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El tiempo por venir

Por: Javier Caballero



Una vuelta más al Sol. Un ciclo más…o uno menos. Se dice que la vida pasa, pero en realidad no lo hace: nosotrxs hacemos que pase. De igual forma, nosotrxs producimos los ciclos, los abrimos y cerramos; los dejamos inconclusos. Pero ni el Sol, ni los ciclos, ni la vida poseen un sentido y una existencia autónoma sin nosotrxs. Somos el Sol, el ciclo y la vida. Somos el tiempo que nos reúne y lo que nos sintetiza, los que nos da sentido y lo que nos mimetiza.

Sin el tiempo, como constructo abstracto, la vida faltaría. Con todo, se trata de una noción de suma complejidad que varía de cultura en cultura y de sujeto en sujeto. No tiene una definición unívoca ni es un concepto acabado; tampoco es una verdad y mucho menos algo que existe objetivamente, sino una categoría que nos ha permitido tener conciencia de nuestra propia existencia. Sin memoria, la idea del tiempo no tendría sentido, así que se trata de una noción que apela en primer lugar a una condición propia de lo humano.

Foto: scielo.org.mx
Foto: scielo.org.mx

Por consiguiente, podemos afirmar que los relojes no miden el tiempo, sino que lo producen, es decir, puntualizan que existe una dimensión sobre la que se rigen las actividades sociales y los procesos tanto productivos como culturales. Para Lewis Mumford, el reloj es la máquina omnipresente que lo regula todo, la que hace posible la vida moderna; sin éste, la civilización occidental bien podría derruirse. Pero la idea del tiempo, al final, como todos los conceptos que ha subsumido la modernidad capitalista, es tan sólo un discurso que posibilita el dominio y la reproducción del poder. Su control, permite tejer las condiciones materiales deseadas, y desde luego, direccionar su fin último.

Ejemplo de ello es nuestra arraigada creencia, por demás impuesta, que nos dice que existe un pasado, un presente y un futuro (¡y que existe la posibilidad de transitar entre ellos!); un legado del dominio burgués con el que se pretende negar la tradición en nombre del futuro promisorio que supuestamente construye. Este contexto, justifica a la perfección la modernización como un devenir necesario que se homologa con el bienestar material, pero en el fondo, esta tesis por demás gastada, sólo ha justificado el enriquecimiento de unos cuantos con el trabajo de todxs lxs demás; una destrucción sin límite con el pretexto de erradicar la escasez, y por supuesto, una aniquilación de las creencias y pensamientos que difieren de ella porque se trata de formas sociales premodernas.

No por nada Marx dedicó gran parte de sus esfuerzos intelectuales a destruir la maquinaria discursiva que colocaba a la burguesía como la protagonista del tiempo, del devenir, del progreso y de la historia. Mirar que, en realidad, era la forma en que estaban organizadas las relaciones de producción las que producían el discurso histórico, le permitió develar al proletariado como un sujeto no subordinado, sino protagónico del desarrollo social. Son pues, en principio lxs trabajadorxs, obrerxs y campesionxs quienes tienen en sus manos la reproducción de la vida y por tanto lxs que determinan en última instancia las formas de la conciencia social; justo aquellas que producen invariablemente la noción del tiempo.

Poner a este sujeto como protagonista de la historia, no sólo significó invertir el concepto mismo, sino comprender que las temporalidades son muchas y diversas. En efecto, no puede existir por ello una sola historia, la llamada “Historia Universal”, pues esta forma parte del pensamiento colonial que genera una idea según la cual existe un tiempo único, objetivo, y que corre paralelo al hecho cultural. En realidad, cada conjunto y subconjunto material, ya sea animado o inanimado, posee su propio tiempo, su propio movimiento y transformación; y la interacción de todos ellos conforman ese presente extenso que nulifica la idea concreta de un “tiempo-que-pasa” sobre el que se inserta la realidad material.

Comprender esto tiene su importancia. Implica saber que el tiempo es un proyecto político que define lo que un colectivo es; significa comprender que existen muchas formas de entender los procesos sociales y económicos, y que el conflicto, inevitable en sí mismo, nutre las diferentes concepciones de éste para producir proyectos de vida alternativos a la modernidad capitalista. Representa una posibilidad de plantear otras formas de lo político (como lo ha hecho el incomprendido movimiento zapatista) que nos alejen de la hegemonía del pensamiento tecnocrático que todo lo traduce en ganancia y beneficio personal.

El año que viene será puesto en conflicto una vez más nuestra idea de tiempo. Como sujeto social que somos, habremos de pensar y redefinir la forma que le hemos dado para decidir si la mantenemos o si queremos construir una noción que difiera del tiempo lineal que ha sistematizado la injusticia y la desigualdad social; ello, por sí mismo, podría representar un avance enorme para configurar un proyecto político verdaderamente revolucionario.

Así que, en una época en que el neoliberalismo nos ha hecho olvidarnos de nosotrxs mismxs y de nuestra relación con lo que nos rodea, conviene recordar entonces que no existe el tiempo por venir; que sólo tenemos este instante expandido en el que la vida se reproduce y se guarda. Desde ahí, tal vez podamos construir un nuevo paradigma social que logre desembocar en un inusual programa político de emancipación colectiva.

¡Un feliz nuevo ciclo para todxs lxs que hicieron posible estas letras!

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Javier Caballero

Es maestro en arquitectura por el Posgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de historia y teoría arquitectónica, se ha especializado en los estudios decoloniales que cruzan la historia del arte, la historia de la arquitectura, el urbanismo y el patrimonio cultural.

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