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El sexo… en tiempos de don Porfirio

Por: Don Porfirio Díaz


aEl porfiriato, como muchos de los gobiernos de finales del siglo XIX, tenían ciertas características victorianas: es decir, el enfoque social estaba puesto en las apariencias, más en la vida personal de las personas. Por lo mismo, el sexo era un tema del que no se hablaba abiertamente. Era un tema del que, de acuerdo al infame Manual de Carreño, no se podía hablar en la mesa, al igual que la religión y la política.

Eso no significaba que el sexo no se practicara profusamente en todas las clases sociales, basta ver las fotos que han sobrevivido para confirmar la cantidad de hijos que tenía una pareja. ¡Vaya! Mis nietos, hijos de Luz, posaban como “escalerita” para una foto. Claro, ella, como todas las mujeres de clase alta, tenían sexo a través de una sábana matiral, que no es otra cosa que una tela blanca, bordada, en la había una ranura para que entrara el… se pueden imaginar, desde luego. El costo de los materiales de la sábana, en una época de gran marginación social, evitaba que muchos miembros de la clase media y la clase baja accedieran a esta práctica.

Foto: line.do
Foto: line.do

Desde luego, se esperaba que las jovencitas y doncellas cuidaran su virginidad hasta la noche de bodas En caso de que la hubieran perdido, se hablaba de que dichas señoritas había perdido la dignidad o que habían manchado el buen nombre de la familia. ¡No les puedo contar el escándalo que se armaba cuando nos enterábamos de algo así! Era de no creerse, y por lo mismo, algunas de estas señoritas, en vergüenza, optaban por quitarse la vida. Al final de mi gobierno, en pleno siglo XX, hubo algunos casos bastante lamentables de jovencitas que se quitaron la vida por haber perdido la virginidad antes del matrimonio. Antes de criticarlas, recuerden que eran otros tiempos y que México se regía por otro código moral.

No podemos olvidar, desde luego, otro incidente de carácter sexual, la famosa fiesta de los 41 (o 42), en la que gendarmes de la Ciudad de México arrestaron, en una casa de la calle de la Paz, a varios hombres, algunos de los cuales iban vestidos de mujer. Eso destapó un fenómeno que los mexicanos no habían considerado hasta entonces: la homosexualidad. Diría Carlos Monsiváis que ese fue el incidente que sacó a México del clóset, aunque desde luego no fue el único. Durante todo el porfiriato, distintas fiestas clandestinas fueron descubiertas, lo mismo de homosexuales y lesbianas, en las que se hacían diferentes actividades más allá del baile. Al ser arrestados este tipo de hombres, eran castigados por haber cometido faltas a la moral, y encerrados en la crujía J del Palacio de Lecumberri (de ahí el término jotos para describirlos) y algunos eran enviados a Valle Nacional para ver si se les quitaban lo “jotos” en trabajos forzados.

En distintas zonas de las grandes ciudades, cerca del Río Consulado, por ejemplo, uno podía encontrar mujeres que practicaba el viejo oficio de la prostitución, y eran llevadas por nobles caballeros a los diferentes hoteles de paso que tenían los inmigrantes españoles en la ciudad. Sobra decir que este tipo de prácticas eran un riesgo a la salubridad, y eran consideradas mal vistas, aunque fueran populares.

Así, pues, el sexo, aunque no formó parte de los temas de sobremesa, sí fue pieza fundamental en el porfiriato, en el desarrollo social, en la marginación y hasta de la lucha de clases… pero será mejor que no siga hablando de eso. El Manual de Carreño lo prohíbe.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Don Porfirio Díaz

@DonPorfirioDiaz es el alter ego de Pedro J. Fernández, autor de dos novelas históricas “Los Pecados de la Familia Montejo” y “La Última Sombra del Imperio”. Fue dialoguista de la teleserie “El Sexo Débil” y ha colaborado con varios medios nacionales con artículos históricos.

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