaciones a los cinco acusados… la penetraron anal y vaginalmente, llegando a eyacular sin la utilización de preservativo… Algunos de los accesos carnales se produjeron de forma simultánea, al colocar a la víctima en la posición de doggy style, siendo penetrada anal o vaginalmente por alguno de los acusados mientras le obligaban a hacer felaciones a otros, permaneciendo todos a su alrededor masajeándose los penes para mantener la erección y animándose unos a otros o reclamando su turno. Igualmente, obligaron a la víctima a realizar un ‘beso negro’… Mientras se realizaban los hechos anteriormente citados, dos de los acusados, sin el conocimiento de la víctima, pero con el consentimiento del resto de acusados, grabaron vídeos y sacaron fotografías con sus teléfonos móviles.

Este es un fragmento del relato de la Fiscalía de España sobre la violación tumultuaria que sufrió una joven de 19 años que acudía a su primera Pamplonada en 2016.

Foto: starmedia.com
Foto: starmedia.com

Hemingway decía sobre los encierros de San Fermín que era “un espectáculo capaz de hacer que uno se levante de la cama a las cinco y media de la mañana durante varios días seguidos”; mientras que muchas mujeres se unen a la frase “Pamplona libre de agresiones sexuales” y, por otro lado, activistas de AnimaNaturalis PETA dicen “Yo quiero un San Fermín sin sangre” 

Todo comienza con el chupinazo, el lanzamiento de un cohete desde el balcón del Ayuntamiento de San Fermín, que indica el inicio de la celebración el seis de julio a las 12 horas y se exclaman los gritos de júbilo de las personas que se congregan en la plaza, desde oriundos, propiamente españoles y extranjeros. Le siguen del 7 al 14 de julio los días de encierro: 825 metros de distancia que recorre una multitud delante de unos toros que entrarán a una plaza para morir ahí.

Foto: thinglink.com
Foto: thinglink.com

El gozo comienza al escuchar el estruendo del chupinazo como símbolo de la autorización para hacer de San Fermín esa fiesta que le llaman de la Pamplonada. Las imágenes hablan mucho de ello y las actitudes de muchas personas que asisten hacen posible ese adjetivo de gozo salvaje.

Hay una apología de la violencia en la Pamplonada, donde la adrenalina se obtiene a partir de la angustia de un animal que va corriendo hacia su muerte, donde la diversión es animada con alcohol corriendo por las calles, buscando la oportunidad de obtener una satisfacción sexual de una de las asistentes, encontrando cualquier pretexto para salir de la cotidianidad para ellos que implica el respeto hacia las personas.

Un gozo salvaje donde el olor a muerte de los toros es lo que guía el correr de cada persona sobre las calles de San Fermín, que convierte en héroes a las 19 personas que han muerto en ese tumulto de gente desde que se realiza año con año la Pamplonada, donde se minimiza las violaciones sexuales que han ocurrido con motivo de la “fiesta” y se celebra el acoso contra las mujeres con el derecho que otorga estar en una celebración donde el respeto y trato digno hacia los seres es lo que menos importa.

Es un gozo salvaje que no se justifica por nada ni por nadie.

Ni la tradición y costumbre de la llamada fiesta brava, donde se dan cita personas con aspiraciones de roces sociales, que buscan la mejor foto para presumirla en redes sociales y alcanzar de manera aparente un status económico y social que deja que mucho que desear ante su nivel moral y cultural en una sociedad que no puede seguir alimentándose de la violencia en cualquiera de sus formas y expresiones. No justifica la historia de un pueblo el asesinato de animales a la vista de todo el público y la antesala de dolor a la que es sometido antes de salir al ruedo para acostumbrarlo al sufrimiento y guiarlo a su destino que es morir a manos de personas que se divierten observando la lucha por sobrevivir de un ser vivo.

George Orwell decía en Rebelión en la Granja “Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.” San Fermín y el gozo salvaje es un reflejo de la violencia social a la que nos quieren acostumbrar y que se normaliza en las calles, donde efectivamente hay una confusión con los animales por la falta de razón en nuestro actuar y manera de comportarnos.

Foto: badajozylaguerraincivil.blogspot.mx
Foto: badajozylaguerraincivil.blogspot.mx

El gozo salvaje de San Fermín debe terminar como símbolo de confort, de beneplácito de la violencia, de la licencia social para no respetar a las personas y para celebrar la sangre que anuncia la muerte de un animal. El gozo salvaje de la Pamplonada es inaceptable por dignidad, respeto y amor entre todos los seres, humanos y no humanos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Miguel Guerrero

Es Licenciado y Maestro en Derecho por la UNAM en la vertiente de investigación filosófica. Candidato a Doctor en Derecho en la UNAM. Académico de Asignatura de Amparo en la Facultad de Derecho de la UNAM. Se ha desempeñado como servidor público en el Gobierno de la Ciudad de México en las delegaciones Coyoacán y Tlalpan. Asesor Parlamentario y Secretario Técnico en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la Cámara de Diputados, con trabajo profesional y académico enfocado al área de derechos humanos. Padre orgulloso de Moka y Hércules.

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