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La constitución moral de AMLO

Por Fernando Belaunzarán


No es casual que Andrés Manuel López Obrador haya anunciado su propuesta de redactar una “constitución moral” cuando rindió protesta como candidato del ultraconservador y evangélico Partido Encuentro Social. Con ella busca trascender la vida pública y abarcar el imaginario de lo espiritual, prometiendo el “bienestar del alma”. Será el credo de la llamada “cuarta transformación” para evangelizar a la república.

Fuente: facebook.com/pg/lopezobrador.org.mx
Fuente: facebook.com/lopezobrador.org.mx/

En sí mismo, el concepto de “constitución moral” es aberrante en un Estado laico, pues éste es incompatible con cualquier moral oficial. La lucha histórica de los conservadores es establecer la suya propia en la ley, proscribiendo las demás. Por eso, de entrada salta a la vista la incongruencia de quien se dice admirador y emulador de Benito Juárez -al punto de ponerlo como escenografía prominente en sus actos oficiales y hasta copiarle el peinado-, pero propone explícitamente “moralizar” a la sociedad mexicana con dicha iniciativa, en lugar de reconocer que eso corresponde al ámbito privado.

Han querido justificar su pertinencia comparándola con la “cartilla moral” que Alfonso Reyes escribió a mediados del siglo pasado a petición de Jaime Torres Bodet, pero ese texto que no impidió ni redujo la corrupción institucionalizada se hizo para enseñar valores cívicos y morales en las escuelas en un México y un mundo muy distinto al de hoy. La Constitución que sí es tal y nos rige ha dado cuenta de ello con algunas de sus transformaciones más importantes. El Artículo primero prohíbe cualquier tipo de discriminación por creencias; el Artículo 24 reconoce el derecho de cada persona a sostener sus convicciones éticas; y el Artículo 40 establece que somos una república laica. Si a eso le sumamos la división Iglesia-Estado del tradicional Artículo 130, no cabe la figura legislativa que propone el virtual presidente electo.

Los “bienes espirituales” que le preocupan a López Obrador no son competencia del Estado. Claro que es deseable que una persona goce del “bienestar del alma” si cree en ella y así lo quiere, pero los recursos públicos no son para procurar eso. Nuestro marco normativo también ampara a los mexicanos que no creen en el espíritu y desde la Reforma las creencias religiosas son respetables, pero no pueden ser impuestas al conjunto de la población.

AMLO pretende convocar a un “constituyente”, el cual será un

“diálogo ecuménico, interreligioso, entre religiosos y no creyentes[…] para moralizar a México”. Además de invitar a líderes de diferentes iglesias, asegura que también estarán “filósofos, sociólogos, antropólogos, académicos, escritores, poetas, asociaciones de padres de familia, mujeres, defensores de la diversidad sexual y de derechos humanos”.

Si es así, se encontrarán muy diversas morales (en plural) que tienen el mismo derecho a ser vividas y promovidas por sus practicantes. Ninguna puede predominar sobre las otras ni establecer lo que es “inmoral” por mayoría de votos.

López Obrador contó con el respaldo de 30 millones de mexicanos, pero para ser presidente, no predicador. Es propio de regímenes autoritarios entrometer al Estado en asuntos de conciencia. Es un ámbito delicado que históricamente ha sido usado para la manipulación política. En México tuvimos un a guerra por eso, de la cual salieron victoriosos los liberales, encabezados por Benito Juárez. ¿De qué sirve hacer apología de su figura si se va a pisotear su legado?

Preocupa la exultante megalomanía de quien se adelanta al juicio de la historia y habla por ella para concederse a sí mismo un lugar privilegiado entre los próceres de la patria. Peor aún cuando amaga con apelar a la fe para apuntalar su imagen como gobernante y afirmar el halo místico y providencial que ya le reverencia un sector de la población. Si promover el culto a la personalidad es ya un peligroso despropósito, dotar al gobernante de influencia espiritual es un cocktail aún más explosivo. En lugar del fanatismo que presagia polarización, debemos cultivar la libertad, la tolerancia y el respeto a la diferencia.

Está visto, nadie experimenta en cabeza ajena. Por ello, a pesar de las guerras, crímenes y tragedias que ha provocado, todavía no se aprende a dejar al alma fuera de la vida pública. Ni siquiera el “juarista” López Obrador…

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Fernando Belaunzarán

Licenciado en Filosofía con Mención Honorífica por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde fue Consejero Universitario líder estudiantil del Consejo Estudiantil Universitario. Ex diputado federal de la LXII Legislatura de la Cámara de Diputados, en la cual ocupó el cargo de Secretario de la Junta Directiva de la Comisión de Gobernación. Es Presidente del Grupo Organizador del Foro Internacional de Política de Drogas y es autor de los libros: "Tiempos Turbulentos", "Herejías políticas en momentos decisivos", "La Guerra de los Herejes" y "Herejía, Crítica y Parresía".

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