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Elegía anticipada a la ‘pax’ americana

Por Javier Martínez


“Es así como acaba el mundo, es así como acaba el mundo. No con una explosión, sino con un quejido”. 

-Concluye la quinta parte del poema The Hollow Men.

Mucho se ha usado el último verso para describir el colapso de la Unión Soviética, pero, así como es tan cíclica la historia, se perfila como una suerte de adagio para situarnos en el supuesto ocaso de la llamada pax americana, es decir, del orden internacional que desde la posguerra se sustentó en el compromiso de la hegemonía estadounidense con la paz y la estabilidad mundiales.

A raíz del discurso pronunciado por la canciller alemana Angela Merkel el 10 de mayo de este año, en el que declaró que Europa ya no puede confiar en Estados Unidos como garante de la seguridad del continente europeo, no se hicieron esperar las suposiciones sobre el final de un orden mundial que por más de 70 años promovió el multilateralismo y la democracia liberal, sobreviviendo a la Guerra Fría y renovándose desde la década de 1990, todo gracias a la disposición de Estados Unidos de ejercer su liderazgo político, militar y económico de manera proactiva en los asuntos internacionales.

Fuente: geopolitics.panjury.com
Fuente: geopolitics.panjury.com

Es precisamente la disposición de Estados Unidos la que juega un papel clave, ya que este país no dejará de ser el país más poderoso en términos militares ni la mayor economía del mundo por muchos años. Pero en las últimas décadas, la pax americana se sustentaba más en el liderazgo basado en el ejemplo y en la voluntad de llevar a cabo ese liderazgo, aspectos a los que Washington ha renunciado a partir de la presidencia de Donald Trump, dejándonos ante una disyuntiva: si es el fin del mundo como lo conocemos, ¿acabará con una explosión o con un quejido?

Una explosión

En su afán de hacer a Estados Unidos grandioso de nuevo, aunque nunca ha sido tan grandioso como desde 1945 que se comprometió con la paz y la seguridad mundiales y que ha avanzado en los derechos de su sociedad, Trump ha vuelto al mundo un más chico, más inseguro e inestable.

El mundo se ha vuelto chico porque no sólo la globalización, sino también el alcance de un misil intercontinental demuestra claramente lo cerca que estamos unos de otros en el orbe, para bien y para mal. Inseguro, porque sin el acuerdo nuclear con Irán, un nuevo país, se hará de la bomba, con sus rivalidades regionales y una política exterior agresiva que lo ha llevado al patrocinio de milicias y grupos radicales. Inestable, porque de este fracaso en la diplomacia surgirá seguramente una escalada en demostración capacidades en Medio Oriente, con una Arabia Saudita que ve más latente el desafío a su liderazgo regional, y un Israel que ve una amenaza existencial cada vez más peligrosa.

Súmese a lo anterior la prolongación de la guerra civil en Siria, a la que Trump quizá ha respondido de forma más contundente que Barack Obama, pero no lo suficiente para evitar que esta siga siendo una guerra subsidiaria entre Arabia Saudita e Irán por la hegemonía en Medio Oriente, hecho que demuestra que en esta última instancia de la pax americana el protagonismo de los conflictos internacionales ha pasado a las potencias medias, en parte porque la ausencia de arsenal nuclear las vuelve menos responsables y, por otro lado, aprovechando la falta de disposición del país más poderoso de poner en orden las disputas de poder regionales.

Un quejido

Estados Unidos nació con una doble identidad en cuanto a su vocación ante el mundo; por un lado, con un tremendo repudio a los asuntos internacionales que relacionaba con el imperialismo tiránico de Europa y, por otro, un Destino Manifiesto de esparcir su modo de vida por el mundo. En diferentes épocas, Estados Unidos ha desplegado una u otra doctrina, pero desde que Obama optó por “liderar desde atrás” en Libia y, especialmente, a partir de que un electorado desanimado tras intervenciones en Iraq y Afganistán ha encumbrado a Donald Trump, se logró lo que guerras de agotamiento, crisis económicas y competencia con China no consiguieron: el repliegue internacional del país más poderoso del mundo.

