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La prisa de ser dos

Por: Carlos Castillo



Como si se tratara de un parteaguas en la campaña presidencial, el debate del pasado domingo 22 de abril ha llevado a que no pocos comentaristas, así como los equipos de los tres candidatos con mayor ventaja en las encuestas, se apresuren a un diagnóstico que ya unas semanas antes empezaba a repetirse en distintos medios: “es una contienda de dos”.

Algo de cierto hay en esa aseveración, aunque es prematuro aventurar quiénes serán los que lleguen al 1 de julio como primer, segundo y tercer lugares; faltan poco más de dos meses de una campaña –así como dos debates más– que presenta rasgos inéditos y ante la que todo vaticinio puede cambiar en unos pocos días.

Foto: informador.mx
Foto: informador.mx

La prisa por reducir a dos las opciones que tiene electorado es pues una primera alternativa para que sea menor la incertidumbre y esa dispersión de electores se concentre en opciones definidas de antemano.

Es asimismo, en la estrategia de campañas, hacerse del triunfo en el “posdebate” (es decir, en la opinión pública), quizá más importante que ganar el debate mismo.

Se han realizado, en ese sentido, llamados a que, en aras de hacer frente a Andrés Manuel López Obrador, todos los contendientes declinen en favor de quien hoy aparece como segundo lugar en la mayor parte de las encuestas, Ricardo Anaya.

Como si esas encuestas no fueran instantáneas de un momento, como si expresaran el retrato fiel e inamovible del grueso de la población –y no una muestra que intenta, solo intenta, ser representativa– y, además, funcionaran como veredictos irreversibles sobre lo que ocurrirá los próximos casi sesenta días.

La invitación a dejar la propia candidatura para respaldar una tercera opción sería lo que, de manera institucional, ocurriría de existir la segunda vuelta electoral en nuestro país.

Al no haber tal, el llamado que hace la alianza que encabeza Acción Nacional resulta en este momento no solo prematuro sino, sobre todo, una apuesta que busca cancelar la participación, ceder el derecho ganado a contender y empujar al “voto útil” como si, de manera automática, todos los simpatizantes de una u otra opción política o independiente fuesen a optar por aquello que decide a quien eligieron apoyar.

Además, presupone que en ese “voto útil” la mayor parte volteará a ver al segundo lugar y no optará por respaldar al primero o anular su voto, o simplemente negarse a asistir a la casilla el día de la elección.

Esto es, en resumen, apostar por una suerte de corporativismo en el que se sigue al líder de manera ciega y acrítica, en el que el tener el respaldo de un candidato asegura por extensión tener el de sus seguidores.

El votante, así, se asume como fiel e incondicional, capaz de aceptar el veredicto de su candidato y seguirlo en todo aquello que ordene.

Y esa condición de sumisión y lealtad ciega es, precisamente, la que se busca evitar cuando se propone hacer frente a un modelo de gobierno y una práctica política como los que propone López Obrador.

Esa condición de obediencia es, también, la que se critica entre los seguidores del propio candidato de Morena; y esa tendencia a dividir el mundo entre quienes están conmigo o quienes están contra mi resulta, en resumidas cuentas, a la que se busca contraponer una oferta que debería basarse en la libertad, la crítica y la ponderación de alternativas.

El pragmatismo del “voto útil” tiene, pues, sus límites, y si bien la estrategia de imponer una candidatura pudo funcionar por arreglos cupulares entre los tres integrantes de Por México al frente, es un tanto iluso pensar que podrá extenderse hacia las dos candidaturas independientes y la que encabeza José Antonio Meade.

Máxime cuando, tras la salida de Silvano Aureoles, gobernador de Michoacán, del propio frente, ha quedado demostrado que presenta aún grietas que demuestran fragilidad e inestabilidad.

Apelar a la generosidad exige de una actitud generosa previa.

Llamar a la unidad requiere haber realizado antes el tejido fino que hace posibles los acuerdos y la búsqueda de objetivos comunes.

Convocar en torno a un beneficio mayor puede hacerse cuando uno mismo supo poner lo personal en un segundo plano para privilegiar la construcción común de ese bien común.

Anteponer la urgencia, el miedo o el riesgo será el camino con el que se buscará relegar estas tres condiciones que se encuentran lejos, muy lejos de la prisa.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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