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Entrevista con el abogado Víctor Manuel Pérez Martínez

Por César Navarrete


César Navarrete: ¿Estudiaste Derecho por vocación?

Víctor Manuel Pérez: Fue casi fortuito y aunque la decisión me sentó bien, no soy creyente de la vocación como una cosa natural. Como dice Angela Duckworth, autora de Grit: El poder de la pasión y la perseverancia: «La pasión no es algo que deba ser descubierta sino que se desarrolla».

Fuente: Víctor Manuel Pérez
Fuente: Víctor Manuel Pérez

No estoy seguro cuándo empezó mi verdadero interés por el Derecho, pero casi podría asegurar que inició hasta que entré a trabajar como pasante en un despacho de litigio y, simultáneamente, llevé materias más prácticas. Hacia el final de la universidad ya me inclinaba por temáticas procesales y litigiosas y mi mayor interés se centraba en las materias de Derecho fiscal y administrativo.

Aunque cada día me llaman la atención algunos otros temas más teóricos y filosóficos, antes no era así. Aprender una cosa te lleva a otra y de esta forma se hace camino. Todos tenemos aptitudes o habilidades que encajan mejor con alguna profesión y las circunstancias nos enfrentan a cosas diferentes, pero nada está escrito. 

CN: Cuando uno es niño se plantea convertirse en muchas cosas, pero no en un abogado.

VMP: Aunque no es mi caso, creo que los niños podrían querer ser abogados cuando sean grandes. Después de todo, son muchísimos los abogados que le han dado forma a nuestra historia, ya sea de forma directa (Benito Juárez, John Adams, Gandhi o Mandela) o indirecta (Montesquieu y Tocqueville).

Lo que pasa con ellos —a diferencia de otras profesiones— es que no siempre es fácil identificarlos. Uno siempre se los imagina de traje y a su trabajo como en las series de televisión La Ley y el Orden o Suits, cuando en realidad se dedican a un sinfín de actividades: el medio ambiente, el litigio, la filosofía, la investigación, el trabajo social, etc. Otros se desenvuelven en la Administración Pública, las Cámaras de Diputados y Senadores o como ministros, magistrados, jueces y oficiales judiciales.

CN: La abogacía es una profesión que más que relacionarse con el bien común, se vincula con lo contrario.

VMP: No estoy de acuerdo con el estigma. Por unos cuantos se ensucia el nombre del gremio. Me parece que ésta requiere de mucha reflexión y al encontrarse frecuentemente ante casos justos, injustos y limítrofes, los abogados se convierten en filósofos e incluso en grandes luchadores sociales.

Con frecuencia se nos estigmatiza porque tenemos que cumplir tareas indeseables o que afectan a las personas. En el 100% de los casos que se presentan ante los jueces siempre hay una parte inconforme con el resultado.

Aunque hay algunos colegas que se comportan fuera de los estándares éticos, considero que son excepciones. Son más los miembros que están del lado de la justicia, la democracia y la transparencia. Bastantes señalan y hacen pública la corrupción (Luis Pérez de Acha, Sergio Huacuja o Denise Dresser) desde las ONG velando por mejores instituciones (Ricardo Corona del IMCO o Layda Negrete en México Evalúa) y otros se dedican a los derechos humanos o a la academia. 

CN: En la cultura estadounidense, las series y películas ponderan al litigante como un héroe, representante incorruptible y audaz de la justicia. Sin embargo, esta imagen es ajena en la mexicana, en que los juicios distan de esas salas con fiscal, jurado, etc.

VMP: Definitivamente existe un tema de retraso en la administración de justicia que es una tarea pendiente e incumplida por parte de nuestros poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Esto se debe fallas de aquellos pero también a la forma en que pensamos y actuamos los mexicanos.

