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En caso de emergencia: reflexiones ante una derrota del PRI

Por: Alonso Tamez


 

Siempre ha sido mucho más fácil -porque siempre ha parecido mucho más seguro- darle un nombre al mal de fuera que localizar el terror de dentro”.

-James Baldwin

Por habitar un entorno inhóspito, el político -si quiere sobrevivir- debe intentar proyectar su futuro ante distintos escenarios. Dichas cavilaciones le dan posibles rutas ante los cambios de marea; le permiten planear, esquivar, aprovechar o huir. Frente a la posibilidad de un final trágico, no queda más que hablar del tema, tal y como se aborda el futuro de un paciente frágil: de manera incómoda y algo paranoica, pero obligada.

Como priista, esta es mi reflexión personal hecha pública. Es lo que considero factible en caso de una derrota presidencial. Aún es temprano en la contienda, por supuesto; así que no se equivoquen: vamos a buscar, hasta el límite de nuestras capacidades colectivas, que la banda presidencial se entregue a nuestro representante. En ese sentido, esto no debe ser visto como un acto de rendición o la redacción de un testamento. Es lo que es, ni más ni menos: un ejercicio reflexivo natural –y, por lo mismo, potencialmente inexacto y sujeto a coyunturas hoy invisibles– presente entre priistas, aunque a algunos no les guste admitirlo.

Foto: mientrastantoenmexico.mx
Foto: mientrastantoenmexico.mx

De entrada, la influencia del expresidente Peña sería, escribiendo con suavidad, meramente honoraria: su otrora poder partidario estaría distribuido entre gobernadores y contados parlamentarios del PRI que, si bien lo respetan, ya no deciden en función de sus dictados. Por lo mismo, el grupo compacto que orbitó su sexenio y alcanzó un cargo congresional, si bien estará en la palestra, carecerá de legitimidad ante la militancia, por lo menos en un inicio. Esto podría ser diferente en el caso de Miguel Ángel Osorio Chong, futuro senador, quién gozará del místico y engañoso prestigio del “hubiera”.

Ahora bien, ¿quién sería el nuevo presidente del partido -el encargado, por lo menos en la forma, de la reconstrucción-? ¿Y cómo sería “electo”? No es dilema menor, ya que no habría un dedo lo suficientemente pesado para escogerlo sin oposiciones. Se antoja difícil que, tras el amotinamiento de Roberto Madrazo en la dirigencia nacional y posterior secuestro de la candidatura presidencial de 2006, los dos grupos de poder previsibles -gobernadores y parlamentarios- promuevan a alguien que pudiera irse “por la libre”. Se intuye, pues, un round fraticida escenificado por el candidato de los primeros contra el de los segundos, pero ambos, probablemente, serían perfiles dóciles.

Aquí, los comités estatales serán cruciales: en estados gobernados por el PRI, suelen estar rendidos a la voluntad del gobernador, pero en entidades bajo otro símbolo, su lealtad es para quién apoye su supervivencia -cosa que puede venir de gobernadores priistas de otros estados-. ¿Quién mandaría en el PRI post-Peña? Se antoja probable -pero negativo, no solo en términos de transparencia sino de congruencia narrativa- que quienes dicten las rutas sean los que más recursos aporten al partido. Y si de presupuestos hablamos, es natural pensar en los gobernadores. Este, sin embargo, no sería un escenario inédito.

Tras el triunfo de Vicente Fox en el año 2000, el priismo, sin líder natural, se refugió en las entidades, zonas que proporcionaban refugio laboral a cuadros de antaño pero también recursos de diversa índole para las batallas electorales. Quiénes se “echaron al PRI en los hombros” -por ponerlo de alguna manera- en términos de manutención, fueron gobernantes como Arturo Montiel del Estado de México, Enrique Martínez y Martínez de Coahuila, Natividad González de Nuevo León, y Miguel Ángel Núñez Soto de Hidalgo.

