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Jano en el Pritzker

Por: Javier Caballero



En la mitología romana, Jano era el dios de las puertas, de los principios y los finales, del acceso y la salida, y era representado por dos caras adyacentes que miraban en dirección contraria. Usualmente servía como representación de la hipocresía, pues sus dos rostros manifestaban la ambigüedad del umbral y la ambivalencia del instante. En este sentido, pienso en el Premio Pritzker, pues estando a unas semanas de la nueva edición, me cruzan por la mente una serie de reflexiones, que tal vez -me parece- puedan ayudar a ir creando una visión otra (no diferente porque ese es vocablo del reiterativo discurso neoliberal) de lo que significa producir el espacio. La necesidad de hacerlo no es otra que coadyuvar a modificar la visión arquitectónica contemporánea según la cual lo importante, -aquello que debe ser premiado, reconocido y visibilizado- es el objeto y su creador, soslayando la enorme complejidad inscrita en la forma en que una cultura, grupo o persona, produce, percibe y concibe su espacialidad. Reflexionar en ello me parece fundamental en un tiempo en que el tardo-capitalismo pretende mantenernos inmersos en un proceso de resignificación espacial que atenta no sólo contra el entorno que habitamos, sino incluso contra nosotros mismos.

Foto: archdaily.mx
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Como se sabe, el Pritzker es el premio de mayor prestigio internacional en el ámbito arquitectónico que se concede cada año al/la arquitectx que se considera posee una trayectoria profesional destacada. Tanto su obra construida como sus aportaciones teóricas son fundamentales para recibirlo, y ello es valorado por un jurado rotatorio encargado de hacer el dictamen. Por su importancia, el Pritzker ha querido ser entendido con el premio “Nobel” de la arquitectura, y aunque para muchos ello pueda parecer una exageración, la percepción general así parece recibirlo.

Hasta aquí, la distinción parece no tener inconveniente e incluso podemos llegar a creer que es socialmente pertinente. Sin embargo, hagamos algunas preguntas: ¿por qué es necesario premiar la trayectoria de un profesionista cuyo sentido único de existencia es el servicio a lxs demás? ¿Por qué distinguir a unxs sobre otrxs y meterlos en una competencia inexistente? ¿Para qué? ¿Tiene esto algún interés específico?

Foto: 4.bp.blogspot.com
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Nadie puede estar en desacuerdo con el reconocimiento; es algo importante para el desarrollo social del individuo y de los grupos que trabajan por un objetivo común; de hecho, sin reconocimiento la motivación y la autoestima bien pueden pender de un hilo. Sin embargo, hemos también de estar conscientes que en sociedad de hiper-consumo como la nuestra -hecha de individuos aislados que consumen vorazmente y que piensan que logran todo por sí mismxs– el reconocimiento bien puede deformarse y convertirse en una quimera que justifica la forma vigente del orden social; en definitiva, una puerta de dos caras. De hecho, me atrevo a afirmar, que es ello lo que finalmente promueven y lo que de facto les interesa: colocar periódicamente en la cima de la pirámide social a los individuos “bien portados” -obedientes y sumisos- que sirvan como modelo de comportamiento que los agremiados han de tener; a cambio, gozarán del prestigio y la posición social que el premio les provee y de los clientes que les permitirán continuar haciendo lo que hacen. Al final, como puede inferirse, lo importante es mantener los estatutos que mantienen a la élite en su lugar.

En efecto, el Premio Pritzker sólo reconoce a lxs arquitectxs que realizan producciones espaciales apegadas a los paradigmas que el modelo europeo establece; aquel que marca un estilo de vida homogéneo, desarraigado y desvinculado de las costumbres y el entorno local. Incluso si pensamos en la “arquitectura chabolista” de Alejandro Aravena o en las singulares estructuras de papel de Shigeru Ban, éstas contienen gran parte de las enunciaciones paradigmáticas de la arquitectura académica. Al final, las élites imponen en todas partes el mismo tipo de espacialidad y el mismo tipo de sintaxis; aquel que le sirve para reproducir su modelo de vida humana.

Me parece que reconocer el trabajo arquitectónico es un oxímoron en el que Jano se hace presente, pues el objetivo de toda profesión, como ya se expuso, es servir a los demás a partir del conocimiento adquirido; es un absurdo ejercer esperando recibir un premio que supuestamente reconoce esa labor, y mucho más si es un premio que soslaya la intervención de los usuarios, de los trabajadores, de los calculistas y de todas las personas que hicieron posible las edificaciones. Si partimos de esta idea bien podemos comenzar a sospechar de la pertinencia de un reconocimiento completamente subjetivo y con criterios que, a lo sumo, son comprendidos únicamente por el jurado.

Permítanme demostrarlo a través de un extracto del discurso emitido por éste último en la entrega del premio 2017:

“…sus obras cumplen admirable y poéticamente con las exigencias tradicionales de la arquitectura; la belleza física y espacial, la funcionalidad y la artesanía, pero lo que las distingue es el enfoque que crea edificios y lugares que son locales y universales al mismo tiempo”. ¿Qué significa emitir un discurso que pretende “explicar” las razones de la distinción transitando por lugares comunes y vociferando frases que bien pueden aplicarse a casi cualquier producción espacial?

Sin duda, los premios -del medio que sean- modelan los valores sociales e imponen lo que las personas tenemos que pensar y sentir, lo que nos debe gustar y lo que debemos aceptar y consumir. No sirven para otra cosa. Es necesario develarlo y hacernos conscientes de la manipulación a la que constantemente estamos sometidos. Como resultado de ello, paulatinamente podremos empoderar nuestra percepción, nuestras emociones, y el sentido colectivo y personal que tenemos sobre nuestra espacialidad; sólo entonces, podremos cruzar la puerta.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Javier Caballero

Es maestro en arquitectura por el Posgrado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesor de historia y teoría arquitectónica, se ha especializado en los estudios decoloniales que cruzan la historia del arte, la historia de la arquitectura, el urbanismo y el patrimonio cultural.

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