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La calculada cargada de AMLO

Por: Fernando Belaunzarán



México pasa por un momento de extraordinaria incertidumbre: las crisis se profundizan, la incapacidad del gobierno para enfrentarlas es manifiesta, la popularidad del presidente está en un dígito, el descrédito del conjunto de la clase política es palpable y el hartazgo ciudadano es un elemento de indiscutible volatilidad. Es un escenario que en principio beneficia a Andrés Manuel López Obrador por ser el único opositor que ha estado en campaña durante más de una década, tiene segura la candidatura presidencial y ha sabido venderse con éxito como alguien enfrentado al sistema a pesar de sus cuatro décadas siendo parte y sirviéndose de éste. Encontró un momento favorable para su estrategia, de generar la percepción de que su triunfo es inminente y, con ese fin, decidió que era buen momento para promover la tradicional subcultura de la cargada a su favor, herencia del viejo régimen.

FOTO: adnpolitico.com
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Si bien, López Obrador parece tener mejores condiciones de competencia que en 2012, cuando Enrique Peña Nieto despuntaba con claridad en las encuestas, no está ni de cerca en las que tenía en 2006, cuando sus errores, producto de la soberbia, le hicieron perder una clara ventaja que parecía inalcanzable. De hecho, en la más reciente encuesta con la que pretende cantar victoria anticipada (Parametría, 21 al 25 de enero 2017), AMLO tiene menos porcentaje de votos que el que obtuvo en aquellas dos elecciones: 28% respecto al 31% (2012) y al 35% (2006), y muy por debajo a los niveles que llegó a tener en mediciones cercanas al desafuero en 2005, algunas de las cuales llegaron a rondar el 50%. Además, el índice de rechazo a ser entrevistado que reconoce la encuesta fue del 30% y hay un 35 % que respondió “ninguno” o “no sé”.

Sin embargo, le está funcionando la burbuja mediática a López Obrador porque además ha moderado su discurso respecto a los poderes fácticos para hacerse de su apoyo. Algunos sectores de éstos piensan que sería mejor que El Peje se hiciera cargo del gobierno que tenerlo otros seis años saboteando cualquier iniciativa, en virtud de su consabida línea política de crecer sobre las ruinas. Si el único acuerdo nacional posible para enfrentar la emergencia nacional que acepta AMLO es que lo encabece él y tiene una fuerza suficiente para hacerle la vida imposible a cualquier otro, sostienen que podría ser la opción si les da garantías para conjurar sus miedos. La desesperación suele engendrar ingenuidades.

El corrimiento al centro de López Obrador se empieza a dar cuando tras los hechos de Nochixtlán decide retirar su demanda de “abrogar” la reforma educativa y se limita a llamar a limar sus puntas más afiladas para “no doblar al gobierno”; luego ofreció “amnistía anticipada” a corruptos y violadores de DDHH como una forma de decir que no perseguiría a los actuales detentadores del poder, no disputó los bastiones del PRI en 2016 ni lo hará en 2017 y fue el primero en proponer unidad nacional en torno a Peña Nieto frente a Trump. Esos gestos conciliadores con “la mafia” se dan en una línea ambivalente, pues a la menor provocación regresa al viejo discurso maniqueo y estridente; busca atraer nuevos adeptos sin perder su base radical, de tal suerte que unos y otros estén conformes con algo y resuelvan la contradicción ignorando las partes que no les gusta.

¿Cuál es el verdadero AMLO? ¿El pragmático Jefe de Gobierno que ahora extiende su mano a empresarios y políticos de todos los partidos o el autoritario líder que exhibe intolerancia y prefiere hundir el barco antes de aceptar que otro lleve el timón? Depende de su circunstancia y ánimo, lo que hemos visto es que suelta al Dr. Jekyll o Mr. Hyde a discreción. El personaje está subordinado a su estrategia política y, por lo mismo, lo importante no es averiguar cómo es en realidad sino entender que él actúa de acuerdo a sus necesidades. Eso sí, en cualquier caso, conciliador o inquisidor, no admite la crítica periodística.

López Obrador decidió hacer una gira en la que miembros de otros partidos firmen un documento que significa adhesión al proyecto de su presidencia. Hacer de “la cargada” el síntoma de su evidente triunfo. No pocos de los suscriptores ya estaban con él desde hace tiempo, como José Luis Gutiérrez Cureño, pero le sirvieron para efecto mediáticos. Otros llaman la atención por su cercanía con personajes impresentables, como Javier López Zavala, delfín del gober precioso, o José Abella, operador de Javier Duarte. Llamó más la atención la adhesión de Fernando Coello, abuelo de Manuel Velasco, por el despliegue de recursos y acarreo operado descaradamente por el gobierno estatal en el mitin de Tapachula. El gobernador del Partido Verde mandó una evidente señal de que “la mafia en el poder” puede acordar con el tabasqueño.

Donde cabe esperarse que la cargada se dé de manera más natural es en el PRD. Primero porque AMLO fue de sus fundadores, tres veces candidato a gobernador, Jefe de Gobierno y dos veces candidato a la presidencial de la república; y segundo por la innegable crisis de ese partido, agudizada por el descarrilamiento de la alianza en el Estado de México que golpeó con severidad una ruta con perspectiva estratégica hacia el 2018. En Morena conocen bien los liderazgos del PRD y es natural que los busquen y les inviten a sumarse con promesas detrás de un candidato competitivo frente a la falta de claridad del perredismo y sus pleitos fratricidas. Y si Andrés Manuel puede purificar a salinistas, duartistas y velasquistas, por qué no a perredistas, aunque tan cercano como el 2015 los hayan acusado de “corruptos”, como es el caso de Leticia Quezada.

FOTO: prd.senado.gob.mx
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El caso de Miguel Barbosa, a quien López Obrador acusó de ser impuesto por Enrique Peña Nieto en la Presidencia del Senado como pago a sus favores y aquél denunció “la soberbia infinita” del Peje, merece atención no sólo por el oportunismo manifiesto de quien se había comprometido públicamente con Miguel Ángel Mancera hacía muy pocos meses sino porque muestra bien la estrategia de AMLO. No busca un acuerdo entre partidos, al menos no por ahora, sino vaciar al PRD para que tenga muy poco que acordar y ni hablar de que mantengan la jefatura de gobierno y otras gubernaturas. Barbosa tiene una bancada con la mayor parte de los senadores renunciados al partido, pero en disfrute de las prerrogativas que le corresponden a éste para promover opciones distintas.

Los senadores que se afiliaron a Morena están más a gusto con él que yéndose con Manuel Bartlett porque tienen más recursos económicos para repartirse. La única razón por la que Miguel Barbosa no hace lo mismo que sus compañeros de bancada es porque ya no podría ser coordinador y perdería el control de las subvenciones y la nómina que le corresponden al grupo parlamentario del PRD. López Obrador quiere, además de ganar la presidencia, acabar con la viabilidad de su anterior partido y, como vemos, no faltan quienes quieren ayudarlo desde dentro.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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