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La vuelta a África

Por Nahayeilli B. Juárez Huet


Quizás aquel lugar señalado como: El pozo de la atenuación del espíritu de los esclavos (Original Spot. Slaves Spirit Attenuation Well) sea el que más recuerdo de mi visita a Badragy, sobre la costa nigeriana del Golfo de Benin, muy cerca de la frontera con el antiguo Dahomey.  Badagry es punto obligado para aquellos que deseen conocer un poco de la historia del comercio trasatlántico de esclavos, un pasaje muy significativo en la historia de humanidad por su dimensión y complejidad, si tan solo pensamos que duró casi cuatro siglos (XVI-XIX) durante los cuales se traficaron aproximadamente 12 millones de personas hacia América, con destino a plantaciones, minas y casas particulares. De los barracones que servían como celdas en Badagry, los esclavos, (secuestrados, prisioneros de guerra…)  eran cruzados por una laguna hacia la Isla Gberefu conocida como el  “Punto Sin Retorno” (Point of No Return) en donde serían embarcados contra su voluntad para emprender “el viaje a destino desconocido”, como se lee en otro de los letreros emblemáticos de este punto que hoy forma parte de las atracciones turísticas más importantes en Nigeria.

Punto Sin Retorno. Badragry, Nigeria. Foto: Nahayeilli Juárez Huet, octubre, 2012.
Punto Sin Retorno. Badragry, Nigeria. Foto: Nahayeilli Juárez Huet, octubre, 2012.

Las ilustraciones y documentos históricos sobre la crueldad de este comercio y sus consecuencias hacen casi imposible no conmoverse cuando uno pisa este lugar, y más precisamente este punto, en el pozo de agua (“Original Spot. Slaves Spirit Attenuation Well). Mi acompañante, oriundo del lugar, al detenernos frente al mismo me indicó que “justo aquí”,  a los esclavos se les daba a beber agua “para que perdieran la memoria, para que no recordaran de dónde venían, para que no pudieran volver…”, es decir que el sentido de “attenuation” implicaba la intención de atrofiar, disminuir, atenuar el espíritu de la persona en un sentido amplio: su rebeldía, su memoria, su historia. 

Pozo de atenuación. Badagry, Nigeria. Foto: Nahayeilli, B. Juárez Huet, octubre 2012
Pozo de atenuación. Badagry, Nigeria. Foto: Nahayeilli, B. Juárez Huet, octubre 2012

Un mar imponente se desvela después de este punto y de caminar aproximadamente 20 minutos, también mucha basura plástica que hoy cubre parte de su arena rojiza y una escultura que marca simbólicamente el paso hacia este mar frío, extenso y voraz. Paradójicamente, y a pesar del ritual de partida de los esclavos, Badragry es un lugar de memoria en todo el circuito trasatlántico. Durante el siglo XIX, periodo en el cual el comercio de esclavos fue más intenso, por su ubicación estratégica permaneció como un punto de comercio de esclavos importante, a pesar de estar en medio de las guerras entre el imperio de Oyo y de Dahomey. El primero colapsó a manos del segundo a finales del siglo XVIII y principios del XIX, siendo sus ciudades más importantes los puntos de abastecimiento de esclavos para el imperio de Dahomey (Danxome).

Salida al mar en el Punto Sin Retorno. Badagry, Nigeria. Foto: Nahayeilli Juárez Huet, octubre, 2012.
Salida al mar en el Punto Sin Retorno. Badagry, Nigeria.
Foto: Nahayeilli Juárez Huet, octubre, 2012.

Muy cerca del famoso Punto Sin Retorno se encuentra la Barraca Brasileña de 40 celdas para esclavos de Seriki Faremi William Abass. Una construcción modesta que funge como museo con reliquias, fotos y otros objetos que dan cuenta de cómo un hombre, capturado y vendido como esclavo para Brasil, retorna años después (1830) para fungir como representante y socio esclavista de quien fuera su dueño (master). El regreso de Sereki Faremi, revela apenas una parte de toda la historia de este comercio y circulación trasatlántica de personas del siglo XIX, que no ha sido lo suficientemente enfatizada ni en la historiografía ni en la antropología mexicana o latinoamericana. Por lo común, cuando se nos habla de la historia de esta esclavitud se privilegia el flujo de personas de África hacia América. Pocas veces se hace referencia a la historia del retorno de los esclavos libertos hacia África, a excepción quizá de Estados Unidos y Brasil. En este último país la historia de enlaces trasatlánticos tiene figuras emblemáticas, como Pierre Verger que en sus vaivenes entre Bahía y África Occidental dejó una producción documental y visual riquísima, en la cual él mismo se transformó en un vector de esta comunicación.

La antropóloga brasileña Manuela Carneiro siguió estas pistas y en su clásico libro Negros extranjeros. Los esclavos libertos y su retorno a África (Negros, estrangeiros. Os esclavos libertos e sua volta à África), nos narra con magistral detalle cómo a partir de la década de los treinta del siglo XIX los esclavos libertos de Brasil, comenzaron a asentarse en la llamada costa de los esclavos en África occidental en donde las actividades comerciales ofrecían mayores oportunidades para vivir.  Una gran mayoría provenía de la región que hoy es conocida como yoruba. Algunos habían sido nacidos en Brasil, otros, habían sido parte de la “mercancía” de los navíos negreros recapturados en las costas brasileñas luego de la abolición de la esclavitud y los tratados firmados entre Inglaterra, España y Portugal. Pero no todos corrieron con la misma suerte, regresar hacia las ciudades de origen del interior implicaba riesgo de muerte y de ser recapturado como esclavo, tal como lo atestiguan los casos recuperados por ésta y otros investigadores sobre el tema.