Sin embargo, no ha sido un repliegue silencioso, sino uno histriónico como el presidente Trump, quien semana a semana decanta su frustración con el estancado sistema político estadounidense por medio de su red social favorita y sorpende con desplantes ante el exterior. Bajo la premisa, o mejor dicho, la queja, de que Estados Unidos está cansado de proveer bienes públicos internacionales y ser gerante de la estabilidad económica y política mundial a cambio de abusos de parte del resto del mundo, Trump ha arriesgado la Alianza Atlántica con su imposición de aranceles a la Unión Europea, y ha puesto en riesgo la economía internacional al emprender la guerra comercial con su principal socio, China. Mientras tanto, demuestra una innata cercanía con déspotas de la talla de Vladimir Putin y Kim Jong-un, ambos inconformes con un statu quo que hasta 2016 era evidente que Estados Unidos tutelaba.

Mientras Trump gobierna desde Twitter, se repliega hacia su electorado y se acerca a autócratas ¿qué será del mundo libre y democrático que hasta hace pocos años lideraba y defendía? Para empezar, todas a su manera están enfrentando un fuerte cuestionamiento de sus sistemas, fenómeno que encumbró a Donald Trump en su país. La crisis de 2008 ha causado una crisis de liderazgo irresuelta, que ha destruido figuras políticas y movimientos a lo largo de todo el espectro tradicional.

Incluso las “buenas noticas” recientes, como la victoria de Macron en Francia o de Rutte en Países Bajos, saben más a una última oportunidad que a un hito. Ni se hable de Merkel, única sobreviviente de la generación de líderes de 2008, cuyo cuarto gobierno se posiciona como el más debilitado de su gestión.

El fin del mundo como lo conocemos

Es el fin del mundo como lo conocemos”, dice la canción del grupo REM, muy adelantada a su tiempo. Si no es por una explosión en Medio Oriente, será por la ola de inconformidad en el mundo que ha encumbrado a Donald Trump, al Brexit, y que ha promovido visiones extremistas, xenófobas y anti liberales alrededor del mundo libre.

Lo que es cierto es que el mundo como lo conocemos dejará de existir, a favor de uno de muchas verdades y poco tiempo, de muchos intereses y pocos liderazgos. En el mundo de Donald Trump, lo único cierto es la incertidumbre. Estados Unidos seguirá siendo el país más relevante del mundo, pero su relevancia ahora se caracterizará por cuánta falta nos hará su liderazgo y, sobre todo, su voluntad de hacer que funcione el orden internacional.

El principal factor de riesgo en las relaciones internacionales será la cuestión sobre cómo se llenarán los vacíos que vaya dejando el liderazgo estadounidense y el liberalismo que ya no está dispuesto a defender, cediendo paso a la posverdad, al autoritarismo y al unilateralismo. Será un mundo con explosiones de disputas regionales y quejidos en redes sociales. Es así como se acaba el mundo, es así como se acaba el mundo. No con una explosión, sino con un tuit.

Javier Martínez es internacionalista por la Universidad Anáhuac. Se ha desempeñado en la consultoría en estrategia económica y, más recientemente, en comunicación política y análisis de la política nacional e internacional. Es miembro del Programa de Jóvenes de COMEXI y próximo estudiante de maestría en Seguridad, Inteligencia y Estudios Estratégicos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Programa de Jóvenes COMEXI

El Programa de Jóvenes del COMEXI busca constituir una red de jóvenes líderes de México para debatir y analizar las relaciones internacionales del país, facilitando los vínculos profesionales, académicos, culturales, empresariales, de iniciativa social y de opinión, de una nueva generación. Este espacio es a título personal.

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