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Indiferencia a la diferencia

Por: Miguel Guerrero


… Uno se aplicaba en descuartizar con cuidado, con minuciosidad un cadáver. Quería encontrar algo que no fuera semejante ni a la carroña de los animales ni a los despojos del indio. Eso, que permite a los ladinos mandar. Como no lo hallaba, movía la cabeza insatisfecho, dudoso. Abandonó ese cadáver inútil para buscar otro.

Así describe Rosario Castellanos en Oficio de Tinieblas la incomprensión que existe sobre una indiferencia a reconocer la diferencia existente en nuestra sociedad, la cual se ve marcada por una profunda desigualdad que, como ese indio chamula lo expresa, es representada en ciertas personas que sienten poseer el derecho a la superioridad.

 No es la Alemania de Adolfo Hitler, donde la raza aria detenta ese don de ser los que tienen ese derecho único a existir, o la “América” de Donald Trump donde características físicas determinan la pertenencia a ese grupo que piensa en esa misión de llevar las riendas en el rumbo de la vida de las personas, es México, donde existe una realidad ocultaba por ese velo de indiferencia que niega la identidad, origen y, sobre todo, el pilar que constituye una pluralidad cultural que sustenta a nuestro pueblo.

Foto: http://www.jornada.unam.mx/2012/08/08/politica/016n1pol
Foto: http://www.jornada.unam.mx

“Somos producto de 500 años de lucha”, una de las partes iniciales de la Declaración de la Selva Lacandona, donde los pueblos indígenas agrupados en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, declaraban la guerra al gobierno y nos recordaban su existencia pese a los intentos de extinción en la colonización española, la pretendida expansión estadounidense, la intervención francesa o la dictadura porfiriana, para continuar con ese sendero de lucha por trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz.Ni más ni menos que necesidades mínimas para sobrevivir en lo individual y de manera colectiva. 

Sin embargo, vivimos en una sociedad distraída con una doble moral y una actitud que dista mucho de respetar a las personas: nos indignamos por las ofensas de un gobierno extranjero contra nuestros “paisanos” y contra nuestro país alardeando nuestra identidad nacional colocando banderas tricolores por todos lados, mientras que existe una masacre silenciosa de muchos pueblos y comunidades indígenas de la que no se habla, se voltea a observa y ni siquiera importa.

Masacre que se materializa con el saqueo de los recursos naturales donde habitan, con desapariciones completas de sus pueblos a través de inundaciones para la construcción de presas como el Zapotillo, con aniquilamientos de comunidades que se han visto forzadas a desplazarse a otros lugares debido al control del narcotráfico en sus regiones o por el acecho del hambre, pobreza y muerte de enfermedades totalmente prevenibles y curables.

Foto: nayaritenlinea.mx
Foto: nayaritenlinea.mx

 Ese México profundo del que habla Guillermo Bonfil Batalla, pero sumido en una colonización colectiva presente, suprimiéndolo de nuestras memorias y vidas. Los pueblos indígenas de México existen en una sociedad distraída en la vorágine de información de las redes sociales en expresiones materiales muy marcadas: para la foto presumiendo nuestro sentido e identidad con pose duckface para Instagram o Facebook, encargando prendas de vestir para lucir las artesanías que crean los indígenas, consumiendo café de Chiapas para “apoyar” lo mexicano o placearse por los tianguis donde vendes los “inditos” y comprar para “ayudarlos”.

Y existen para un gobierno en la medida de utilidad: fotos en comunidades indígenas inaugurando obras de ornato que no responden a necesidades vitales, simulando consultas a pueblos en proyectos que afectan de manera decidida su vida, presumiendo reconocimientos de sus derechos, pero sujetos esquemas de imposición que no responden a sus intereses o reprimiéndolos para apoderarse de sus recursos naturales.

“Si el mal gobierno no nos hace caso, ahí que se quede con su pendejada”, así lo afirmaba la Comandanta Rosalía del EZLN que bien puede atribuirse a la negativa del Estado para avanzar hacia un reconocimiento pleno de los derechos de los pueblos indígenas, a la postura de imponer una visión y negarse a un intercambio con integrantes de otras culturas o a esa exclusión de la sociedad con la indiferencia, pero que pretende incluirlos en una existencia material que solo satisface los deseos del reconocimiento social de nuestro ego.

Foto: americapasolento.blogspot.mx
Foto: americapasolento.blogspot.mx

Hay un camino largo que trazar en el respeto sus derechos, de mostrar disposición a convivir en una sociedad, de comprender las significaciones diversas a su cultura y de no emitir juicios de valor sobre las mismas, de reconocer que existen y buscar la igualdad con base en el respeto de la diferencia, de no pretender la integración, sino apertura para contribuir a un tejido social que vea en el otro la construcción de una nueva relación no con imposiciones, tan sólo como aportaciones.

Es posible construir una sociedad con una visión de compartir y no competir, de convencer y no imponer, de comprender y no defender, de no tener indiferencia ante la diferencia; se trata de reconocer la pluriculturalidad de nuestra sociedad y, sobre todo, no negarnos y aportar a través de la manera que realmente somos. La indiferencia de la diferencia no tiene cabida con la riqueza cultural de nuestro país, continuar en ese rumbo es la propia negación de uno mismo, es el avasallamiento de nuestro propio egocentrismo.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Miguel Guerrero

Es Licenciado y Maestro en Derecho por la UNAM en la vertiente de investigación filosófica. Candidato a Doctor en Derecho en la UNAM. Académico de Asignatura de Amparo en la Facultad de Derecho de la UNAM. Se ha desempeñado como servidor público en el Gobierno de la Ciudad de México en las delegaciones Coyoacán y Tlalpan. Asesor Parlamentario y Secretario Técnico en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal y en la Cámara de Diputados, con trabajo profesional y académico enfocado al área de derechos humanos. Padre orgulloso de Moka y Hércules.

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