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La violencia invisible llamada ‘micromachismo’

Por Emma Rubio


Hace tiempo salí a beber algo con un amigo, él pidió un agua mineral y yo un mezcal, el mesero que nos llevó los tragos, sin preguntar le dio el mezcal a mi amigo y a mí, me colocó enfrente el agua mineral. Cualquiera diría “vaya tan sólo cámbialo y listo, no pasa nada” ¿no pasa nada? ¿En serio? Ok…

La vida sigue ¿cierto? Entonces leo las noticias y me entero que otra mujer más fue violada y que antes de preguntarle ¿cómo se siente? Le preguntan ¿Qué hacías tan tarde sola? ¿Cómo ibas vestida? ¿pues tú qué le dijiste al tipo? Porque sin duda alguna fue ella la culpable de lo que le aconteció. Sí, algunos dirán que mi ejemplo del mezcal con la violación no tiene comparación y en efecto, no la hay, lo que si hay es el indicio de lo que conlleva a actos tan violentos como la violación. Violencia-violación misma raíz lingüística así como la misma raíz tiene el pensar que una mujer no bebe mezcal. Si bien, la confusión del mesero no es violencia en sí,  si es un pensamiento que estereotipa a la mujer como el sexo débil y eso si es violencia, estos son los micromachismos.

Fuente: zerlab.com
Fuente: zerlab.com

¿Qué es eso? El término lo acuñó el psicoterapeuta español Luis Bonino Méndez en 1991 para dar nombre a prácticas que otros especialistas llaman “pequeñas tiranías”, “terrorismo íntimo” o “violencia blanda”. El sociólogo Pierre Bourdieu había hablado de “violencia suave”, intimamamente relacionada con lo que él definía como “neomachismo” esto es un machismo más sutil en una sociedad que lo tolera menos.

Son acciones que han colocado a la mujer en una posición inferior al hombre en ámbitos sociales, económicos, jurídicos y familiares. Las que consideran que el hombre y la mujer nacen con objetivos y ambiciones diferentes en la vida. Sin embargo, pese las reivindicaciones históricas desde los años setenta y el creciente trabajo respecto a la conciencia sobre el machismo en todos los ámbitos culturales y políticos en los últimos años, hay pequeños restos que muchos y muchas siguen teniendo interiorizados. Son secuelas de nuestra educación y de los productos culturales que nos han formado como personas que hacen que, aunque critiquemos y denunciemos el machismo, podamos caer en algunas de sus trampas sin darnos cuenta. Así que te invito a analizar algunos de estos puntos y si consideras en lo más honesto de tu ser que los replicas entonces es tiempo de replantearte tu comportamiento:

  • He considerado necesario explicar algo a una mujer, sin que ella lo pidiera porque asumí que por ser mujer no sabría.
  • He juzgado a una mujer por salir de noche y encargar a sus hijos y cuando un hombre lo hace ni me cuestiono su efectiva paternidad
  • He dicho a un amigo que cuida de sus hijos que se ha quedado de niñera.
  • He supuesto o preguntado a una mujer si esta en su periodo menstrual por notarla irascible o desganada.
  • Doy por hecho que la mujer es quien debe otorgarme el placer sexual si soy hombre.
  • Supongo que si una mujer prefiere sexualmente a otras mujeres debe parecer hombre.
  • Considero que “ayudoen las labores del hogar asumiendo que el trabajo es de la mujer.
  • Asumo la heterosexualidad de los hombres y mujeres continuamente.
  • En las reuniones que asisto reproduzco la división entre hombres y mujeres.
  • Pienso que ir de compras es cosa de mujeres.
  • Si conozco a mujeres mayores de 35 años solteras les pregunto si no tendrán hijos y si conozco a hombres mayores de 35 años solteros les aplaudo su libertad.
  • Considero que si invito a una mujer a cenar debo pagar asumiendo que así lo espera ella.
  • He descrito a una mujer como “poco femenina”.
  • He usado la palabra “provocador” para describir el atuendo de una mujer.
  • He comentado que esas formas de expresarse no son propias para “una señorita”.
  • Me parece normal que en los medios de comunicación los hombres no deban ser guapos pero las mujeres sí.
  • Me he expresado de una mujer como que es fuerte suponiendo que la fortaleza es propia del sexo masculino.
  • Cuando nace un niño lo aplaudo y cuando nace una niña la compadezco y expreso que sufrirá por ser mujer.
  • Dejo que mis hijos  salgan con amigos pero a mis hijas las limito por el hecho de ser mujeres.
  • Considero que el feminismo es cosa de mujeres “machorras” e incluso lesbianas
  • Tengo un negocio y he colocado el cambiador de niños en el baño de mujeres suponiendo que sólo ellas tienen esa responsabilidad.
  • Cuando acudo a una cena en casa de conocidos asumo que la cena fue preparada por la mujer y no por el hombre.
  • Cuando intento ser amable con una mujer le digo “guapa” aunque no la conozca.
  • Me he quedado callado ante el comentario o acto machista de algún compañero.
  • Alguna vez en alguna reunión me he expresado de una mujer como “feminazi” por ser una mujer que busca igualdad.
  • Considero que ser feminista es propio de mujeres y no de hombres.
  • Asumo que las mujeres son quienes deben conjugar su vida familiar con la profesional.
  • He regalado cosas de color rosa a una niña solo porque es niña y sin consultar a sus padres.
  • Hago favores a las mujeres que considero “guapas” y a las que no, no.
  • Cuando hablo de políticos hago referencia al físico de las mujeres, cuando el de los  hombres no es relevante en mi tema de conversación.

Estos son tan sólo algunos ejemplos de lo que replicamos diariamente y que esta normalización es la que nos ha llevado a que hoy en día vivamos una de las crisis más fuertes en cuestión de violencia de género.

Hay más conciencia y más información, sin embargo el discurso de odio ha incrementado y las muertes se suman día con día. Tanto hombres como mujeres hacemos de los ‘micromachismos’ nuestro modo de ser. Ya es tiempo de dejar de hablar de equidad, ya es tiempo de vivir en equidad. Si eres padre, madre y maestrx es indispensable no permitir la reproducción de estos, pues puede no sernos muy inofensivo que un mesero me ponga a mi el agua en lugar del mezcal pero justo la suma de todos estos comportamientos, son los que han hecho creer que si una mujer es violada o asesinada es culpa de ella.

En una ocasión un amigo mío estaba enfadado por como me había observado de modo lascivo otro compañero. Sin embargo, cuando le pregunté por qué no le había hecho la observación sobre el respeto que debe tener a las mujeres tan sólo respondió “no se me ocurrió” esta pasividad también termina siendo violencia. Es por ello que ya no podemos seguir replicando modelos de educación tan violentos y dañinos para toda la sociedad. Así que si te has identificado en algunos de esos puntos, te invito a cambiar tu modo de comprender el mundo y promueve la equidad, pues es la que nos conducirá a una vida de paz y bienestar.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Emma Rubio

Nacida en la CDMX pero hace años que no la habita. Filósofa de formación con especialidad en Hermenéutica. Maestría en Educación especializada en Teoría crítica. Es amante de la música clásica y del heavy metal así como gran admiradora del arte en general. Lleva más de 14 años impartiendo diversos cursos y tratando de transformar vidas comenzando con la propia. Su trabajo más trascendente ha sido: Existir.

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