Carneiro nos adentra en la vida de estos retornados en Lagos, que a partir de 1851, cuando esta capital pasó a estar bajo el yugo inglés, se volvió en un puerto seguro para los libertos. Algunos de ellos incursionarían con éxito en el comercio de esclavos y complementariamente en el comercio del aceite de palma, el cual fue cobrando importancia en la medida en la que el comercio de esclavos iba disminuyendo.  El comercio entre Bahía y este puerto de la actual Nigeria, continuó a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y fue controlado sobre todo por los brasileños de Lagos.  Asimismo, éstos enarbolaban con orgullo su dominio en varios oficios. Destaca su papel en el ámbito de la construcción y arquitectura, así lo atestigua la mezquita central de Lagos. En general, según nos explica la autora señalada, estos brasileños, asentados en el sudeste de la ciudad mantenían “una moral austera y puritana”, ponían particular observancia en la educación y por lo regular se agrupaban en sociedades mutualistas similares a las hermandades religiosas. Su distinción social y su singularidad se fincaba en poner por delante una particularidad étnica (brasileña), el habla del portugués, la vestimenta a usanza “occidental”, con una cocina y cultos religiosos particulares vinculados al mundo católico. Tenían igualmente una afición por la vida cultural en torno al teatro, la danza y la música.

Los brasileños, sin embargo no fueron los únicos retornados. Peter Cohen, en su trabajo sobre el papel de los viajes en el nacimiento de las religiones yoruba en el Atlántico (2002), nos señala que entre 1835 y 1870, hubo una importante circulación de africanos, liberados, recapturados, re-esclavizados, deportados y retornados entre Cuba, las Antillas, Brasil, y la Bahía de Benin de África occidental. La mayor parte de los mismos era de origen yoruba. Hacia finales del siglo XIX, el autor calcula que de Brasil retornaron entre 3,000 y 8,000 personas mientras que de Cuba entre mil y dos mil.

El cubano Rodolfo Sarracino, junto con Pedro Deschamps Chapeaux y Juan Pérez de la Riva, son los únicos historiadores que se han abocado a este tema en la historiuografía de los retornados desde Cuba. En su interesantísimo libro, Los que volvieron al África (1988), Juan Sarracino documenta que los cubanos que regresaron a esta costa de África occidental, conocían por lo regular un oficio (zapateros, carpinteros, zapateros, pintores, sastres, herreros, carpinteros, albañiles, peluqueros y músicos) y habían vivido en libertad durante varios años en Cuba antes de viajar a la actual Nigeria. Todos habían acumulado fondos suficientes para emprender el viaje, lo que les permitió establecerse en Lagos con un cierto éxito. La mayoría se empeñó en mantener los lazos con Cuba por lo que en Lagos mantenían relaciones familiares y amistosas intensas, conformando una élite dentro de esta ciudad.

Otro grupo importante de retornados sobre el que nos hablan estos y otros autores son los saros, término con el cual se denominaba a aquellos cautivos africanos liberados, llevados a Freetown (Sierra Leona) y evangelizados por misioneros anglicanos, que desde 1840 retornaron a la costa del Golfo de Benin. Recordemos que Sierra Leona al igual que su país vecino Liberia, fue fundada para establecer a estos esclavos libertos, especialmente en su capital, Freetown. Sarracino por ejemplo nos narra cómo estos “emancipados” que en cierto sentido seguian cautivos, iniciaban su “civilización” con clases de inglés y sesiones misioneras. Con el tiempo se asentaban en aldeas aledañas de Freetown pero no estaban libres de control y del pago de impuestos. A algunos ya “civilizados” se les repatrió hacia otras regiones de la actual Nigeria, principalmente a las ciudades de Lagos, el puerto de Badagry y Abeokuta, en donde varios ocuparían puestos administrativos en el gobierno colonial.  

Hacia finales del s. XIX conforme la colonización británica avanzaba tierra adentro, la élite de retornados comenzó a verse afectada y desplazada por una política de privilegios hacia los británicos, situación fértil para la influencia de los movimientos de autoafirmación racial en Estados Unidos y el Caribe de las dos primeras dos décadas del siglo XX, que coadyuvaron a un activismo en Lagos que reivindicaba una “dignidad racial y cultural” africana con diversas consecuencias. Un proceso histórico que involucró viajeros, misioneros, comerciantes, fotógrafos, etnólogos, artistas, entre otros, que da cuenta clara de que los flujos trasatlánticos tenían más de una dirección.

Doctora Nahayeilli B. Juárez Huet, profesora investigadora del CIESAS, sede Peninsular y miembro de Afrodescendencias en México Investigación e Incidencia, A.C. y de la Red de Investigación Interdisciplinaria sobre Identidades, Racismo y Xenofobia en América Latina.

Acerca de Afrodescendencias en México

Colectivo interdisciplinario en ciencias sociales interesado en contribuir, a partir de la investigación y difusión del conocimiento, en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y libre de racismo; en la que se respete, reconozca e incluya la presencia pasada y presente de las poblaciones afrodescendientes en México, así como las expresiones culturales vinculadas a ellas.

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