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Horrorismo: el discurso de la violencia sobre la víctima

Por: Luis Jaime Estrada



El horrorismo es generado por una violencia llevada a sus límites, es la expresión de la desmesura y la locura social, en donde la violencia se convierte en un fin absoluto. El horrorismo se vuelve contra sí mismo, ya que reproduce el sinsentido del sujeto social que se ha abolido a sí mismo al deshumanizar a otra persona, y se reduce a simple y elemental animalidad; esto genera procesos de criminalidad, pero también de revictimización, en donde la violencia se manifiesta en toda su fuerza como en cadenas y rituales de socialización resignificada, exaltando su propia complejidad.

La violencia llevada a sus extremos más profundos exige reconocer en ese núcleo la parte más pura de su manifestación, es ahí, y no fuera de ella, en donde deben encontrarse sus raíces. La violencia se convierte entonces en un elemento inteligible y esto resulta fundamental para comprender el fin último de la violencia, pues la crueldad llevada a sus extremos, a su crudeza, a su exposición absoluta del horror, posee múltiples significados psicológicos, sociales, culturales y políticos.

Foto: centrodeperiodicos.blogspot.mx
Foto: centrodeperiodicos.blogspot.mx

En el reverso de lo que pudiera parecer absurdo e ininteligible, de la tortura, la mutilación y la transformación del cuerpo en animalidad reducida a biología pura, a vida nuda, invita a reconocer algo más que simple manifestación del dominio y la soberanía sobre otro cuerpo en el sentido de control, sino que exige ir a lo profundo, a la multivocidad de lo terrible que hospeda sus más hondos significados en el sentido de lo humano; esto implica reconocer que en el ser humano habitan y conviven el bien y el mal indisolublemente.

La deshumanización necesaria para el ejercicio del horror y la crueldad sobre las víctimas no busca simplemente matar por matar o hacer uso de la violencia por la violencia misma. La víctima es previamente degradada, porque la violencia absoluta sobre otra persona implica tratar a esta como no humana, como carente de emociones, derechos, sentimientos y razones.

El cuerpo mutilado, torturado, desencajado, desollado y abandonado al horror, resulta un simple residuo, un portador de un mensaje, uno hoja sobre la cual se registró un mensaje humanamente horroroso, inteligible para todos, aunque francamente indigerible, difícil de observar, asimilar, apropiar.

Foto: noticierosgrem.com.mx
Foto: noticierosgrem.com.mx

El horror sobre las víctimas implica reconocerse uno mismo en la mutilación, en la herida que se abre entre la víctima y el victimario porque el cuerpo se convierte en una obra para ser vista, para ser interpretada y leída; en otras palabras, si no existiera el espectador, el horror no tendría ningún sentido, ni siquiera para quien ejerce la violencia, precisamente porque implica un sacrificio, no solamente de la víctima sino del victimario, quien se entrega al dolor de la tortura y expulsa con la mutilación del cuerpo el discurso del dolor humano que ya tenía tiempo torturándolo por dentro.

La violencia contemporánea es el exceso del horror, el dolor llevado a sus extremos, la soberanía como dominio absoluto sobre la voluntad del otro. No hay posibilidad de dignidad, de mantener un punto posible de la condición humana, Es llevar lo humano a sus límites y sobrepasarlos, mutilarlos, silenciarlos, torturar todo lo que contenga un rastro de lo potencialmente humano. El sacrificio ya no es suficiente, ni siquiera el sentido mágico-religioso que por medio del ritual lograba restaurar el orden del mundo y crear una narrativa de purificación. Hoy, el horror es un el mensaje que se escribe en los cuerpos de las víctimas.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Luis Jaime Estrada

Estudió la Licenciatura en Comunicación con orientación en comunicación política, la Maestría en Estudios Políticos y Sociales y es doctorando en Ciencias Políticas y Sociales por la UNAM, con estudios de investigación doctoral en la Universidad de Salamanca, España. Actualmente es profesor de Ciencia Política en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, y de Comunicación y Relaciones Internacionales en la Universidad del Valle de México; asimismo, es Director de Investigación Social en el Instituto Ciudadano para la Gobernanza Democrática S.C.

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