Creo que hemos hecho de la trampa y el interés personal una forma de vida. Si una norma permite hacer algo de manera económica, abusamos de ella y obligamos a que la jurisprudencia o la ley impidan ese funcionamiento para dificultar el trámite. Un ejemplo clarísimo son los cheques. En algunas películas el protagonista suscribe un cheque por cualquier cantidad al portador y quien lo recibe puede cambiarlo o pagar con él hasta en la tiendita de la esquina. Para eso están hechos los cheques, para circular. Sin embargo, en México hemos hecho mal uso de ellos, de manera que ya no pueden ser al portador si exceden cierto monto. Si los intentas cambiar en el banco debes avisar con anticipación o ellos avisan antes al titular de la cuenta. Hoy, casi nadie en nuestro país te cambiaría un cheque a no ser que vayas al banco emisor y sería un disparate aceptar uno, aunque sea certificado, para el pago de bienes como un coche e incluso una casa. Así, una herramienta tan funcional dejó de servir por el uso que le damos, no por culpa de los abogados.

Retomando el rezago y el mal funcionamiento de los juzgados se debe, por igual, al procedimiento anquilosado con tantas trabas para evitar las trampas y a la corrupción. Tenemos que acabar tanto con los abogados incompetentes como con los que no lo son y ejercen. Podríamos empezar por regular debidamente la oferta académica y elevar el nivel de las instituciones de enseñanza. He conocido un sinfín de abogados incluso con maestría que no tienen la menor noción sobre el Derecho. Éstos son los más peligrosos y no necesariamente provienen de las escuelas públicas ni de las de bajo costo. Modificar el sistema educativo es fundamental. Aunque lo ideal sería que no egresaran alumnos sin preparación, un examen para la colegiación y la obligación de mantenerse actualizados y evaluados nos permitiría que no existan colegas subcalificados ejerciendo.

CN: ¿Qué te apasiona del Derecho?

VMP: Tu pregunta parece fácil, pero no lo es. En principio, es un tema que me parece sumamente complejo y cada día me parece más profundo. Sin embargo, está presente todos los días. Uno celebra contratos cuando compra un refresco o cuando dona un peso en el redondeo. Generamos consecuencias de derecho si nos pasamos un alto, si recibimos dinero prestado o si chocamos.

Todo, absolutamente todo, es materia del Derecho. Es como la fuerza de la gravedad. Aunque una persona no pueda verlo, siempre que existan cuando menos dos individuos estará presente. Es la forma en que nos organizamos y logramos vivir los unos con los otros.

Lamentablemente, en México tenemos un Estado de derecho sumamente débil, en gran parte por la corrupción y la impunidad. Los mexicanos hemos aprendido a anteponer el interés personal —en su representación más burda— sobre el social. Ello, a pesar de que el provecho propio bien entendido implicaría poner primero el bienestar de la sociedad y después el particular.

No obstante lo anterior, considero que el cambio y la regeneración de nuestra sociedad deberá darse al mismo tiempo en y desde el Derecho, pues las alternativas son la fuerza y la violencia del Estado o del individualismo; es decir, la dictadura o la revolución, dependiendo de dónde provenga.

Si como país no empezamos a aplicar, pero sobre todo a acatar las normas, de seguir por el camino en el que vamos, terminaremos en un conflicto civil o bajo la represión gubernamental. No hay manera de seguir como vamos. Por esto creo en nuestro orden jurídico y en que debemos poner todo lo que tenemos para fortalecerlo, hacerlo más justo y cumplirlo.

Víctor Manuel Pérez Martínez nació en Cuernavaca, Morelos en 1984. Es Licenciado en Derecho por el Instituto Tecnológico Autónomo de México. Actualmente cursa la Maestría en Derecho en la Universidad Panamericana. Se dedica al litigio constitucional, administrativo y fiscal desde hace más de diez años y trabaja en su propio despacho.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de César Navarrete

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Valle de México, con un Diplomado en Nivelación Pedagógica para profesores de Educación Secundaria por el Centro de Actualización del Magisterio en el Distrito Federal. Profesor universitario, escritor, viajero, traductor, fotógrafo, bloguero, documentalista y etnomusicólogo. Ha traducido textos literarios en más de diez idiomas y publicado en medios tradicionales y virtuales de México, Honduras, Perú, Colombia, España, Francia y Portugal. Es autor de los libros: Poenimios (México, 2014), Fábulas-o-heces (México, 2014), 20 Poenímios (Coimbra, Portugal, 2016) y Epigramas y maxinimias (México, 2017).

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