#FakeCitizen

Por: Eduardo Higuera


El drama de internet es que ha promocionado al tonto del pueblo al nivel de portador de la verdad.

-Umberto Eco

Los tiempos que corren en México y en el mundo han puesto en claro que la verdad es un valor que no es tomado muchas veces en cuenta por las personas que buscan acceder al poder o que, una vez que lo logran, es un valor fundamental de sus ejercicios públicos. Como quién dice, la democracia se está volviendo demagogia en muchos lados y el maquiavelismo es la norma para muchos poderosos.

Eso no tiene nada de nuevo. Lo que sí es bastante novedoso, a la vez que preocupante es el hecho de que la verdad, esa exclusiva condición de la vida que se construye día a día, es algo que nos está valiendo gorro olímpicamente.

Foto: nodocultura.com
Foto: nodocultura.com

En la época en que se originó el concepto de “ciudadano”, es decir por ahí de la revolución franchute, se concebía como una imagen o idea contraria al decadente “aristos”, la nobleza que derrochaba autoritarismo, ejercía como moneda diaria la injusticia contra los que no fueran de su clase.

El ciudadano, por el contrario, era una persona que encarnaba la fuerza de la ley y en última instancia, de la verdad. Cada persona tenía la igualdad como norma, ante la ley y ante los demás miembros de su comunidad. La verdad es que nadie estaba por encima de sus derechos, deberes y obligaciones.

Sin embargo, regresando a nuestro lindo y querido del siglo XXI, parece que la gran mayoría de los ciudadanos pertenecen a la empelucada y polvorienta aristocracia previa a la revolución francesa. De nuevo nos comportamos con la misma actitud de desprecio hacia los demás y creemos que los “demás”, lo que sea que esto signifique, son el enemigo de nuestras ideas, nuestros políticos, nuestra forma “única y verdadera” de vivir. Es el Trump way of living.

Las pruebas de esto lo podemos ver sin dificultad el resurgimiento de opciones políticas que usan la intolerancia y la discriminación como vadera política. Basta con mirar hacia la campaña del señor naranja que vive en la Casa Blanca de Estados Unidos o los intentos de exterminio político entre contendientes de varios países de Sudamérica que estamos viviendo en las redes. La norma es mentir y decir que es verdad, al fin y al cabo no hay un método definitivo para comprobar mis mentiras.

La cosa se pone peor cuando la ciudadanía digital, tan poco comprendida, se pone en acción bajo estos principios de acción. La formación de una tormenta perfecta es inevitable.

Tenemos un medio en el que cualquiera puede replicar, insultar, agredir o discutir con cualquier persona, no importa que el que emita la opinión original la emita un experto, un testigo, o un premio Nobel (como diría Eco). No es malo que cualquiera puede oponerse a una opinión de la que difiere, el asunto peligroso es que se conforman muchedumbres digitales que aplastan a los expertos y estudiosos bajo peso de los números al experto con miles de tuits o posts procedentes de bots, zombies digitales, personas ignorantes –en el sentido estricto del término- o pseudo activistas de consigna y cero reflexión.

Si cree que mi opinión es realmente exagerada le invito a que lea la discusión entre León Krauze y John Ackerman, de forma más específica las decenas y cientos de tuits que descalifican a uno y otro y los insultan. Incluso uno de los protagonistas se escuda en esta técnica, el discurso del loco para descalificar al contrincante, en lugar de establecer un dialogo real y serio.

Para mí, todo esto ha llevado a pensar que, en la era de la posverdad, muchas personas hayan abandonado sus condición de ciudadanos responsables, informados y conscientes para transformarse en #FakeCitizen, el ente de las redes y la era digital reactivo e irreflexivo.

¿La irrupción de esta nueva especie tendrá un impacto en la historia de nuestra sociedad como la tuvo la del ciudadano?

Eso solo lo podemos decidir nosotros.

Personalmente no soy tan pesimista como Eco, el cual afirmaba que se daba voz al tonto del pueblo y se descalificaba al erudito en las redes sociales sin más. Prefiero creer que nos encontramos en una etapa de expansión y ajuste de los social media, que al final lograremos desarrollar mecanismos que nos permitan tamizar la información de la calumnia y la verdad de la construcción falaz.

¿No cree usted, querido lector?

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Eduardo Higuera

Maestro en Análisis Político y Medios de Información por el Tecnológico de Monterrey. Actualmente es académico, analista y consultor en comunicación política, relaciones públicas y periodismo. Eterno inconforme e idealista de la política, apasionado de los libros y la educación ha sido director de cine independiente, creativo publicitario y funcionario público. Se define a sí mismo como Ruletero cultural.

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