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López Obrador: él mismo, el mismo

Por: Carlos Castillo


Nada distinto a lo de siempre aparece en el discurso, en las ideas o en las propuestas que ha presentado Andrés Manuel López Obrador en este periodo preelectoral.

Tampoco sus actitudes, su comportamiento en la esfera pública o ante sus oponentes y detractores es distinto: el mismo político de antaño, él mismo tropezando con sí mismo otra vez.

Las distintas formas de la antipolítica afloran en sus palabras para sumarse y devenir el populista que no deja de ser, el vendedor de diagnósticos simplistas y soluciones mágicas, el predicador del ejemplo y la moralidad, el que erige el “conmigo o contra mí” como único argumento, el que descalifica todo lo que no venga de su propia voz.

Constructor de un discurso de odio que elige acallar al rival, defenestrarlo o inmolarlo en la hoguera de la plaza pública, en lugar del diálogo, el acuerdo, el debate, la competencia.

Foto: animalpolitico.mx
Foto: animalpolitico.mx

Enterrador de cualquier connato de democracia interna en Morena hoy como antes en el PRD, su decisión es la única que importa, su voluntad la única que se sigue y ni siquiera hace falta que alguien lo elija como candidato. ¿Para qué optar por la libertad de decidir, para qué enfrascarse en complicaciones democráticas?

Entonces el aplaudidor acrítico es bienvenido, lo es el intelectual que de la ocurrencia del líder construye marcos teóricos y teorías científicas y hasta filosóficas, también el seguidor ciego que recurrirá a cualquier forma de violencia que haga falta para descalificar detractores.

Populista, sí, porque este modo de arribar al poder prescinde de la ideología en su pragmatismo y lo mismo le da rodearse de seguidores de la dinastía norcoreana que de defensores de la familia y el matrimonio “natural”: votos son votos e importa poco qué o a quién representen.

Bienvenidos mientras sumen, dignos de ser pateados cuando se considere que estorban: las personas, los cercanos, los aliados son instrumentos, son utilizados en tanto sirvan a la causa; en cuanto pase lo contrario se volverán objetos que pueden ser desechados.

Populista, también, porque tomará el lugar de la prensa para él mismo informar con su única y exclusiva verdad, ya que los medios o articulistas que reportan las incongruencias o los sinsentidos de sus propuestas son parte “de la mafia”, escribidores a sueldo, no un pilar de cualquier sociedad libre que hace de la crítica y de la información un valor.

Foto: huffingtonpost.com.mx
Foto: huffingtonpost.com.mx

Populista porque expresa sin tapujos su desprecio por el sistema republicano donde el Congreso es en contrapeso y las leyes la primera hoja de ruta:

“No necesitamos más leyes en México, necesitamos quien las aplique y ejecute”.

Dijo en el Wilson Center, hace unos meses, en Estados Unidos; perdón al asesino sanguinario, ofreció en Guerrero.

Populista, además, porque todo lo que hay antes de él es malo y todo lo que habrá a partir de él será la solución, aunque sus propuestas sean demagógicas y siempre diga qué pero nunca cómo (el programa de trabajo será siempre el punto más débil de un populista, por eso todo el despliegue de imagen, discurso, retórica: para llenar con fuegos de artificio lo que está vacío de sustento).

Alguna de estas características puede encontrarse en sus oponentes, en otros partidos o en otros candidatos, sin duda. El problema es cuando una sola persona las reúne todas, porque es cuando se convierte, sí, hay que repetirlo, en un peligro.

Porque sin técnica (soluciones reales), Congreso (espacio de diálogo), críticos (libertad de pensamiento y expresión), leyes (Estado de derecho) y opositores (pluralidad política) no hay democracia ni nada parecido: sólo autoritarismo.

Y eso es lo que propone López Obrador. Aunque no lo diga, aunque lo matice o lo oculte, aunque lo disfrace de diagnósticos acertados que aprovechan la ignorancia, la desigualdad y la falta de cultura cívica –grandes pendientes sin duda de nuestro sistema político­– para ilusionar, conquistar o convencer.

Eso es lo que propone y esa es su estrategia: el desmantelamiento quirúrgico de los valores, las instituciones y las prácticas que hacen posible la democracia. Como pasó en Venezuela, como puede ocurrir en cualquier democracia.

Mexican Times es un medio plural en el que convergen distintos tipos de ideologías, en ese sentido, las opiniones vertidas en la sección #Opinología son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista del medio.

Acerca de Carlos Castillo

Es Director editorial y de Cooperación Institucional en la Fundación Rafael Preciado Hernández, así como Director de la revista Bien Común. Ha publicado textos de crítica literaria, de análisis político y asuntos internacionales en las revistas Letras Libres, Nexos, Este País, Etcétera y Diálogo Político, así como en los periódicos El Universal, La Crónica de Hoy y Excélsior. Es autor de los libros Cartas a un joven político y La urgencia humanista: Alternativa para el siglo XXI.

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