Foto: lasillarota.com
Foto: lasillarota.com

No sería descabellado pensar que, tras una derrota, gobernadores como Alfredo del Mazo del Estado de México, Miguel Riquelme de Coahuila u Omar Fayad de Hidalgo, quieran, juntos o separados, “echarse al PRI en los hombros”. Pero, ¿de verdad queremos reconstruirnos a punta de billetazos, donde mande quien más dinero tiene? Gracias a la carencia de métodos democráticos y a las cuotas obligatorias para los sectores, el PRI siempre ha sido un partido en donde el poder se compra o se hereda. En pocos casos, el derecho a competir es ganado vía criterios considerados “justos”; arbitrariedades, secrecía e intereses cupulares nacionales y/o estatales suelen decidir quién pelea el poder público –tristemente, un modus operandi fielmente copiado por los demás partidos nacionales–.

El reto también es de forma. El PRI es una de las marcas más devaluadas en México, y ello debería implicar reflexión interna que incluya debate, redireccionamientos operativos e ideológicos, y no subastas. Según Buendía y Laredo, 4 de cada 10 mexicanos nunca votarían por el PRI –con respecto a MORENA y el PAN, en ambos casos el rechazo fue de 1 de cada 10[1]–. Por otro lado, según el corte que publicó el INE en agosto de 2017, el PRI cuenta con 6.3 millones de afiliados[2]. Es probable que, con una derrota, la tasa de rechazo se mantenga o incluso crezca, y el número de afiliados baje considerablemente, sobre todo en los primeros dos años del sexenio. De ser el caso, el espacio creado debe ocuparse para la reforma interna, y no como ocurrió tras el triunfo de Fox, cuando la discusión más necesaria se relegó frente a un pragmatismo que buscaba regresar al poder cuanto antes.

Hacer atractivo al partido para atraer nuevos militantes se volverá sinónimo de supervivencia. Ello pasa por eliminar la “militancia rígida”, que ahuyenta a muchos ante la creencia de que afiliarse es defender indefendibles. Pasa por la rotación necesaria de cuadros con criterios meritocráticos y de proyección futura. Pasa por empoderar a esos 6.3 millones ya que, ante un riesgo de mayor plutocratización, debe existir un contrapeso formal al dinero de gobernadores y parlamentarios. Pasa por dejar de ser el partido del “dedazo”, acción que confirma prejuicios y aleja a ciudadanos que quieren hacer política en un lugar justo y con posibilidades reales de crecimiento. Pasa por recuperar aquél priismo de acción e ideas; los últimos perfiles así fueron Jesús Reyes Heroles y Enrique González Pedrero, y el primero murió en 1985 y el segundo renunció al partido en 1997. Pasa por convertir al PRI en el primer interesado en castigar a sus militantes corruptos, y no en el último.

Siempre he pensado que, por su influencia en la vida nacional, reformar al PRI para bien es, en cierta medida, reformar a México para bien. Esta reflexión, lo reconozco, parte de una premisa simple: la catarsis por crisis. Puede que perdamos y no ocurra; puede que ganemos y que un no priista sea quién por fin actualice al PRI. Pero algo sí es seguro: victoria o no, nuestra poca o mucha adaptabilidad revelará, como dijera John F. Kennedy a unas semanas de su muerte,

Si nosotros usamos al poder o el poder nos usa a nosotros[3].

Alonso B. Tamez es columnista, analista político y militante del PRI.

[1] Encuesta Nacional Buendía y Laredo. Octubre, 2017. Disponible en: http://www.buendiaylaredo.com/publicaciones/431/Reporte_Independientes_Nac.pdf

[2] Depuran padrón; PRI y PRD ganan militantes; INE verifica datos. Agosto, 2017. Disponible en: http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/08/22/1183197

[3] Discurso en la universidad de Amherst por parte de John F. Kennedy. Octubre, 1963. Disponible en: https://www.jfklibrary.org/JFK/Historic-Speeches/Multilingual-Remarks-at-Amherst-College/Multilingual-Remarks-at-Amherst-College-in-Spanish-Latin-American.aspx

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Alonso Tamez

Mexicano de espada y de pluma; 26 años; militante del PRI; expresidente de “Es Momento de México” A.C., capítulo Estado de México; expresidente de PRI.mx, Estado de México (coordinación de activismo digital del PRI estatal); exasesor legislativo en la Cámara de Diputados en las comisiones de Economía y Seguridad Pública; conductor de “Expresión digital” (jueves, 16:00 hrs., 1530 AM); columnista semanal en 24 Horas; lector patológico; pragmático social; optimista.

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