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Hay que quedarnos aquí

Por Panambí Garcés


Hace poco más de un mes, tras la noticia de su suicidio, leí un texto en Glamour de 12 mujeres que describían el cómo la muerte de Kate Spade se sentía dolorosamente personal. Si bien, yo también sentía una aflicción por su muerte, no conecté con ninguno de los relatos, porque hablaban de lo difícil que había sido comprar su primera bolsa de la marca, de la confianza que les trajo portarla o de la sensación de pertenecer que vino con ella; a mí me incomodaba algo más. 

Mi primera Kate Spade me la regaló el que era entonces mi prometido, en una escena propia de cualquier sugar daddy, con su tarjeta de crédito sobre el mostrador de una boutique en Carmel, California. La bolsa, que amaba, se quedó junto con él en Estados Unidos cuando yo volví a México.

Fuente: The New York Times
Fuente: The New York Times

Motivada por esa pérdida (la de la bolsa, no la del prometido) volví a otra de sus tiendas, ahora en compañía de mi cuñada, hermano y sobrina en Walnut creek, para comprarme con mi propio dinero y bajo mi propia suerte otra Kate Spade todavía más bonita. Pequeña, de una piel púrpura espectacular y con letras minúsculas y doradas.

Si con la primera ya le tenía estima, por el contraste en los colores y la frase en la etiqueta, esta segunda adquisición cerró la conexión con la marca y especialmente con la mujer que la creó.

Su muerte me impactó fuertemente no sólo porque no entendía que la misma mujer que ideaba esos diseños y mensajes edificantes pudiera cometer un acto así, sino también porque no era superflua la añoranza de un logro personal que ahora tendía a significar menos por una razón ajena a mí. Fue por esto:

For many women, Kate Spade didn´t mean a handbag or even a New York designer- raher. It represented something bigger: a milestone purchase an achievement, a first investment in one´s self”.

Su suicidio me quitaba el gusto de la anécdota perfecta de independencia económica y reivindicación anímica, me privaba del rol impoluto a seguir.

A pesar de todo esto, para no parecer pretenciosa o anticlimática –dado que en México no hizo mella la noticia-, estuve cuidándome de no compartirlo y me generé con ello una bonita crisis de ansiedad.

Logré disiparla con una hora de terapia y entendí que los sentimientos importan por muy superficiales que puedan parecer, porque son llamamientos a poner atención a aquello que no hemos resuelto. Es mejor hacer ruido y pedir ayuda que empeorar por algo que teniendo solución -o no- no merecía ponernos tan inestables.

Desconozco si sea por mandato, pero una leyenda se repite en cada nota -gringa- que habla de este o cualquier otro evento similar, sobre si tú o alguien que conoces está en una crisis llames al número de atención nacional al suicidio. Me parece de lo más funcional y es básicamente la razón por la que comparto esto:

Es triste lo recurrente que son las noticias del suicidio de personas famosas de toda índole, pero más triste la cantidad de personas que viven desequilibradas, sin conciencia de sí mismas y sin hacerse responsables de sus propias vidas y emociones. No sean así. Atiéndanse cuando no se sientan bien. Con un profesional, no impongan la totalidad de la carga de sus emociones en sus parejas, amigos o familiares. La salud mental también es salud y es una prueba de amor por nosotros mismos bien bonita y socialmente útil.

A diferencia de ellos, quienes deciden terminar con su vida, nosotros todavía tenemos la gracia de experimentar las pequeñas muertes, no siempre definitivas, de los vínculos e imágenes cotidianas que se transforman, a veces con dolor, hacia realidades distintas e insospechadas. O cómo dijo la Szymborska:

Puede que en otro sitio haya más de todo, pero por algún motivo no hay pinturas, cinescopios, empanadas o pañuelos para las lágrimas.

Hay que quedarnos aquí.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Panambí Garcés

Politóloga de la FCPyS de la UNAM. He realizado estudios en análisis político por el CIDE, en libertad y propiedad privada por la Theodore Heuss Academy, en conservación y restauración del patrimonio cultural en la ENCRyM del INAH y en el MUNAL. Trabajo en el servicio público, me gusta correr y el pasito perrón. No creo en los horóscopos.

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