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La política exterior de los candidatos presidenciales

Por: Juan Ernesto Trejo


Estamos a días de que las y los mexicanos presenciemos el primer debate entre los candidatos a la presidencia de México, y aunque la política exterior no formará parte de él, sino hasta el segundo debate del 20 de mayo en Tijuana, es increíble que algunos de ellos no hayan hecho públicas sus propuestas en este ramo ¿Qué evaluación hacen del papel de México en el mundo? ¿Cómo es el mundo según su visión? ¿Cuáles son los retos o las estrategias que nuestro país debería seguir más allá de Piedras Negras, Coahuila, o de Ciudad Cuauhtémoc, Chiapas?

Foto: elfinanciero.com.mx
Foto: elfinanciero.com.mx

Sabemos que en México los temas de política exterior no generan votos. Son de esas pocas cosas con las que la clase política no puede lucrar. La mayoría de los mexicanos decidirán con base en su hartazgo por la corrupción, la inseguridad, la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades y el hartazgo de la clase política, no por si los candidatos son “cercanos a gobiernos como los de Venezuela”. Hillary Clinton tenía toda la experiencia como estratega y diplomática, y los temas nacionales pudieron más con su candidatura. De poco sirvió que gritara a los cuatro vientos “¿No te da miedo que alguien como Donald Trump sea presidente y tenga en su mano el botón nuclear?”. Hoy el magnate despacha desde la Casa Blanca y tiene en su mano el botón nuclear.

Al momento de escribir esta columna de opinión (martes 17 de abril), tres de los cinco candidatos ya habían hecho públicas sus propuestas de política exterior y las tenían al alcance de todos en sus sitios de Internet, salvo Jaime Rodríguez “El Bronco” y quien me llama la atención, porque debería abanderar esta agenda, pues ejecutó el inicio de la política exterior de la administración Peña Nieto desde el piso 22 del edificio de Plaza Juárez. A 11 semanas de la elección, no sabemos nada sustancioso de la visión y estrategia sobre México y el mundo para los próximos seis años de José Antonio Meade; solo conocemos tuits, como el del pasado viernes sobre su “respeto al Derecho internacional” y dos participaciones que ha tenido su coordinadora de oficina Vanessa Rubio en televisión abierta y la revista Foreign Affairs Latinoamérica. En su página de Internet publica solo tres oraciones de lo que hizo como Canciller. Meade tiene en su equipo a expertas, a muy buenas diplomáticas e internacionalistas, pero es evidente que no les está aprovechando.

Por el contrario, uno de los seis ejes de campaña de Margarita Zavala es crear “un México a la altura de los retos globales del siglo XXI”. En tres puntos excesivamente generales y poco explicativos, Zavala arroja ideas, pero no explica el cómo y el porqué de ellas. Ella quiere reconstruir la imagen de México. Una imagen, por cierto, deteriorada desde la administración Calderón, en donde poco sirvió el excelente esfuerzo que hizo Patricia Espinosa por mantener la imagen de México de pie ante la absurda política exterior de “securitización” que fue impuesta, en parte, desde Los Pinos. Hasta ahora, solo hemos visto a Beatriz Leycegui defenderla en televisión y lo ha hecho abanderando el tema del TLCAN, nada más. En algo estoy de acuerdo con la candidata independiente: “dar el mismo trato a los migrantes que llegan a nuestro país que el que queremos que den a nuestros connacionales en Estados Unidos”, algo que hoy no ocurre. Sin embargo, me gustaría saber qué opina Zavala de la política exterior actual; del presupuesto que se le otorga a la anémica Cancillería; de las regiones del mundo, más allá de los tratados de libre comercio que tenemos con ellas; de la Agenda 2030; qué propone para China y la región asiática del Pacífico, etcétera.

Entre los aplicados en los temas internacionales y quien más ha señalado su importancia hasta ahora es Ricardo Anaya. El candidato promueve los temas internacionales y para comunicarlo también se ha hecho de voceros como Cecila Soto y Fernando Rodríguez Doval, quienes resaltan uno de los cinco ejes de la candidatura del queretano: “el fortalecimiento de la posición de México en el mundo”. Mediante siete puntos concretos, unos desarrollados acertadamente y otros no tanto como la estrategia para África y el Medio Oriente, Anaya destaca al multilateralismo. El candidato de la Coalición por México al Frente propone una política exterior de Estado; quiere ampliar la participación del Senado y crear un Consejo Ciudadano de política exterior (esperemos sea plural). Anaya propone otras cosas que son muy atinadas. La que más me agrada es la de destinar mayores recursos al trabajo de embajadas y consulados, y en específico a la protección consular. Él reconoce que México le queda a deber a Centroamérica y que es necesario mejorar, tanto la cooperación para el desarrollo de los lugares expulsores de migrantes, como la garantía de sus derechos humanos al momento de su paso por México; quiere promover los lazos de cooperación entre gobiernos subnacionales, algo necesario; propone mejorar nuestra relación con China y el Pacífico mediante la inversión y cooperación económica, y quiere redefinir la estrategia de seguridad con Estados Unidos, presionando para que ese país reconozca su responsabilidad fronteriza en el tema de contrabando de armas. Pero las propuestas de Anaya presentan también algunas incongruencias: quiere incluir en los objetivos de la política exterior la defensa y promoción de los principios democráticos y los derechos humanos en el mundo. Suena bonito, pero es contradictorio con lo que comunica a nivel nacional. El matrimonio igualitario es estandarte de todas y cada una de las naciones que hoy por hoy son un referente en derechos humanos. México ya es parte del grupo de la ONU que discute sobre esto. Con Anaya como presidente, francamente no me imagino cómo sería un escenario en donde México esté sentado en la mesa de diálogo y quien nos representante se tenga que echar un cantinfleo de “en México una pareja del mismo sexo puede casarse en Nayarit, pero no en Yucatán, a menos que sea con un costoso y discriminatorio amparo, nuestras embajadas no pueden casar a dos personas del mismo sexo, y nuestro Presidente no está en contra ni a favor sino todo lo contrario, pues apoya las sentencias de nuestra Suprema Corte”.

