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La política de los adjetivos

Por: Ferrer Galván


Todos hemos utilizado la política de los adjetivos, es un recurso divertido y facilón para lograr describir a un adversario político. Todos hemos incurrido en la política de los adjetivos y todos hemos descubierto que tan pronto uno empieza a adjetivar al otro, comienza a ser adjetivado uno mismo.

La calificación y descalificación de las y los políticos es una especie de derecho del pueblo, desde siempre los gobernados han utilizado la picardía para castigar o premiar a los gobernantes por sus virtudes y su defectos. Es una convención social largamente aceptada que de abajo hacia arriba se critique con dureza y se endilguen epítetos a los políticos, incluso cuando las críticas y apodos surjan de rumores y embustes.

Foto: illuminatilab.com
Foto: illuminatilab.com

Tampoco es nuevo que entre adversarios se adjetiven y se describan mediante descalificaciones o se denosten. Sin embargo es un recurso facilón, que muchas veces describe más a quien descalifica que al descalificado. La mayoría de las descalificaciones políticas entre competidores, entre iguales, buscan que el público se construya un prejuicio contra el adversario. Decir que López Obrador es un peligro, de ninguna manera lo describe pero sí provoca que los electores se construyan un prejuicio contra él, es el mismo caso de decir que Ricardo Anaya es excluyente, genera un falso prejuicio, porque quienes lo califican difícilmente aceptarían entre sus filas a personajes tan impresentables como Felipe Calderón y Vicente Fox.

El adjetivo en la política tiene fundamentos muy claros, quien se vale de ellos en todo momento termina por parecer poco serio, aunque ciertamente aparecerá en todas las primeras planas y se viralizarán sus adjetivos, porque lo polémico siempre resalta, pero no necesariamente atrae.

Sin embargo hay un límite, adjetivar de abajo hacia arriba es por decir lo menos, una pequeña licencia del gobernado cuando se siente traicionado por el gobernante. Adjetivar entre políticos rivales hace perder el respeto, pero aún es permisible. Pero calificar y descalificar desde el poder al pueblo, a una parte de él, o a un ciudadano específico es una violencia inaceptable, no es un recurso humorístico es un abuso.

Cuando un político con miles de seguidores señala y etiqueta a un sector del pueblo, está generando un prejuicio social e induce al odio, un líder sabe la responsabilidad de sus palabras, pero no puede darle seguimiento a las formas en que sus simpatizantes las llevan a cabo. Ni siquiera la filosofía cristiana ha sido siempre no violenta y tolerante como lo era Jesucristo. Un prejuicio que cae desde arriba contra los de abajo rápidamente se vuelve odio y división. Y si además el político que lo declara lo hace dentro de la irresponsabilidad de no hacerse cargo de sus consecuencias más temprano que tarde terminará siendo rehén de sus seguidores que le exigirán que sus excesos verbales se conviertan en acciones.

Declarar que los que militan en un partido político específico son “prietos pero ya no aprietan” es, por supuesto, un mal chiste pero contiene tantos prejuicios esa frase, tanta discriminación que es inaceptable. De mal gusto y vulgar. Pero, ¿y si sus seguidores la toman en serio y salen a las calles a discriminar a las personas de piel oscura entre los que creen que aprietan y los que no.

Los políticos deben hacerse responsables de las consecuencias sociales de sus dichos, ni los ricos lo son producto de la corrupción, aunque haya quienes sí, ni los pobres son ignorantes que venden su voto por una despensa, aunque haya quienes sí. Lo que sí somos todas y todos es mexicanos, con derechos y obligaciones y con un ferviente de deseo de que las elecciones de 2018 resulten con un buen gobierno que nos permita oportunidades para que nuestras familias se desarrollen, no hay nadie en todo México que participe en estas elecciones que no quiera exactamente eso, sea cual sea el adjetivo que un político quisiera ponernos.

Y por principio todos tenemos derecho a creer que una u otra postura política es la que nos llevará a alcanzar nuestras esperanzas.

La política de los adjetivos es divertida y distingue a un político de otro. Pero los adjetivos desde el poder hacia el pueblo generan odio. Decir, desde el poder, que una parte de la prensa es fifí, que un sector social es el causante de todos los males del país, que un fragmento de la población no debe tener los mismos derechos que el resto, o que los derechos de algunos deben ser sometidos a la validación de una votación, son prejuicios que incentivados desde el poder pueden tener consecuencias lamentables.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Ferrer Galván

Activista político, interesado en las causas sociales, en la defensa de los Derechos Humanos, la participación ciudadana, las libertades civiles, y en la construcción de un entorno social más justo e igualitario. Ha sido Director de Políticas de Abasto en el Gobierno del Distrito Federal hasta 2011. Secretario Nacional de Movimientos Sociales de Movimiento Ciudadano y miembro de sus órganos de dirección nacionales. Activista en diversas organizaciones de la sociedad civil como la Iniciativa 'Tú Mandas', organización que promueve el Derecho a la Ciudad. Presidente del Consejo Ciudadano de Movimiento Ciudadano en la CDMX y presidente de la Fundación Úrsulo Galván.

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