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La última fotografía

Por: Don Porfirio Díaz



Han resurgido, en redes sociales, imágenes bastante macabras sobre una costumbre real del siglo XIX: fotografiar a los muertos.

A nuestros estándares actuales, podría ser morboso que toda la familia se reúna en la sala de la casa o en un estudio fotográfico, para tomarse la última fotografía con el difunto, el cual estaba bien vestido con ropas finas, peinado a la usanza de la época (en algunas ocasiones se utilizaban pelucas con rulos bien formado, o máscaras de cera sobre el rostro); pues en muchas ocasiones debía aparentar que aún estaba vivo, en otros sólo parecía dormido.

Así era este fenómeno conocido como la fotografía de los muertos o fotografía memento mori, que también llegó a México.

Foto: avatars.mds.yandex.net
Foto: avatars.mds.yandex.net

¡Cómo iba a ser de otra forma! México, durante el siglo XIX, estuvo plagado de muertes, sobre todo de niños. Don Benito Juárez y yo, perdimos a varios hijos, algunos a pocos días de nacer. No les tomamos fotografías, pero otros sí lo hicieron, pues también había que capitalizar ese invento relativamente moderno llamado fotografía. Claro, entonces, una fotografía requería que las personas estuvieran quietas durante tiempos muy largos, y las fotografías de los muertos logran un efecto raro: los vivos, salen movidos, y los muertos muy bien definidos. Eso estaba bien. Era, después de todo, un recuerdo para toda la vida.

Esta costumbre, originada en Francia, y explotada en la Inglaterra victoriana, finalmente llegó a México, y se quedaría por muchos años, los fotógrafos se anunciaban en los periódicos, y acudían a las casas (de quien pudiera pagarlo) para realizar tal acción. Hay que mencionar que en otras ocasiones, el muerto podía estar sólo en la fotografía, tal es el caso de la fotografía de los muertos que le tomaron a Maximiliano de Habsburgo, y a Tomás Mejía después del Cerro de las Campanas. Están bien vestidos.

En estas prácticas destacaron Juan de Dios Machain en Jalisco, Romualdo García en Guanajuato, y los hermanos Casasola en la Ciudad de México.

Quizás las más populares fueron de niños, retratados en lo que hoy se llama fotografías de angelitos, y en las que aparecían vestidos de blanco y rodeados de flores. Algunas veces descansando en su cama, otra veces en el patio de su casa, como si estuvieran ahí parado, pero en realidad estaban detenidos por cajas o palos; las niñas podían retratarse sentadas en alguna silla, rodeadas de sus muñecas favoritas; en otros casos en compañía de todos sus hermanos.

Foto: lostateminor.com
Foto: lostateminor.com

Este fenómeno cotidiano, continuó hasta que entradas las nuevas leyes de sanidad, durante el Porfiriato, sumado a avances en medicina, las críticas de los sacerdotes católico, y un nuevo enfoque a la muerte, hicieron que este tipo de fotografías cayera en desuso, y quedara sólo como una curiosidad morbosa del siglo XIX, junto a los que decían que podían capturar el alma de los muertos a través de la fotografía, y de los hombres que presumían de contactar a los espíritus (como en el caso de cierto presidente chaparrito que murió asesinado atrás de Lecumberri, una fría noche de febrero de 1913).

La modernidad del siglo XX no permitiría tales tonterías y supersticiones respecto a la muerte.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Don Porfirio Díaz

@DonPorfirioDiaz es el alter ego de Pedro J. Fernández, autor de dos novelas históricas “Los Pecados de la Familia Montejo” y “La Última Sombra del Imperio”. Fue dialoguista de la teleserie “El Sexo Débil” y ha colaborado con varios medios nacionales con artículos históricos.

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