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El periodo del desencanto

Por: Bryan Lechuga



Aquí atorados en el largo proceso de desencuentros, rupturas, deslealtades y corrupción que fue minando la esperanza de dignificar y consolidar el régimen democrático del país. Tendríamos que intitular los últimos años como el periodo del desencanto. Un periodo específico, determinado, cognoscible, comprendido entre diciembre de 2012 a la fecha. Un ciclo fechable que empieza con el regreso del PRI a Los Pinos, reformas ineficaces y gobernadores prófugos de la justicia. Un ciclo de todo lo que hemos presenciado y padecido desde entonces.

FOTO: alcontacto.com.mx
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Atrás quedaron los acuerdos sensatos y honestamente comprometidos con la construcción de un nuevo régimen democrático. Atrás quedaron los pactos que tenían como objetivo una repartición más justa y más ciudadana del poder. En su lugar han quedado las malas artes y los conflictos. La transición de un sistema de partido prácticamente único a uno en el cual los beneficiarios fueron otros partidos, con sus arcas repletas de dinero público. La polarización de la sociedad producto de los pleitos incesantes entre la clase política. La sensación de que la democracia no ha servido para resolver los problemas del país sino para exacerbarlos.

Y la angustia compartida ante la certidumbre de que la vida pública se ha corrompido –sin distinciones ni matices– entre partidos y gobernantes. La desilusión colectiva ante el abandono de las promesas de profesionalización de la gestión pública. Ante la prevalencia de la cercanía, la amistad y las lealtades políticas en el nombramiento de funcionarios públicos. Ante el franco rechazo de los gobiernos a la apertura de toda la información relevante. Ante la opacidad que persiste en la fiscalización del dinero público a nivel federal, estatal o delegacional. Sigue la repartición del botín partidario sin consecuencias. Sin efectos. Sin sanciones.

La economía sigue sin crecer lo que debiera. La deuda de la desigualdad social sigue sin ser saldada como podría. Poco a poco vamos cobrando conciencia de que los errores de gestión del gobierno no se han corregido. Las autoridades siguen asignando recursos crecientes a programas politizados que, en lugar de igualar a la sociedad, la hacen más desigual y generan mayores incentivos para la informalidad.

Las autoridades siguen gastando el dinero público a manos llenas en medio de fallas, equivocaciones y actos de corrupción. Todos estos problemas acumulados no han encontrado sanción ni solución. No vemos soluciones de conjunto.

¿Y nosotros qué? ¿Cuál ha sido el papel de los ciudadanos frente a esta descomposición? Ha habido reacciones sociales sin que logremos plantear una ruta alternativa eficaz a la trazada malamente por los partidos. No hemos logrado diseñar una agenda capaz de sacudir a la clase política. Hay una larga lista de heroísmos locales e individuales; de aquellos que han alzado la voz en distintos momentos frente a los abusos; ha habido marchas multitudinarias en distintas latitudes del país que expresan la indignación, el hartazgo, el miedo; ha habido un cúmulo de estudiantes que exigen más de lo que el gobierno les ofrece y no están dispuestos a conformarse. Pero nada ha sido suficiente.

FOTO: welivesecurity.com
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La ruta del deterioro prosigue. Porque ninguno de los que poseen poder quieren abandonar el guión que les permite ejercerlo con impunidad; porque los actores fundamentales siguen siendo los mismos y lo único que queda es seguir exigiendo, seguir la ruta de lo insuficiente para que se vuelva suficiente. Aprovechar las nuevas tecnologías de la información. Demandar libertad, conciencia, respeto. Declarar que estamos hartos de la violencia, de la manipulación mediática, del control obstinado y corrupto de los partidos políticos, del cinismo de los que creen que pueden engañar a cualquiera, de la falta de horizontes creíbles. Nos queda entonces pasar a la vida activa en todos los planos, en todos los espacios. Aprender a ser ciudadanos. Defender la agenda democrática por encima de todo y de todos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Bryan Lechuga

Abogado, asesor y analista político, con estudios de posgrado en la UNAM. Ha ocupado diversos cargos en la administración pública de la Ciudad de México, espacios donde ha promovido la incorporación de conocimientos e ideas que permitan el desarrollo de políticas públicas más eficientes.

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