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¿Feminista? La prueba de fuego

Por: Angélica Bucio



El pan de cada día de alguien feminista es recibir cuestionamientos, críticas, dudas sobre qué tan profundo y qué tan consistente es nuestra ideología. Se escuchan cosas como “feminista hasta que hay que pagar la cuenta” lo que nos exige un esfuerzo continuo para explicarnos y demostrar – a la vez que construimos permanentemente- coherencia. Y ¿saben? No siempre es fácil. Supongo que en todo ser humano, si nos cuestionaran diario, encontraríamos huecos, inconsistencias, espacios en blanco. Pues bien, nosotres (sí NOSOTRES, intencionalmente) no somos la excepción.

Como siempre he defendido, la ideología feminista no está solo en las preguntas perennes y en los grandes ideales sino en las pequeñas acciones del día a día. También ahí se encuentra la mayor dificultad para construir coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace. Pues bien, el momento que más me reta a mí como feminista, es la vida romántica de pareja. Debo confesar que pese a mis muy conscientes ideales feministas, me derrito con los clichés machistas del amor romántico. Sí, yo también crecí con las princesas de Disney, también soñé con ser bailarina de ballet y sí, también me encanta el rosa, los vestidos el maquillaje y las joyas.

Foto: Angélica Bucio
Foto: Angélica Bucio

Pues resulta que durante el enamoramiento conscientemente decido implementar mi ideología feminista. No asumo que el hombre deba pagar siempre, ni que tenga que abrirme todas las puertas y acercarme todas las sillas. Desde el principio soy clara y directa y le hago saber que conmigo un sí es sí y un no es no. De este modo, el hombre se sorprende gratamente descubriendo a una mujer con la que no tiene que interpretar las señales, lo que ve es lo que hay. Conforme avanza la relación, él es el que me cocina y yo soy la que paga, casi siempre por conveniencia financiera de pareja. (Morirían de risa al ver las caras de sorpresa y desconcierto siempre que compartimos estos hechos verídicos).

Él me pide que vivamos juntos y con la convivencia diaria, llega el punto en el que ambos decidimos que queremos compartir nuestras vidas. Él no contempla el matrimonio. Yo, politóloga creyente de la institución del matrimonio como base de la sociedad, estoy más que convencida de que tiene una función de seguridad legal y compromiso social. Y aquí se presenta el primer dilema… Él no se quiere casar, yo me quiero casar. ¿Pongo en marcha las estrategias femeninas enseñadas y aprendidas por siglos de cómo convencer al hombre de hacer lo que nosotras queremos? Por supuesto que no. Eso iría en contra de toda mi filosofía de vida. Entonces, me toma un par de meses interiorizar la respuesta lógica y coherente, yo le pediré matrimonio a él.

Piénsenlo, desde siempre los hombres tienen modelos, ejemplos y situaciones de práctica para ese momento en el que le pedirán a la mujer de sus sueños que sea su esposa. El anillo de compromiso es toda una institución en nuestra sociedad. Toda la vida nos preparan para ese momento en el que él se arrodilla ante ella… pero nadie nos prepara a nosotras para hacer la propuesta. Los ejemplos son muy escasos y muy lejanos y créanme, no hay nada más aterrador que preguntarle al amor de tu vida si se quiere casar contigo sin tener la más remota idea de qué va a contestar y teniendo la certeza de que es lo último que le pasó por la cabeza esa mañana cuando salió a correr.

Asumiendo que desde el principio estábamos rompiendo todas las reglas convencionales, aceptando que todo iba a ser diferente, me preparé para tomar el riesgo y para un largo camino de autocuestionamientos de decisiones personales y de pareja que no se hacen más fácil conforme avanzamos. Me di cuenta que renunciar al anillo de compromiso es ganar un nuevo esquema de pareja.

Sí, le pedí matrimonio. Sí, aceptó. Somos los más felices del mundo. Pero cada decisión que tomamos me toma más del doble de esfuerzo que si tomara el camino preestablecido y socialmente aceptado. Más allá de que sea desgastante, es una experiencia personal sumamente rica y como pareja, nos ha unido mucho mucho más de lo que esperábamos. Cuestionarlo todo me permite tener completamente claro lo más importante de todo: ser felices juntos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Angélica Bucio

Politóloga (ITAM) con MBA (UDLA) desempeñándose en temas de Comunicación Corporativa. Actualmente, Directora de Comunicación y Asuntas Públicos en @anpact Fiel creyente de la eficiencia, de la equidad y de la mejora continua. Un corazón de artista que aplica la perspectiva de género como eje rector personal y profesional. Las expresiones aquí expuestas son a título personal.

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