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La familia de libre configuración

Por: Carlos López Kramsky



México ha cambiado mucho en los últimos años. Para muchos quizá no ha cambiado lo suficiente, pero hay que reconocer que las cosas son distintas en estos tiempos que corren. Mucho hemos insistido en que es necesario continuar expandiendo los derechos humanos y fortaleciendo sus garantías. Esta no es una labor exclusiva del gobierno, de los jueces o de las leyes; hoy tenemos normas garantistas y contamos con poderes judiciales que han sido penetrados por los principios que dan sentido y rumbo a los derechos fundamentales. Nuestra Constitución, algunas leyes como las generales de víctimas; de tortura o de desaparición forzada, así como los criterios sostenidos por la Suprema Corte de Justicia de la Nación en su décima época jurisprudencial, son buenos ejemplos. La deuda más grande quizá se encuentre en los poderes ejecutivos y en algunos sectores de la sociedad.

Foto: fotoseimagenes.net
Foto: fotoseimagenes.net

Uno de los conceptos/derechos que ha sido más difícil de modificar es el de la familia. Recuerdo que hace 30 años solo había un modelo de familia y quienes osaban vivir fuera de él eran segregados socialmente. Los niños de padres divorciados sufrían las consecuencias en la escuela y ni pensar en la unión libre o el concubinato, que eran una condena social. Era literalmente i-m-p-o-s-i-b-l-e concebir una unión de personas del mismo sexo y, lo peor, es que las leyes, los jueces y los gobiernos defendían esa idea única de familia. La sociedad giraba en torno a ese modelo y, a su vez, la familia dependía de la presión social para mantenerse unida. Una catástrofe para muchos.

Afortunadamente, a pesar de la extrema resistencia, el concepto/derecho de familia ha evolucionado y hoy tenemos la libertad, consagrada en el artículo 4° constitucional y ampliada con los criterios interpretativos del Poder Judicial de la Federación, para escoger el modelo de familia que queremos vivir, ya sea unipersonal, matrimonio, concubinato, unión libre, sociedad de convivencia, matrimonio entre personas del mismo sexo, con hijos, sin hijos, con animales de compañía –“perr-hijos”, “gat-hijos”, etc.- y, en general, cualquiera que cada persona decida adoptar. Hoy somos libres para decidir nuestro propio destino y cómo organizar nuestra propia casa.

Si bien el texto constitucional no aclara cuál es el modelo de familia que protege, los tribunales federales han ampliado esta garantía estableciendo en varias tesis aisladas que las personas tienen el derecho a decidir el modo y configuración de su familia. Han resuelto en diversos juicios de amparo que todos tenemos el derecho de celebrar matrimonios con personas del mismo sexo y con ello obtener la misma protección que brinda el enlace matrimonial tradicional y han dado un diseño normativo y axiológico al concubinato.

En este último caso, hay que recordar que el concubinato casi no está regulado en los códigos civiles o familiares estatales, lo que generó que durante mucho tiempo hubiera una injusta desprotección legal para quienes vivían bajo este esquema; la Corte ha sentado precedentes en el sentido de que el concubinato es una unión de hecho, que se celebra sin formalidades, pero que preserva todos los derechos de cualquier modelo familiar legalmente regulado. Más aún, en las últimas tesis –una publicada el 23 de marzo- nuestro máximo tribunal reconoce que el concubinato está protegido bajo dos derechos humanos: el derecho a la familia y el de libre desarrollo de la personalidad.

Contradictoriamente, a pesar de que tenemos leyes y jueces que han ensanchado el derecho a la familia, todavía muchos gobiernos y muchos sectores de la sociedad siguen sin reconocer tal diversidad y pretenden continuar con el modelo único. Tenemos que entender que no está mal diferir de las preferencias de los demás, pues nadie está obligado a vivir bajo un esquema que no le agrada, pero sí estamos obligados a respetar lo que los demás decidan libremente sobre sí mismos.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos López Kramsky

Abogado, Maestro en Derecho Constitucional y Doctor en Derecho por la Universidad Marista, Campus Ciudad de México; tiene estudios de maestría en Derechos Humanos y Democracia por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO); diplomado en Análisis Político por la Universidad Iberoamericana y en Diversidad Cultural, Políticas Públicas y Derechos de los Pueblos Originarios de México, por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). Ha sido catedrático en diversas universidades, asesor legislativo y servidor público en el Gobierno Federal.

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