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La violencia también vota

Por: Iñaki Berenzon



Diecinueve. Ese es el número de políticos locales que, según el The New York Times, han sido asesinados en México desde que inició el proceso electoral federal. Se trata de alcaldes, exalcaldes o precandidatos a presidente municipal que fueron víctimas de la brutal ola de violencia que desde hace más de diez años padece nuestro país.

La situación es sumamente preocupante. En los últimos meses, la violencia a lo largo y ancho de México se ha incrementado a niveles jamás vistos. Incluso, la propia Secretaría de Gobernación, a principios de enero, aceptó que 2017 fue el año más violento en dos décadas, pues se registraron más de 25 mil homicidios dolosos, lo que representó un aumento de 23% con respecto a 2016.

Foto: Cultura Colectiva
Foto: Cultura Colectiva

Es evidente: el crimen organizado buscará influir en las elecciones de 2018. Lo han hecho en el pasado y lo volverán a hacer. Los cárteles, nos explica Aldo F. Ponce, investigador del CIDE, pueden obtener múltiples beneficios si logran que un candidato de su preferencia gane las elecciones. Los narcotraficantes buscan posicionar, sobre todo a nivel local, autoridades a modo que les permitan transportar y comercializar droga sin grandes obstáculos.

Para sobrevivir, el narco debe permear las instituciones del Estado mexicano. Así, apoyan con recursos económicos las campañas políticas y, al mismo tiempo, demuestran, mediante el uso de la violencia, su inmenso poder bélico. Durante las elecciones, como han demostrado diversos trabajos periodísticos y académicos, las células delictivas amedrentan, amenazan, torturan o asesinan, cotidianamente, a candidatos y gobernantes. Las investigaciones que se han hecho revelan que la violencia asociada al crimen organizado aumenta cuando hay elecciones.

Asesinar a un presidente municipal o candidato no es asunto menor. Se trata de personajes que, sin duda, gozan de reconocimiento público, por lo menos dentro del municipio donde gobiernan o pretenden hacerlo. Por ello, como es lógico, el homicidio de figuras públicas suele provocar sentimientos de profundo miedo entre los electores. Si los narcotraficantes asesinan sin mayor reparo a presidentes municipales o candidatos a puestos de elección popular ¿por qué se detendrían con los ciudadanos? ¿Qué pueden esperar los habitantes de un municipio cuando encuentran, envuelto en una manta, en un terreno baldío, a la máxima autoridad política de su localidad?

Foto: El País
Foto: El País

La investigadora Sandra Ley, también del CIDE, ha advertido en días recientes que los altos índices de violencia pueden desincentivar la participación de los ciudadanos en el proceso electoral. Se ha comprobado que altos niveles de violencia reducen, significativamente, el número de personas que acuden a las urnas el día de la elección. Además, también se ha mostrado que en localidades sumamente violentas los ciudadanos suelen rechazar en mayor medida las invitaciones del Instituto Nacional Electoral para participar en el proceso como funcionarios de casilla.

Si las autoridades encargadas de la seguridad a nivel federal, estatal y municipal no son capaces de contener en los próximos meses este escenario de inmensa violencia política, me temo que el miedo será, sin duda, un sentimiento que imperará en la mente tanto de candidatos cuanto de electores. La democracia carece de sentido cuando ésta es amenazada e infiltrada por grupos delincuenciales.

En un mundo ideal, sería muy positivo que todos los mexicanos mayores de 18 años, sin excepción, asistieran a las urnas el 1 de julio. Pero ¿cómo le pedimos a la gente que vaya a votar cuando, literalmente, esa acción significa poner en riesgo la vida propia? ¿Pondría usted en juego, amable lector, su integridad o la de su familia para votar por AMLO, Anaya o Meade?

2018 será un año histórico para el país en muchos sentidos. Estos comicios pasarán a la historia como los más grandes que ha tenido México en sus ya casi 200 años de vida independiente. Se elegirán, en total, 3, 416 cargos y podrán votar alrededor de 90 millones de personas. Nunca hemos tenido elecciones tan grandes y, por ese simple hecho, estos comicios ya son históricos.

Foto: Noticieros Televisa
Foto: Noticieros Televisa

Lamentablemente, de mantenerse esta incontrolable ola de brutalidad, las votaciones de 2018 tendrán otra cita con la memorabilia mexicana, pues pasarán a convertirse, sin duda, en las elecciones más violencias de la historia. Nada más. Nada menos.

Las ÍES de Iñaki

  • Justamente, en torno a la violencia electoral, el dirigente nacional del PRI, Enrique Ochoa, indicó, en entrevista radiofónica con Joaquín López-Dóriga, que los ataques contra candidatos o gobernantes habían aumentado en las últimas semanas desde que López Obrador planteó una posible amnistía a criminales. La acusación de Ochoa Reza es grave. Si tiene pruebas que las presente. Y si no, que se retracte.
  • Ridícula. Esa es la palabra que describe, con precisión, la elección interna que realizó el PAN para elegir a su candidato presidencial. Los militantes panistas tuvieron muchas complicaciones a la hora de elegir su voto pues, internamente, se debatían entre si Ricardo Anaya era una mejor opción que Ricardo Anaya. La contienda estuvo cerrada. Algunos, al llegar a la casilla de votación, decían que votarían por Anaya. Otros lo hicieron por Ricardo. Al final, sorprendentemente, ganó Ricardo Anaya ¡Quién lo iba a pensar!
  • ¡Vamos a quemar ese helicóptero! Decían habitantes de Jamiltepec desconsolados tras la caída de la aeronave en la que viajaban el Secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida y el gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat y que ocasionó la muerte de 14 personas. Es una tragedia. Y debe haber sanciones para los responsables YA.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Iñaki Berenzon

Chilango orgulloso. Amante de la cerveza oscura. Estudiante de Política y Administración Pública en El Colegio de México. Su mayor pasión: la política. Lo segundo más importante: el fútbol. Interesado en temas de gobierno abierto, violencia y democracia en México. Ha colaborado como asesor en comunicación política en diversas instituciones públicas y privadas a nivel federal y local. Prefiere convivir con locos y tiene miedo de las oficinas. Para escribir, como Óscar Wilde, cree que sólo hay dos reglas: tener algo que decir y decirlo.

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