Otra propuesta que me agrada hasta ahora es la de Andrés Manuel López Obrador, quien en su “Proyecto 18” destaca también al multilateralismo y a la migración como centros de mesa. En cuanto a este último punto, me agrada que la visión del candidato de Morena sea implementar una estrategia desde la causa del fenómeno y no en las consecuencias: propone un desarrollo integral de las comunidades originadoras de la migración. Solo me preocupa que no considere que en algunas localidades la migración es cultural, y no solo económica, y que el fenómeno de desplazamiento por fenómenos naturales también es una realidad en México. Además, López Obrador sugiere acertadamente la implementación de una perspectiva de género en las políticas migratorias. Sí, también propone implementar un diálogo con Canadá y EE. UU. para la creación de convenios de empleo (la mente me lleva al dudoso “programa Bracero” de mediados del siglo pasado) y también propone convenios laborales para centroamericanos en México. Quizá esta propuesta sea una buena carta de negociación con Trump. Algo que me inquieta es su propuesta para transformar a los consulados en “procuradurías de defensa” de los migrantes. Parte del trabajo consular está orientado a la defensa de connacionales y hoy más que nunca es necesario incrementarla, pero un consulado es más que un despacho de abogados, y enfocar todo el esfuerzo de su personal en un solo tema debilitaría otras áreas estratégicas. En ese país “toda la política es local”. Lo que más me gusta de su propuesta, por muy ambiciosa que sea, es que señala la necesidad de que México mejore internamente para proyectar un mejor mensaje al exterior: “coherencia entre política interna y externa”. Se trata de una estrategia paralela, no de vender una imagen que realmente no corresponde con nuestra realidad, como pasó durante la gestión de José Antonio Meade. Andrés Manuel hace propia la Agenda 2030 de la ONU y la vuelve el eje de su política exterior, y también propone que ésta sea de Estado, que vaya de la mano de los otros poderes de la Unión y de la sociedad civil. Reconoce la importancia del TLCAN, pero también señala, acertadamente, la exclusión de las pequeñas y medianas empresas, y exige también el reconocimiento de la responsabilidad de EE. UU. para el contrabando de armas fronterizo. Es el candidato que hasta ahora da una mejor evaluación de las regiones en comparación con el resto. Sin embargo, también presenta propuestas generales y unas preocupantes: cooperación educativa y científica con Rusia, ¿relaciones agrícolas con el Medio Oriente?, de África no propone nada nuevo, de las economías emergentes solo propone “diálogo y comprender más sus áreas geográficas”, quiere que los mecanismos de cooperación de México con la ONU estén alineados a la AMEXCID, propone ocupar la silla de Perú en el Consejo de Seguridad en 2020, pero nada dice de la reforma necesaria al esclerótico sistema de la ONU, y asegura que no debe continuarse con nombramientos de políticos “en desgracia o amigos” como embajadores y cónsules. Me gustaría conocer su definición de “político en desgracia” y cómo comprobaría que él o su canciller no tienen vínculos amistosos con sus nombramientos.

En general, es gratificante que entre los candidatos hay un consenso en aumentar la capacidad de defensa de los connacionales en Estados Unidos, en nuestra responsabilidad de garantizar los derechos humanos de centroamericanos que pasan por nuestro territorio, en la relevancia del TLCAN, en la diversificación comercial en la medida de lo posible, en el combate al crimen transnacional, en presionar a EE. UU. para que cambie su estrategia de seguridad, en que debemos acercarnos más a América Latina y en que el multilateralismo sigue siendo el máximo estandarte de la diplomacia mexicana.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Juan Ernesto Trejo

Internacionalista por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) con estudios de Redes Sociales y Marketing de Contenidos en la Universidad Iberoamericana. Es asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. Previamente, fue asesor legislativo en el Senado de la República, productor editorial de Foreign Affairs Latinoamérica y asistente de investigación en el Departamento de Estudios Internacionales del ITAM.

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