El principio del tiempo / Opinólogía / La marca del olvido en el sublime espectáculo del retorno a la memoria

La marca del olvido en el sublime espectáculo del retorno a la memoria

Por: Delia Bolaños


El pasado jueves 12 de abril, se inauguró en la Fototeca Nacional (Ex Convento de San Francisco, Pachuca, Hidalgo) la exposición temporal Memoria. Hago fotografía para no olvidar del reconocido fotoperiodista mexicano Ulises Castellanos, muestra que nos trae una selección fotográfica de 50 imágenes de entre los más de 90,000 negativos y 2,400 coberturas que el artista decidió donar a esta institución en meses pasados (se trata de un acervo físico en formato analógico perteneciente al período entre 1985 y 2005).

Foto: imagenliquida.weebly.com
Foto: imagenliquida.weebly.com

Memoria sintetiza lo que [el fotógrafo ha] sumado como experiencia y lo que [ha] visto para otras personas. Para [él] es muy angustiante reconocer y ver cómo la memoria es muy resbaladiza, [ya que] sin la memoria no tendría sentido nuestra propia existencia. Ninguno de nosotros […] reconocería un camino recorrido o un puerto al cual arribar si no tuviéramos claridad en la memoria. No tenemos manera de archivar más allá de un solo evento o una sola cosa que no sea sintetizado por la fotografía”.[1]

Tomando como punto de partida esta exhibición, me he permitido traer a la mesa una interesante reflexión sobre el papel de la fotografía artística y periodística en nuestro país, pues pese a que en la escena actual grandes figuras como Pedro Meyer, Elsa Medina, Pedro Valtierra, Nacho López, Gerardo Montiel Klint, Daniel Aguilar, Jerónimo Arteaga Silva, Víctor Mendiola y Pepe Soho han llenado el imaginario colectivo de maravillosas y legendarias tomas, la concepción del arte y el quehacer fotográfico (más allá del quisquilloso morbo de la nota roja o la fugaz espectacularidad de los perfectos perfiles de Instagram y Tumblr) se reduce a la etérea

“verdad enfática del gesto en las grandes circunstancias de la vida” (Charles Baudelaire).

En este acto de la memoria del acontecimiento cotidiano y el pasado “siempre vivo”, no sólo olvidamos sino que ignoramos el rostro, el discurso artístico y el punto de vista del artista de la luz. Pónganse a pensar, queridos lectores, en las imágenes fotográficas que han marcado el devenir social de nuestra contemporaneidad y traten de recordar quiénes fueron los autores de dichas tomas. Tal vez tengan en la mente a la niña afgana de los lindos ojos verdes, a Marilyn Monroe sosteniendo el holán de su vestido, a Albert Einstein sacando la lengua, a un marinero besando apasionadamente a una enfermera o el rostro de Ernesto ‘El Che’ Guevara, pero apuesto a que la mayoría de ustedes no conocen al fotógrafo que dio vida a cada una de dichas memorias visuales.

A diferencia de la mayoría de las artes plásticas y visuales, la fotografía tiende a ser considerada como una disciplina de menor categoría (pese al rotundo de éxito de los concursos y premiaciones por trayectoria fotográfica[2]), esto ya desde principios del siglo pasado cuando el filósofo Walter Benjamin afirmó:

“la época de la reproductibilidad técnica del arte ([en especial el de la fotografía y la cinematografía]) separó al valor artístico de su fundamento ritual […], el cambio en la función del arte [está directamente ligado con] las dificultades que la fotografía ha planteado en la estética tradicional [de la pintura]”.[3]

De manera que su percepción poco ventajosa en el mundo del arte (incluso delante del séptimo arte, al cual le da vida) deja aún más mal parado a los fotógrafos.

Por un lado, la gran facilidad con la que cualquier persona puede obtener un equipo móvil con cámara fotográfica integrada (de una calidad de obturación más o menos decente), ha permitido que el ejercicio de la fotografía esté al alcance de la gran mayoría. Pero tal vez sea la aparente baja complejidad para manipular una cámara y notable la fluidez para obtener imágenes con un simple “clic”, la razón por la que muchos espectadores tienden a menospreciar el trabajo creativo de maestros de la luz (pese a la popularidad mediática de un sinfín de imágenes en las redes sociales digitales) y sobrevalorar el producto de sus propios ejercicios fotográficos.

Por el otro, la utilización de gran variedad de software de edición y post-producción así como las herramientas de diseño por computadora, incluso en concursos de fotografía que galardonan la inmediatez y la habilidad de fotoperiodistas a nivel mundial, ha provocado que muchos espectadores pierdan la ilusión en el arte fotográfico ante la poca factibilidad de los escenarios fotográficos contemporáneos. En suma, la falta de una adecuada educación visual que nos permita comprender el mundo de la luz más allá de la cobertura de noticias y la espectacularidad de las celebridades, estimula el cayo en la memoria gráfica de nuestro país y el no reconocimiento de estos artistas.

En México, existen tres grandes templos dedicados a la fotografía tanto periodística como artística que todo ciudadano debe visitar al menos una vez en su vida: el Centro de la Imagen (Plaza de la Ciudadela #2, Centro Histórico), el Foto Museo Cuatro Caminos (Ingenieros Militares #77, Lomas de Sotelo) y la Fototeca Nacional del INAH. Los invito a que planeen una visita en familia y reflexionen acerca de la memoria visual de nuestro acontecer histórico.

[1] Castellanos Ulises, fragmento de la entrevista hecha por el INAH para la presentación en redes sociales digitales de la exhibición fotográfica Memoria. Hago fotografía para no olvidar, publicado en los perfiles oficiales en Twitter del INAH y de la Fototeca Nacional el 10 de abril de 2018.

[2] Tales como el World Press Photo, el National Geographic Traveler Photo Contest, el Sony World Photography Awards, los Pullitzer Prize al fotoperiodismo, el Nikon Photo Contest, el Wildlife Photography of the Year, la Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen, el Concurso Nacional de Fotografía o el Concurso Sentimientos de México.

[3] Benjamin Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, 2003, Editorial Ítaca, Ciudad de México, p.63.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Delia Bolaños

Maestra en Historia del Arte y Patrimonio por la Universidad de Burdeos y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Especialista en arte moderno y contemporáneo, asesora de difusión y comunicación cultural y amante del arte urbano. Escritora de tanto en tanto, melómana, lectora empedernida y hermeneuta. Orgullosamente mexicana y apasionada ciudadana del mundo. Cazadora gastronómica y fotógrafa profesional.

Te puede interesar

#Opinóloga

De la litografía a los GIFs: el ‘boom’ de la ilustración

Comparte en WhatsApp   La ilustración, posiblemente uno de los oficios artísticos más antiguos y ...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>