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El mero mero del PRI

Por: Jorge M Galván


 

El mero mero del PRI se llama Enrique Peña Nieto. Esta afirmación es chocante para Pepe Meade, no por contradecir una fallida estrategia de comunicación de precampaña, sino por evidenciar un grave problema estructural en su nominación presidencial que de no corregirse pondrá en riesgo el proyecto de transformación nacional en el siglo XXI.

Foto: ultranoticias
Foto: ultranoticias

El problema de Pepe Meade apareció en dos etapas. Primero Pepe Meade tuvo un costo asociado no previsto de ser candidato no militante del PRI y en segundo lugar hoy está en una situación de riesgo moral asociada a su costo inicial.

Haber elegido un candidato simpatizante tiene costos asociados no previstos. Nombrar a Pepe Meade como candidato simpatizante sin militancia priista está bueno por sí mismo. Aquí nadie me tiene que convencer de lo contrario si hasta yo voté como delegado en la Asamblea XXII para abrir el Partido a la ciudadanía. El costo de tener un candidato simpatizante es, por definición, que no controla la estructura del partido necesaria, pero no suficiente, para ganar la elección presidencial.

Una de las características del PRI en gobierno es que en el momento en el que se nombraba al candidato presidencial no sólo el aparato del partido sino también la burocracia se volcaba en su apoyo porque ahora el poder político y burocrático dependían del candidato.

El poder del Presidente disminuía porque había un nuevo jefe político en el momento en el que el PRI nombraba a su candidato. A pesar de disminuir el poder presidencial no existían vacíos de poder porque éste se transfería al candidato. Las desviaciones priistas hacia otros partidos en equilibrios previos a nivel local que vemos hoy en día responden al vacío de poder y por tanto representan externalidades negativas de la falta de control político del candidato sobre el partido. La incertidumbre sobre la residencia del poder político ha hecho menos costosa la desviación.

La nueva ubicación del poder político era reconocida por todos los actores, no había incertidumbre. Cuando se nombraba candidato los destinos de todos los actores pasaban a depender ya no del Presidente de la República sino del candidato a la presidencia. Una de las prioridades del nuevo receptor del poder político priista era la de nombrar y coordinar a su equipo político que le ayudaría a alcanzar la presidencia.

No es casualidad que una de las primeras cosas que hizo Peña como candidato haya sido promover el nombramiento de una nueva dirigencia en el partido. Quisiera pensar que la estructura del partido en la campaña de Miguel de la Madrid dependió de López Portillo pero me cuesta trabajo.

Pepe Meade como candidato simpatizante no tuvo oportunidad de hacerse de la estructura del partido y nadie le dijo que tenía que hacerlo. Si Pepe Meade no tiene el control absoluto de su campaña presidencial, es decir, si no es el mero mero difícilmente va a ganar.

Foto: siete24
Foto: siete24

En la precampaña de Pepe Meade las personas encargadas de la estrategia de su comunicación son las personas encargadas de la estrategia de comunicación del Presidente Peña; las personas encargadas de la estrategia digital de Pepe Meade son las personas encargadas de la estrategia digital del Presidente Peña; lo que es aún más revelador es que las personas encargadas de la estructura del partido le responden directamente al Presidente de la República y no a Pepe Meade.

Que el Partido despache en Julio Verne (cerca de Los Pinos) y alejado de Insurgentes 59 (cerca de la estructura) es indicativo de quién manda en la campaña de Pepe Meade. Los economistas llamamos riesgo moral a este tipo de situaciones como en la que se encuentra Pepe Meade.

El riesgo moral aparece en un problema de agente-principal, donde una parte es el agente (en este caso Pepe Meade) y otra el principal (la estructura del partido) quien actúa en nombre del agente (cualquier persona dentro o fuera de su campaña que trabaja para él pero no depende políticamente de él). Usualmente el agente (la estructura del partido) tiene más información sobre sus acciones o intenciones que la que tiene el principal (Pepe Meade) porque el principal usualmente no es capaz de monitorear al agente.

El agente puede tener incentivos para actuar en detrimento del principal si es que los intereses del agente y el principal no están alineados. Una forma de superar el problema de riesgo moral que tiene Pepe Meade es hacer que toda las estructuras de su campaña y del partido dependan de él y de nadie más (que tenga capacidad perfecta de monitoreo sobre la estructura pues).

En el ejercicio del poder la sana cercanía entre partido y gobierno ha demostrado efectos positivos para la gobernabilidad. Durante las campañas presidenciales la sana distancia entre partido y gobierno ha demostrado efectos positivos para la aspiración presidencial con excepción del 88, 94 y 2000. El que Pepe Meade logre superar su problema de riesgo moral (con monitoreo perfecto de sus agentes) le permitirá marcar la sana distancia (necesaria, exigible e históricamente lo que se espera) con el poder presidencial durante la campaña presidencial.

Foto: theworldnews.net
Foto: theworldnews.net

Por más que me gustaría que lo fuera, hoy Pepe Meade no es el mero mero del PRI; si lo fuera no habría necesidad de decirlo, mucho menos de hacerlo hashtag.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Jorge M Galván

Investigador de Política Social en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha enfocado su investigación en sistemas de seguridad social, Estado de Bienestar, política educativa y soluciones intensivas en el uso de datos y métodos cuantitativos para acabar con la pobreza. Maestro en Administración Pública con especialidad en Política Social por la Universidad de Columbia en donde fue alumno de Jeffrey Sachs, asesor del Secretario General de las Naciones Unidas y Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía.

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