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La vida como experiencia y no como vida

Por: Emma Rubio



Hoy me tientan las palabras. Pensando sobre qué sería bueno escribir dado que ya se acerca el fin de año para quienes se rigen por el calendario gregoriano pues consideraba que quizá valdría la pena hablar sobre ello, sobre cómo se convierte en una suma de simbolismos que se van perdiendo con el pasar de los días y terminan siendo meros pretextos para hacer lo mismo de cada año. Entonces recuerdo a Walter Benjamin y su concepto de experiencia, y decidí mejor hablar de él, de ese bello texto que nombró Experiencia y Pobreza escrito en 1933.

El gran filósofo judío nos explica que la experiencia no es como un acontecimiento puntual “aquí y ahora”, sino más bien como un camino de momentos unificados. 

Es el sentido que se le da a cada acción y momento que nos da dicha unidad. Bastará citar un ejemplo: En una ciudad, no basta ver las calles y avenidas, edificios y monumentos como meros puntos en un mapa. El espacio es el lugar del recuerdo, en donde se da la posibilidad del encuentro entre pasado y presente. Es el lugar de la evocación y también el lugar de la comunicación. Por eso son tan importantes los nombres de los lugares ya que indican la comprensión de un concepto. Estar en un sitio no significa el mero conocimiento de él sino la experiencia que te genera el haber estado ahí, no el sólo estar sino el habitar y lo que trasmitirás de tu vivencia en él. Y bien decía el filósofo, la pobreza ha acontecido en el momento de que nos hemos vuelto incapaces de expresar una experiencia pues ésta se da en la narración; se revela de modo intersubjetivo. La facultad del intercambio es la que nos está abandonando dejándonos en la indigencia absoluta de experiencia.

Foto: newstatesman.com
Foto: newstatesman.com

Últimamente he dialogado con algunas personas a quien no había visto hace mucho tiempo o incluso ni los he visto pero que a través de las redes nos comunicamos después de mucho tiempo y me ha sido tan claro el discurso de estos seres. Un discurso excelente, muy elaborado, tan permeado de ese contexto cultural que les ha otorgado un sentido pero no significación, aquello que Benjamin nombraría como “Constelaciones de significado” (1933) esos trazos imaginarios entre estrellas en donde cabe la ambigüedad y por lo tanto de la experiencia misma, es decir, no hay una forma única de describir un fenómeno sin embargo esto parece escandalizar a algunas mentes que se niegan a ver más posibilidades en su haber y no transmiten, se abocan a la repetición de meros clichés y deberes sociales.

Lo que es importante es que los rasgos culturales, que siempre son transmitidos, son quienes nos permiten elaborar estas constelaciones. La forma de nombrar las cosas no será fortuita, sino que estará íntimamente ligada con la forma en que entendamos el fenómeno. Aquí la cuestión es cómo estamos entendiendo el fenómeno para poder nombrarlo y apropiarnos de él.

El vacío se encuentra en que no lo nombran, sólo lo asumen no teniendo por ende, una experiencia. La experiencia dice Benjamin que solamente es trasmitida por la cultura y la educación pero si ésta es de lo más cerrada y te impone una especie de expectativas y un sistema de creencias que a su vez te hace aterrorizarte ante todo aquello que se salga del guión pues entonces eres tan pobre como lo describe el pensador de la escuela de Frankfurt puesto que la pobreza no la entiende como la carencia de bienes sino como la imposibilidad de reconocerse en el espacio “han creado espacios en los que es muy difícil dejar huellas.” (1933) vivir en ese sentido se ha convertido en un juego social de indiferencias, de banalidades compartidas y competidas en donde el ser se diluye entre cada recoveco de ambición y egoísmo. Un temor exaherbado por la soledad concibiéndola de manera tan errónea pero con una mera ilusión de que tienen un hogar cuando no han sido capaces de generárselo por sí mismos, la morada está en nosotros mismos. Nos hemos condenado a una vida sin sentido por dejarnos permear por una estructura social y mental que nos ha hecho esperar todas la respuestas en el exterior, todas la razones para vivir en lo externo. Vaya humanidad tan lejana de si misma la que hemos formado y conformando.

Este fin de año ya déjese de propósitos vanos y mejor ya haga de su existencia una suma de grandes experiencias desde la concepción de Walter Benjamin.

Hoy le invito a ponerse frente a su propia existencia y si de sí surge el “debo” déjeme darle mi más sentido pésame por su propia muerte en vida, pero si usted se decide por la palabra “elijo” entonces siéntase como si fuese el primer ser humano, lo que vea, sienta, ame o pierda; será completamente nuevo. No se le ocurra escribir poemas menos de amor, rechace toda forma habitual y corriente, se requerirá de mucha fuerza para prescindir de ellas pero sobre todo, de gran madurez pues no es fácil dar algo propio donde ya abundan excelentes propuestas. Por tanto, sea humilde y vaya por sus propios motivos, esos que le ofrece su propia existencia. Sea consciente y ame sus tristezas, sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algún tipo de belleza, descríbase a usted mismo todo eso con una íntima, callada y humilde sinceridad.

Si su vida cotidiana le parece aún pobre, no le eche la culpa a ella; acúsese así mismo pues para ser creador se requiere convocar la riqueza y ésta sólo deviene de la verdadera experiencia. Le recomiendo pasar una temporada en los libros, aprenda de ellos, lo que considere digno de ser aprendido, sea selectivo para ello; pero ante todo, ámelos. Este amor le será recompensado miles y miles de veces, sea cual sea el rumbo de su vida, cruzará siempre, la urdimbre de su existencia como uno de los más importantes hilos de sus experiencias. Y ahora, mejor comience el año de un modo completamente diferente y aprenda a estar consigo mismo.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Emma Rubio

Nacida en la CDMX pero hace años que no la habita. Filósofa de formación con especialidad en Hermenéutica. Maestría en Educación especializada en Teoría crítica. Es amante de la música clásica y del heavy metal así como gran admiradora del arte en general. Lleva más de 14 años impartiendo diversos cursos y tratando de transformar vidas comenzando con la propia. Su trabajo más trascendente ha sido: Existir.

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