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El repostero de Berlín: un postre de emociones

Por Citlaly Aguilar


Desde hace quince años en México se celebra el Festival Internacional de Cine Judío, el cual permite conocer más sobre la riqueza de la cultura hebrea a través de propuestas fílmicas que son proyectadas en diversos foros nacionales como la Cineteca Nacional, Salas de Arte Cinépolis y el Museo de Memoria y Tolerancia.

El festival arrancó en forma desde enero, pero aún es posible disfrutar de algunas películas como The Cakemaker (Alemania-Israel, 2017) traducida en nuestro país como El repostero de Berlín, del director Ophir Raul Graizer, es su primer largometraje y aborda temas complejos como los prejuicios étnicos, religiosos y amorosos.

La historia se centra en el personaje de Thomas (Tim Kalkhof), un panadero alemán que establece una relación con Oren (Roy Miller), quien es un judío que viaja cada mes a Berlín por cuestiones de negocios pero que está casado y con un hijo en Israel. El romance entre Thomas y Oren termina debido a la  abrupta muerte de este último. Devastado, el joven repostero viaja a la nación de su amado y se encuentra con Anat (Sarah Adler), la viuda, con la que comenzará un peligroso vínculo.

Fuente: 2.bp.blogspot.com
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Anat y Thomas comparten un mismo dolor: la pérdida del ser amado. Y aunque la posición del pastelero es ventajosa pues no revela su identidad a Anat, entre ellos surge una intensa conexión, que en inicio es por motivos laborales (ella lo contrata como ayudante de su cafetería) y va evolucionando gracias a la personalidad leal y bondadosa de Thomas y sus increíbles habilidades culinarias.

La película no devela hilos negros o situaciones inéditas, todo lo contrario, aborda situaciones recurrentes en la especie humana, como el anhelo de no estar solos, de tener alguien en nuestra vida -sin importar las condiciones-, los preceptos que imponen las religiones y los acontecimientos históricos teniendo -en ocasiones- como resultado concepciones equivocadas sobre “el otro”, además del complicado proceso del duelo ante la pérdida.

Asimismo, El repostero de Berlín habla sobre la rigidez que existe sobre las creencias que formamos acorde a nuestro mundo de vida. El largometraje nos muestra parte de la visión judía ante escenarios como la homosexualidad, la comida kosher y la situación de la mujer ante la viudez.

Fuente: jerusalemfilmfund.com
Fuente: jerusalemfilmfund.com

Algo que debe destacarse es que el filme es una exitosa colaboración alemana y judía. Dentro del relato esta alianza se observa como un intento de eliminar los rastros de rechazo u odio entre ambos grupos sociales. Hay una escena donde el personaje de Moti (Zohar Shtrauss) tiene una conversación con Anat, cuestionándole -en hebreo para que no entienda el recién llegado-  su decisión de contratar a ese joven por su nacionalidad, Moti le dice: ¿Cómo metes un alemán a tu cocina?, algo que nos conduce a estas ideas que se quedan arraigadas en los imaginarios sociales y personales, por eventos que ocurren en el pasado y que descontextualizamos haciendo generalidades sobre los demás.

Es importante mencionar que el conflicto central del relato toca a cualquier persona, el director sabe mover las fibras emotivas de los espectadores a través de secuencias cuidadosamente montadas, donde la comunicación no verbal es crucial: no solo de los personajes, sino además de los escenarios que los rodean: La cafetería, la cocina, la alcoba, son sumamente significativos, pues nos conducen a entender que los seres humanos no nos movemos solo con la razón, sino también con los sentimientos y sensaciones.

La última aseveración se hace visible con las escenas donde Anat prueba las galletas y pasteles de Thomas, lo que provoca ella no solo goce del excelso sabor de esos manjares, sino que su preparación también conlleva derramar emociones por parte del repostero en ese alimento, las cuales son palpables al degustarlos, es decir, cuando comemos algo hay fragmentos -no literal, sino metafóricamente- de su creador volcándose en nuestro ser en cada bocado.

Esto se reafirma cuando Oren le enseña a Anat sobre cómo preparar la masa, y le dice que la ciencia no radica en sus ingredientes (harina y agua) sino en cómo la manejas y te enfrentas a ella. La hora y cuarenta minutos que dura la película es una delicia a la vista y al paladar: Hay un festival de texturas que producen se te haga “agua la boca” constantemente.

Fuente: irishfilmcritic.com
Fuente: irishfilmcritic.com

Otro detalle que maneja la trama es que somos de naturaleza simbólica y diversa, nosotros añadimos valores  y significado a todo lo que nos rodea, no nos quedamos con su valor de uso, sino que los re-interpretamos, dando como resultado un enriquecimiento de esos objetos o situaciones a través de experiencias, sensaciones, momentos y recuerdos. Tal como el primer pastel que consume Oren en la cafetería donde trabaja Thomas, o la aseveración del primero a su joven amante cuando le menciona que no dejaría a su familia bajo ninguna circunstancia, o esa truza naranja y condones hallados en un casillero por parte de Oren,  o la importancia que tenía para Moti el que su sobrino no consumiera ningún alimento preparado por Thomas debido a que no cumplía con los lineamientos kosher, o el día del shabat tan importante para la comunidad judía.

Para concluir, El repostero de Berlín nos expone la multiplicidad y entendimiento humano, no sólo en cuanto a identidad, lenguaje, procedencia roles o conductas, sino también respecto a cómo concebimos el mundo, las relaciones y los sentimientos. No todo es binario o cuadrado, hay muchas formas de percibir el mundo y al otro. En la comprensión y aceptación de la otredad radica el equilibrio de la existencia.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Citlaly Aguilar Campos

Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM. Ha participado en grupos relacionados con estudios hermenéuticos y su relación con el arte y la imagen. Colabora en diversas publicaciones y congresos en la actualidad. Profesora por la Universidad del Valle de México Realiza una estancia postdoctoral en el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

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