El principio del tiempo / Opinólogía / Hacer morir-dejar morir

Hacer morir-dejar morir

Por: Eduardo Martínez



El significante tanatopolítica fue utilizado por Michel Foucault en el Collége de France, el 17 de marzo de 1976, para explicar la reaparición del poder soberano de muerte al interior del propio biopoder. El pensador francés en aquella ocasión explicaba que la sociedad generalizó de manera absoluta el biopoder pero que, al mismo tiempo, generalizó el derecho soberano de matar y que este juego necropolítico forma parte del funcionamiento de todos los Estados contemporáneos.

Los mecanismos, permitidos o arbitrados por el Estado, que destruyen la vida de las personas, que se encuentran en su territorio, se conocen como dispositivos tanatopolíticos. Para el Estado, la vida no es más que una simple mercancía o producto que puede ser fácilmente arrebatado a través de la destructio vitae, pues las personas han sido reducidas a un conjunto de fuerzas de producción fácilmente sustituibles, obedeciendo el esquema matar para vivir. La somatocracia, entonces, puede ser entendida en un doble sentido: uno, como dominio del valor del cuerpo sobre todo lo demás, incluido el honor, el bien y la verdad; y otro, en sentido derivado, como dominio de la política sobre los cuerpos y sobre la vida.

Foto: srbijaizbori.com
Foto: srbijaizbori.com

Ante ese dominio político de los cuerpos, la vida y la muerte, es necesario cuestionar: ¿hay vidas y, por ende, muertes menos valiosas para el Estado? En semanas previas, hemos escuchado exigencias de la CONAGO y de diversos personajes del Sistema Nacional de Seguridad Pública para eliminar la alteridad de las medidas cautelares e imponer, ante la falta de conocimiento, destreza y capacidad del llamado representante social, una prisión preventiva oficiosa respecto del delito de portación de armas y aquellos cometidos con éstas; incluso la personita que dirige la CONAGO nos pidió prepararnos para los cuatro mil peligrosos que saldrán de prisión por culpa del proceso acusatorio, que según él es la variable independiente respecto al aumento de los homicidios con arma de fuego en la ciudad de México, pero ni la CONAGO ni los personajes que integran el Sistema Nacional de Seguridad Pública han hecho pronunciamientos para exigir que se determine con exactitud quién o quiénes son autores o partícipes de la muerte de dos personas, por un socavón, en el paso exprés de la carretera México-Cuernavaca (seguro dirán que no tienen facultades).

Foto: proceso.com.mx
Foto: proceso.com.mx

En esta penosa comisión por omisión, reina el silencio. Si la vida de la persona se arrebata o pone en riesgo con un arma de fuego, y un juez de control, ante la incapacidad del Ministerio Público, no vincula a proceso o no impone medida cautelar de prisión preventiva al probable interviniente en cuestión emerge, con fuerza, un discurso propio de la criminología mediática, pues nosotros (incluido el Estado y sus aparatos) estamos en peligro ante ellos (la delincuencia, aunque en realidad para el Estado todos somos ellos) pero si la vida de millones de usuarios de un tramo carretero fue puesta en peligro durante tres meses por el propio Estado y, lo peor, la vida de dos personas se ha perdido, nadie alza la voz en CONAGO ni se piden reformas para imponer prisión preventiva oficiosa ni aumentar penas para los servidores públicos que, dada la razonabilidad de su intervención en el hecho que la ley señala como delito, tengan un grado de intervención en este trágico suceso. Parece que este hacer morir-dejar morir se reducirá a una mera reparación de corte pecuniario y a una apuesta de olvido colectivo al paso del tiempo. En este caso, el silencio es también un dispositivo tanatopolítico. Entonces, ¿la vida/muerte de los mexicanos tiene el mismo valor para el Estado? Es evidente que no.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Eduardo Martínez

Abogado Postulante en las Materias de Extinción de Dominio y Derecho Procesal Penal Acusatorio y Oral. Maestro en Política Criminal por el INACIPE. Catedrático de la Facultad de Derecho de la UNAM, del INACIPE y de la Escuela Libre de Derecho de Puebla. Socio de Número del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México y Miembro de la Comisión de Derecho Penal del Colegio. Capacitador Certificado, en razón de sus méritos, por SETEC. Escritor de más de 10 libros, conferencista y articulista.

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